– Si. Lo considero un asunto de honor. ?No lo haria usted?

– Si, supongo que si -admitio el, con un humor levemente mejor-. Sin embargo, debo advertirle que Shelbourne tiene… una cierta fama con las mujeres. -Casi se atraganto ante esa benigna descripcion, pero no veia la necesidad de predisponerla en contra del conde con la pura verdad: que Shelbourne era un libertino hastiado sin ningun escrupulo en lo referente a las mujeres. Pero si resultaba ser necesario, le diria toda la verdad-. Elizabeth no me perdonaria si permitiera que usted estuviera a solas con alguien que puede manchar su reputacion. Por lo tanto, insisto en acompanarla.

La senora Brown parecio aliviada.

– Muchas gracias. Porque aunque siento que debo ir, no tengo ningun deseo de cenar a solas con el conde.

Humm. Estaba claro que Shelbourne era el unico en desear que se conocieran mejor. Excelente. Y aunque no era muy correcto invitarse a cenar, en esas circunstancias no tenia alternativa. Y saber que eso irritaria aun mas a Shelbourne le animo mucho.

– Entonces enviare una respuesta diciendole que espere a dos invitados. -Consulto su reloj-. Tenemos casi dos horas antes de tener que partir. Como estaremos fuera esta noche, sugiero que usemos este tiempo para prepararnos para el viaje de manana.

– Un plan excelente. -Con una pequena inclinacion de cabeza, la senora Brown comenzo a subir las escaleras y desaparecio de su vista al torcer por el pasillo que llevaba a su dormitorio.

Robert se dirigio al estudio de Austin, con la intencion de usar su papel de carta. Tenia que enviarle la respuesta a Shelbourne. Y despues tenia otra carta que redactar, mucho mas importante.

Allie entro en el dormitorio y se dirigio directamente hacia la comoda de caoba. Alzo la oxidada caja y se la puso en la palma de la mano.

– Estare encantada de perderte de vista -le susurro a la abollada caja-. En cuanto te haya devuelto, sere libre.

Por fin David y todo el dano que causo serian exorcizados de su vida, aunque sospechaba que aun le quedarian unos cuantos demonios rondando.

Incluso asi, un profundo alivio la invadio. Finalizada su mision, podria disfrutar de su visita a Elizabeth. Seis maravillosas semanas en la campina inglesa, con nada mas apremiante que hacer que ponerse al dia con su amiga de la infancia y dejar atras los ultimos retazos de su pasado. Luego regresaria a America…

Para nunca volver a ver a lord Robert.

Esas inoportunas palabras aparecieron en su mente sin ser llamadas. Completamente irritada porque de nuevo el se hubiera entrometido en sus pensamientos, volvio a dejar la caja sobre la comoda, pero evidentemente con mas energia de la que pretendia, porque oyo un ligero chasquido.

Alzo la caja de nuevo, examino la superficie pulimentada de la comoda y comprobo con alivio que no le habia causado ningun dano. Luego puso la caja a la altura de los ojos.

El fondo parecia estar separandose. Intento ponerlo en su lugar apretando ligeramente, pero en cuanto hizo presion, toda la caja se abrio en dos partes.

– Oh, Dios. -Contemplo las piezas consternada, un sentimiento que rapidamente fue reemplazado por el de sorpresa. Al parecer, una de las partes era un fondo falso. Con un papel doblado oculto en un pequeno hueco.

10

Allie fue hacia la luz del sol poniente, que aun entraba por la ventana, y miro con el ceno fruncido el papel amarillento oculto en el doble fondo. ?Seria algo que habia pertenecido a David? Dispuesta a descubrirlo, saco el papel con cuidado y lo desdoblo. Podia ver que habia algo escrito, pero estaba muy desvaido. Acerco el papel a la luz e intento descifrar las palabras. Parecian ser de una lengua extranjera que era incapaz de reconocer. Aunque ella no era una experta, no creia que se tratase de frances, espanol o latin.

Contemplo la nota de nuevo. ?Podria ser que estuviera escrita en gaelico? David conocia esa lengua. Muchas veces, en momentos de pasion, le habia susurrado en la oscuridad palabras romanticas y hechiceras que ella no entendia. Era gaelico, le habia dicho el. Frases que habia aprendido en sus numerosos viajes a Dublin, cruzando el mar de Irlanda desde su Liverpool natal.

Sintio una consternacion que no tenia nada que ver con el haber roto la caja. Si esa nota tenia algo que ver con David, era posible que aun no pudiera dejar atras su pasado. La tentacion de volver a doblar la nota y meterla de nuevo en la caja, o mejor aun, de destruirla, de tirarla al fuego, casi la abrumo.

«Nadie lo sabra»

Esas palabras resonaron en su mente con irresistible persuasion. «Nadie lo sabra.» ?Que importaba si la nota tenia que ver con David? Estaba muerto. No le debia nada.

«Destruyela. Nadie lo sabra.»

Pero algo la retenia. Nadie lo sabria, excepto ella misma. Y por mucho que deseara que no fuera asi, su conciencia, por no hablar de su curiosidad, no la dejaria tranquila si al menos no intentaba descifrar el contenido de la nota. Y tal vez no tuviera nada que ver con David. Quiza perteneciera a lord Shelbourne, a quien, despues de todo, pertenecian el anillo y la caja. Y si esa nota era propiedad del conde, entonces no podia destruirla. Debia devolversela.

Pero que David hablara gaelico, junto con todo lo demas que sabia sobre el… No, no podia negar la posibilidad real e inquietante de que la nota estuviera de alguna manera relacionada con su difunto marido.

Exhalo un inquieto suspiro. Descubrir el contenido significaba tener que enfrentarse a la posibilidad de que esa nota pudiera aportar informacion sobre la gente a la que David habia timado. Y si conseguia descifrar las palabras, si era realmente una lista de las victimas de su marido, entonces tendria que…

?No! La palabra resono en su cerebro, y se apreto las sienes con los dedos. Que Dios la ayudara, pero no podia pasar mas tiempo reparando sus danos; pero, por otra parte, ?como podia dejar de hacerlo? Sin embargo, la sola idea de soportar mas estrecheces economicas y humillaciones personales como las que habia aguantado durante los ultimos tres anos, y sobre todo cuando el final parecia estar tan cerca, la dejaba sin aliento.

«No pienses en ello ahora. Puede que ni siquiera sea esa la cuestion. Y si lo es… entonces ya decidiras.»

No podia destruir la nota. No hasta que supiera. Tampoco podia volver a ponerla en la caja. No podia arriesgarse a que lord Shelbourne la encontrara, y a que informacion potencialmente peligrosa cayera en sus manos o en las de otra persona. Con un pesado suspiro, doblo la nota cuidadosamente y la oculto en un pequeno bolsillo en el forro de su bolso de rejilla, sin dejar de maldecirse por haberla encontrado. Habia tenido tan cerca la libertad… pero, como minimo, se libraria de la caja. Se sento en el borde de la cama y se dispuso a juntar las pirias.

Geoffrey se apoyo contra la repisa de la chimenea del salon, contemplando al criado servir un aperitivo a sus invitados. Le resultaba casi imposible mantener una apariencia tranquila. Alberta le habia entregado la caja hacia un cuarto de hora, en cuanto entro en la sala. El le habia echado una rapida mirada, y luego se habia reido. «No es una pieza especialmente hermosa, ?verdad?» Despues de darle las gracias, se la habia metido en el bolsillo como si no tuviera importancia, pero pasado el rato, sentia como si le fuera a quemar los pantalones.

Finalmente, incapaz de soportar el suspense por mas tiempo, se excuso.

– Si me disculpais un momento, tengo que decirle algo a Willis. -Salio de la habitacion manteniendo un paso mesurado y lento. Entro en su estudio y cerro la puerta con llave.

Fue hasta el escritorio y saco lentamente la caja del bolsillo, conteniendo el impulso de lanzarse sobre ella como un perro sobre un hueso. Con el corazon acelerado, separo las piezas de la caja y miro el fondo.

El fondo vacio.

El panico se apodero de el, y paso unos dedos temblorosos y freneticos por toda la superficie de metal oxidado. ?Habria otra abertura? Pero despues de varios minutos de desesperada busqueda, se obligo a admitir la terrible verdad. El papel no estaba.

Una retahila de obscenidades salio de sus labios, y tiro la caja contra la pared con toda su furia. Mesandose los cabellos, fue de un lado al otro de la sala, mientras expelia el aire de los pulmones en dolorosos jadeos.

?Donde demonios estaba la carta? Ella debia de tenerla. La debia de haber encontrado. O al menos tenia que

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