La mano de lord Robert abandono la barbilla de Allie y el se aparto unos pasos.

– Digame, ?han destruido todos sus vestidos?

Allie lucho contra el impulso de colocar sus dedos sobre el lugar que acababan de abandonar los de el, y conservar asi el calor que le habia dejado sobre la piel.

– No todos. Aun me quedan dos, el que llevo y otro.

Lord Robert asintio abstraido, con la cabeza claramente en otro lado. Allie aprovecho ese momento para dirigirse hacia la puerta. Con suerte, habria abandonado su compania antes de que se le ocurrieran mas preguntas.

– Si me disculpa, me gustaria retirarme.

Lord Robert se volvio hacia ella, con una expresion de sorpresa como si hubiera olvidado que la joven se hallaba en la sala.

– Claro. Estoy seguro de que ya habran ordenado su dormitorio. Buenas noches, senora Brown.

Allie murmuro sus buenas noches y se apresuro a salir de la habitacion. En parte, habia esperado que el saliera de la biblioteca con ella, para dirigirse a su propia residencia, pero al parecer tenia la intencion de quedarse un rato mas. No podia negar que su presencia en la mansion la hacia sentirse mas segura, pero al mismo tiempo la alteraba dolorosamente. Y cada vez temia mas sus propias reacciones.

Con voluntad propia, su mano se alzo hasta su rostro y le rozo la barbilla con la punta de los dedos. Dios, lord Robert casi no la habia tocado, pero aun asi habia sentido esa suave caricia como si fuera un rayo. Y la forma en que la habia mirado…

Se llevo los dedos a los labios. El habia deseado besarla. No tenia ninguna duda. Se lo habia visto en los ojos. Un suspiro susurrado salio de sus labios, y sintio el calor del aliento contra los dedos. ?Que habria hecho si el se hubiera atrevido?

Derretirse. En un tembloroso charco de deseo. Y luego…

Se obligo a parar y, con una exclamacion de disgusto, bajo la mano. Con la intranquilidad retorciendole las entranas, recorrio el corredor hasta llegar a las escaleras.

Que Dios la ayudara, los sentimientos que le inspiraba lord Robert la aterrorizaban. Eran exactamente las mismas emociones sonadoras y poco practicas que le habia despertado David… excepto por un detalle.

Los sentimientos que lord Robert despertaba en ella eran aun mas intensos.

Robert contemplo las llamas, abrumado por los recuerdos. Procuro detenerlos, pero los peligros a los que se enfrentaba la senora Brown, junto con el relato de lady Gaddlestone en The Blue Iris y sus propias palabras momentos atras hicieron que los recuerdos del pasado regresaran como una gigantesca ola, arrastrandolo todo a su paso.

«Las cosas se pueden reemplazar, las personas, no.»

La senora Brown le habia dado una explicacion, pero tenia la fuerte sospecha de que no le habia contado toda la historia que habia detras del anillo. Con todo, habia decidido no presionarla mas, ya que no le iba a decir nada nuevo. Sin embargo, aquella mujer habia corrido verdadero peligro. Y era muy probable que aun lo corriera. La idea de que algo pudiera pasarle…

Apreto los punos y tenso la mandibula. ?No! No le sucederia nada malo. Se encargaria personalmente de eso. Le habia fallado a Nate. No volveria a fallar. Con nuevas fuerzas, paseo por delante de la chimenea.

Al diablo con el decoro, se quedaria en la mansion en lugar de regresar a su residencia. Despues de todo, Elizabeth nunca le perdonaria si algo le pasara a su amiga.

«Tu nunca te lo perdonarias», le informo su voz interior.

Bueno, claro que no. No queria que nadie sufriera dano… no solo ella en particular.

Dejo escapar un grunido y se paso las manos por los cabellos. ?A quien demonios estaba intentando enganar con todas esas tonterias? Claro que no queria que nadie sufriera dano, pero era vital, crucial que ella no sufriera el mas minimo dano.

Otro grunido salio de sus labios. Fue hasta el sofa de cuero, se sento pesadamente sobre el cojin y se froto los cansados ojos con las manos.

Demonios, habia estado a punto de besarla. Lo habia deseado con tal intensidad que casi podia sentir su sabor en la lengua… Lo habia anhelado con tal fuerza que habia llegado a asustarse, porque de alguna manera sabia que ocurriria algo mucho mas serio que un simple roce de labios.

Al infierno. La atraccion que sentia hacia ella aumentaba a cada momento. Admiraba su valor. No se habia quejado ni una sola vez durante todos los infortunios que habia padecido. Robert respetaba el esfuerzo y el gasto que habia realizado para descubrir al dueno del anillo e intentar devolverselo, sin ganar nada a cambio. Y que alguien hubiera intentado lastimarla, que pudiera seguir estando en peligro, era algo que despertaba todos sus instintos de proteccion.

Y luego, sin duda estaba su fisico, que lo atraia de una manera como nunca antes habia sentido. Conocia a muchisimas mujeres hermosas, pero ninguna le habia afectado tanto como ella. Habia algo en sus ojos… a pesar de sus valientes palabras y acciones, habia algo de soledad y temor, de tristeza y vulnerabilidad en su mirada, que le robaba el corazon. El contraste entre la mujer real y la mujer del dibujo lo fascinaba.

– iAggg! -Inclino la cabeza hacia atras, cerro los ojos y exhalo largamente. Maldicion, no queria sentirse asi. No con aquella mujer, cuyo corazon pertenecia a otro hombre y cuyo hogar se hallaba en otro continente. ?Por que demonios no podia sentir todo eso por una muchacha inglesa y sin complicaciones?

?Y que diantre iba a hacer al respecto?

Al dia siguiente, Allie entro en la sala del desayuno poco despues del amanecer, y se detuvo como si se hubiera golpeado contra una pared de cristal.

Lord Robert estaba sentado en el otro extremo de la pulida mesa de caoba, bebiendo de una taza de porcelana y hojeando el periodico.

Dios, ?que estaba haciendo alli tan temprano? Ya sabia que aquel dia apareceria por la mansion, pero esperaba tener las horas de la manana para preparar mentalmente su encuentro. Resultaba evidente que no iba a poder darse ese lujo, porque alli estaba sentado, fuerte y masculino, enfundado en una chaqueta azul, una camisa blanca como la nieve y con un panuelo al cuello perfectamente anudado.

Lord Robert alzo la vista del periodico y sus ojos se encontraron con los de Allie por encima de la taza de porcelana. ?Que el cielo la ayudara si la miraba como lo habia hecho la noche anterior!

Pero sus miedos eran infundados, porque tan solo le sonrio amistosamente.

– Buenos dias, senora Brown. Se ha levantado temprano esta manana.

Allie trago saliva para humedecerse la reseca garganta.

– Lo mismo podria decir de usted, lord Robert.

– Ah, bueno. Soy un pajaro matutino -repuso, dejando la taza sobre el platito-. Por favor, desayune conmigo. Los huevos escalfados estan especialmente buenos.

Allie avanzo hasta el aparador, aspirando el delicioso aroma de cafe que impregnaba el aire, y se sirvio dos huevos, varias lonchas finas de jamon y una gruesa rebanada de pan recien horneado.

Se sento en una silla frente a el y lo oyo reir por lo bajo.

– Debe de ser cosa de familia -dijo lord Robert.

– ?Disculpe?

– Se que Elizabeth y usted son primas lejanas. -Hizo un gesto con la cabeza indicando el abundante plato-. Esta claro que el gusto por un desayuno de sanas proporciones es cosa de familia. Siempre bromeamos sin piedad sobre el carino que le tiene Elizabeth a la primera comida del dia.

– Siempre ha sido mi favorita -repuso la joven mientras extendia la servilleta sobre su regazo-. Un dia, cuando Elizabeth y yo teniamos ocho anos, nos retamos a ver quien podia comer mas huevos en el desayuno.

– Asi que ha usado huevos para mas cosas que para dejarlos caer sobre su rostro.

– Me temo que si.

– ?Y quien gano la competicion?

El recuerdo la lleno de tierna nostalgia.

– Ninguna de las dos. Mientras intentabamos tragarnos el septimo huevo, mama nos hizo parar. Las dos tuvimos fuertes dolores de barriga el resto de la manana, y mama no se compadecio de nosotras en absoluto.

Lord Robert rio, y los ojos de Allie se clavaron en la forma en que sus firmes labios se tensaban sobre los

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