– ?No dudaria usted de que madame Renee pudiera ayudarla? -exclamo.

Robert alzo las manos en un gesto de rendicion.

– No. Nunca.

– Lo cierto es que he tenido mucha suerte -explico la senora Brown-. Madame tenia dos vestidos negros de sarga que alguien habia encargado y despues cancelado.

– Muy molesto -dijo madame, chasqueando la lengua en senal de disgusto-. Pero mi desgracia ha sido la suerte de madame Brown. Como el cliente cancelo el pedido, estoy obligada a venderlos con mucho descuento. Los vestidos requieren solo unos arreglos minimos y se los enviaremos hoy mismo.

Robert se sintio decepcionado, pero no sorprendido, de que la senora Brown hubiera elegido comprarse vestidos negros. Su mirada regreso involuntariamente a las balas de broncinea seda. Estaria imponente…

Se sacudio mentalmente. Dios, verla aun mas imponente era lo ultimo que necesitaba. Ciertamente seria mas inteligente, y le iria mucho mejor, imaginarla con un saco pasado por la cabeza que con un vestido escotado de aquella fina tela.

Despues de despedirse de madame Renee, subieron al carruaje.

– Lamento que haya tenido que esperar tanto -se disculpo la senora Brown mientras se sentaban sobre el asiento tapizado de terciopelo gris-. Habia pensado en comprar tal vez un vestido, pero los precios eran tan razonables que me decidi a comprar dos. -Le regalo una media sonrisa, y el corazon de Robert, de forma bien ridicula, le golpeo dentro del pecho en respuesta-. Muchisimas gracias por traerme aqui.

– Ha sido un placer. Y no se disculpe por hacerme esperar. Solo ha sido una pequena parte de lo que suelen tardar normalmente Caroline y madre. He empleado el tiempo en ocuparme de varios negocios que requerian mi atencion. Y hablando de negocios… aparte de ver a Shelbourne, ?habia alguna otra cosa que necesitara hacer en Londres?

– No. Mis negocios aqui han finalizado.

– Entonces le propongo que partamos hacia Bradford Hall manana por la manana. Eso permitira que le entreguen los vestidos y nos dara tiempo suficiente para preparar el equipaje, y a mi a despachar alguna correspondencia de la que necesito ocuparme. ?Aprueba este plan?

– Si, me parece perfecto.

– Excelente. Y tambien nos deja libre el resto de esta hermosa tarde para disfrutar. Dado que hace un tiempo excepcional, he pensado que le agradaria visitar Vauxhall.

La senora Brown le lanzo una mirada picara.

– ?Vauxhall? ?Es una raza de palomas que anidan en sombreros?

– No. Es un jardin al otro lado del Tamesis. Acres de caminos con sombra, y especialmente hermoso en esta epoca del ano, con tantos arbustos en flor. ?Le gustaria ir alli?

– Me gustan mucho las flores. Una visita a Vauxhall me parece… encantadora.

Otra sonrisa rozo los labios de la joven, y el pulso idiota de Robert se lanzo al galope.

«Encantadora -repitio su voz interior mientras su mirada se paseaba por el rostro de la mujer-. Eso es exactamente lo que pienso yo.»

Mientras caminaban por el ancho camino de gravilla, Allie aspiro el aire fresco, con olor a tierra, y luego exhalo un suspiro de placer. Olmos senoriales se alineaban a ambos lados del paseo y formaban un delicioso baldaquin de sombras a traves del cual se filtraban los delgados rayos de sol. Los pajaros saltaban de rama en rama, trinando canciones estivales.

– A esto se le llama el Gran Paseo -explico lord Robert-. Paralelo a el, a la derecha, esta el Paseo Sur, y el Paseo del Ermitano a la izquierda. Mas adelante llegaremos al Paseo del Gran Cruce, que se extiende por todo el parque. Alli torceremos para ir hacia la Arboleda.

– ?Y que es?

– Una plaza circundada por los principales paseos. -Senalo hacia los arboles-. La puede ver alla a lo lejos, donde estan aquellos pabellones. Tambien hay una columnata por si el tiempo se vuelve inclemente, y docenas de reservados para cenar.

– Y la gente viene aqui por la noche para pasear entre los arboles iluminados y cenar… Parece una idea muy agradable.

– Lo es, y tambien hay entretenimientos. Orquestas, cantantes, fuegos artificiales, representaciones de batallas, fiestas esplendidas. Hace varios anos vi a una mujer llamada madame Saqui caminando sobre la cuerda floja, a veinte metros de altura, con el acompanamiento de una exhibicion de fuegos artificiales.

– Parece maravilloso. Y excitante. -Miro hacia lo alto y se fijo en los cientos de lamparas en forma de globos que habia en los arboles. Debe de ser muy hermoso cuando las lamparas estan encendidas.

– Fascinante. Elizabeth dice que es como si hadas luminosas reposaran en los arboles. -Miro a Allie y sonrio- ?Quiza le gustaria regresar esta noche? ?Para contemplar el esplendor nocturno del parque?

Allie dudo por un instante. La idea de ver las luces, de oir la musica, era increiblemente atractiva.

Pero podia imaginarse con facilidad la intimidad y el romanticismo de un lugar asi. Y la tentacion del hombre que se hallaba junto a ella…

En la tienda de madame Renee casi habia sucumbido a la tentacion de derrochar sus escasos fondos en algo con colorido, o incluso en un tono pastel, y en el fondo de su corazon sabia que incluso mas que el placer de llevar puesto algo bello lo que deseaba era que el la contemplara hermosamente vestida. Pero habia resistido, a duras penas. Los vestidos negros eran lo mas barato, y servian para desanimar las atenciones masculinas, como habian hecho durante los tres anos anteriores. Si ademas sumaba el hecho de que su corazon latia a triple velocidad con solo pensar en pasear con el en la oscuridad, con las lamparas de los arboles como unica Iluminacion… No, no era una buena idea.

– Muchas gracias, es muy amable por su parte, pero necesitare esta noche para preparar el viaje de manana.

Le parecio ver alivio en los ojos de Robert. ?Sentiria tambien el esa misma turbadora sensacion que la tenia prisionera? ?Se habria dado cuenta de la locura que seria estar los dos solos en la oscuridad?

Torcieron una esquina y un macizo de rosales llamo su atencion.

– Creo que nunca habia visto una abundancia asi de rosas de colores -dijo, agradecida por poder cambiar de tema. Un capullo de rosa especialmente vivo atrajo su atencion, y se detuvo para inclinarse y oler su aroma.

– Espere a ver los jardines de Bradford Hall. Son realmente espectaculares y contienen miles de rosas. Siempre que capto el aroma de esta flor, me vienen a la memoria Caroline y mi madre. Ambas usan ese perfume.

Allie se incorporo y recupero su lugar junto a el.

– Entiendo perfectamente lo que quiere decir, hay aromas que se asocian con ciertas personas. Siempre que huelo a pan recien hecho, pienso en mama. El olor a tabaco me recuerda a papa. Y si aspiro el perfume de las lilas, pienso en…

– Elizabeth -dijeron ambos al unisono, y luego rieron.

Lord Robert le sonrio brevemente y eso hizo que el corazon de Allie aleteara dentro de su pecho.

– Siempre que huelo a cuero -dijo el-, sobre todo una silla de montar de cuero, pienso en mi padre. Mi primer recuerdo es estar sentado delante de el en su caballo Lancelot. Padre era un jinete experto, e increiblemente paciente. Nos enseno a todos a cabalgar, incluso a Caroline.

Sus palabras expresaban un indudable carino.

– Cuenteme mas cosas de su padre.

Toda huella de diversion se fue borrando lentamente del rostro de lord Robert, dejando en su lugar una evidente melancolia.

– No se muy bien como describirlo excepto diciendo que era un gran hombre, y noble de un modo que no tenia nada que ver con su titulo. Era muy respetado por los otros nobles, su esposa lo adoraba y sus hijos lo amabamos. Era estricto, pero razonable. Generoso con su tiempo, su dinero y su carino, y justo con sus arrendatarios. Le costaba enfadarse y reia con facilidad, y a diferencia de muchos otros hombres de su posicion, estaba muy unido a su familia.

Los dedos de Allie le apretaron ligeramente el brazo sobre el que reposaban.

– Al parecer era una persona maravillosa.

Lord Robert asintio con un movimiento de cabeza.

– William, Austin y yo… siempre quisimos emularlo, incluso de ninos. Creo que aun hoy lo intento. Se que lo

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