Pero ?y ahora que? Ahora que la persona, o personas, habia conseguido apoderarse de lo que queria, ?la dejaria en paz? «Por favor, Dios mio, que asi sea.»

Su furia choco contra su miedo, y Allie apreto los labios con fuerza. «?Maldito seas, David!»

Habian pasado tres anos desde su muerte y todavia le complicaba la vida. Un repentino cansancio la invadio, dejandola sin fuerzas, y se le cerraron los ojos. Dios, ?cuantos dias y noches habia pasado al borde de la desesperacion? Sola, luchando contra la tentacion de darse por vencida. Seria tan sencillo abandonar su mision… dejarle ganar.

Respiro hondo y apreto los dientes. No. No se daria por vencida. Se negaba a ser de nuevo una victima. David nunca le robaria nada mas.

Robar. La culpabilidad la golpeo igual que una bofetada. Aunque habia hecho todo lo posible para mantenerlo seguro, habia perdido el anillo de lord Shelbourne. En estas circunstancias, temia reunirse con el conde y tener que decirle que, despues de todo, no tenia el anillo.

Y no solo habia desaparecido el anillo. Tambien faltaban objetos de valor pertenecientes a la familia de lord Robert, y su dormitorio estaba hecho un caos. A pesar de sus buenas intenciones, no habia duda de que no se habia comportado como una invitada modelo. Y habia llegado el momento de reparar algunos de los danos.

Exhalo largamente y se volvio hacia lord Robert. Este se hallaba con los brazos cruzados, atravesandola con la mirada.

– No se muy bien por donde empezar…

– Puede empezar explicandome por que ha mentido a Laramie -repuso el en un tono que no admitia replica-. Le dijo que no le habia pasado nada extrano, pero si no recuerdo mal, cayo por la borda unas horas antes de llegar a Londres.

Allie alzo las cejas.

– No le menti. Me pregunto si habia tenido algun otro problema desde que llegue aqui. Y no lo he tenido. Ese incidente ocurrio antes de llegar aqui.

Los ojos de lord Robert reflejaron un inconfundible enojo. Alargo las manos y la agarro de los brazos. Allie noto el calor de sus manos a traves de las mangas de sarga.

– No estoy de humor para juegos de palabras o sutilezas, senora Brown. Quiza, por algun milagro, me pueda convencer de que el rapto y el robo de hoy no estan relacionados, pero ?caerse por la borda tampoco? -Tenso los dedos un instante-. No, me temo que no tiene ninguna posibilidad de convencerme de que los tres incidentes carecen de relacion. Digame, ?ocurrio algo mas durante el viaje?

Allie trato de mantener un rostro inexpresivo, pero no lo consiguio, porque un musculo de la mandibula le tironeaba. Se dio cuenta de que no tenia ningun sentido ocultarselo y le explico que durante la travesia se habia caido por las escaleras y habia enfermado despues de una comida.

Un velo de preocupacion oscurecio la mirada de lord Robert.

– Seguro que no es capaz de creerse que todos esos sucesos no tengan ninguna relacion, ?verdad?

– No… ya no. -Entonces, en un intento de prevenir la avalancha de preguntas que veia venir, anadio-: Intentare explicarselo, pero me temo que no se mucho.

Lord Robert le solto los brazos, pero su mirada no se aparto de ella.

– Cualquier cosa que sepa sobre esos hechos ya es mas de lo que yo se. La escucho.

– Despues de la muerte de David -comenzo ella, apretandose el revuelto estomago-, encontre entre sus efectos personales un anillo con un escudo de armas. Desperto mi curiosidad, porque nunca antes lo habia visto. Un joyero en America me dijo que creia que era de origen ingles. Cuando me decidi a visitar a Elizabeth, traje el anillo conmigo, esperando descubrir algo mas sobre el. Le di un dibujo del escudo de armas al senor Fitzmoreland, el anticuario con el que hable. Esta manana he recibido una nota suya en la que me decia que el blason pertenece a la familia Shelbourne.

Se detuvo para recuperar el aliento y para calibrar la reaccion de lord Robert hasta el momento. Al parecer, empezaba a entender.

– Ese era el asunto que queria resolver en Londres.

– Si.

– Y por esa razon me pidio que le presentara a Shelbourne.

Allie asintio con un movimiento de cabeza.

– Deseaba devolverle el anillo. A mi no me sirve de nada, y pense que para el tal vez tuviera un valor sentimental.

– ?Como llego el anillo a estar entre las posesiones de su marido?

– No estoy segura. David era… coleccionista. Sin duda lo compro en alguna polvorienta tiendecilla de trastos que descubriria en alguno de sus viajes.

– Seguramente el anillo es bastante valioso. ?Planeaba simplemente devolverselo a Shelbourne? ?Por que no venderselo? -Allie alzo la barbilla con orgullo.

– No consideraba que fuera mio para poder venderlo. -Antes de que el pudiera seguir cuestionando sus motivos, Allie continuo-: Por razones que desconozco, parece ser que alguien queria ese anillo con la suficiente desesperacion como para intentar danarme y luego robarlo. Hasta ahora no conseguia imaginarme lo que alguien podia querer de mi.

– Pero ahora esta claro que querian el anillo. Y que estaban dispuestos a hacerle cualquier cosa con tal de conseguirlo. -Fruncio el ceno con evidente preocupacion-. Como los ataques comenzaron a bordo del barco, esa persona debe de haberla seguido desde America. ?Quien sabia que ese anillo estaba en su poder?

– La unica persona a la que le dije algo y a quien se lo ensene fue al joyero.

El ceno de lord Robert se hizo mas pronunciado.

– Quizas el anillo fuera mas valioso de lo que el joyero le hizo creer, y queria apoderarse de el. ?Le menciono que tenia planeado viajar?

– No. Y le aseguro que el no se hallaba a bordo del Seaward Lady.

– Podria haber pagado a alguien para que la siguiera.

Allie reflexiono sobre eso durante unos instantes, luego hizo un gesto de asentimiento.

– Supongo que es posible. Pero ahora que quien sea que queria el anillo ya lo tiene, estoy segura de que no me molestaran mas.

Allie le miro a los ojos. La expresion de lord Robert era indescifrable, pero muy intensa. Despues de un largo momento, su mirada se poso en los labios de Allie.

Sus ojos parecieron oscurecerse y una mirada que ella hubiera jurado que era de deseo llameo en su interior.

La excitacion la recorrio como fuego. Se lo imagino acercandose a ella, inclinandose y rozandole los labios con los suyos. Sintio un cosquilleo en la boca, como si el realmente la hubiera acariciado, y se mordio el labio inferior para acallar esa turbadora sensacion.

Incapaz de soportar la intensidad de su mirada, Allie contemplo la alfombra mientras trataba de recobrar el equilibrio.

– Lamento mucho que se haya visto envuelto en esto, lord Robert -dijo en voz baja-, y tambien lamento que hayan robado objetos pertenecientes a su familia como resultado. No se como los repondre, pero…

Lord Robert le toco la barbilla con los dedos, interrumpiendo sus palabras. Le alzo la cabeza suavemente hasta que sus ojos se encontraron.

– Solo eran objetos, senora Brown, y sin ninguna importancia. Debemos dar gracias de que ninguno de los dos haya resultado herido de gravedad. Las cosas se pueden reemplazar, las personas, no… -Un musculo le tironeaba en la mandibula, y algo paso por sus ojos. Algo oscuro, obsesivo y cargado de dolor. Luego, tan rapido como habia aparecido, su expresion cambio. Era la misma expresion que Allie le habia visto por un instante en The Blue Iris.

Una curiosidad de la que no se podia librar la impulso. ?Que secretos escondia aquel hombre? ?Cual habia sido la falta en su pasado a la que habia aludido lady Gaddlestone? ?Era su comportamiento del mismo tipo que el de David?

Una parte de ella rechazo al instante la posibilidad de que lord Robert fuera capaz de actos criminales, pero se obligo a dejar a un lado esa inclinacion involuntaria e indulgente. Despues de todo, casi no lo conocia. Y ademas lo importante no era que secretos ocultaba o que habia hecho; que tuviera secretos y que hubiera hecho algo ya eran razones suficientes para estar alerta y mantener la distancia.

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