entregarsela a lord Shelbourne.

– ?Puedo echarle un vistazo?

Le tendio el delicado papel sin decir palabra. Lord Robert fue hasta la chimenea y se agacho para que la luz de las llamas iluminara el papel.

– Creo que podria ser gaelico -dijo un minuto despues. Allie sintio un nudo en el estomago.

– Yo tambien lo pense, y en tal caso, seguramente tiene que ver con David. El conocia ese idioma.

Lord Robert asintio con la cabeza de forma ausente.

– Esta palabra… que extrano. -Senalo una palabra-. Parece que pone «Evers».

Allie se agacho junto a el y miro fijamente las palabras apinadas y desvaidas.

– Si, es cierto. -Algo le paso por la cabeza, pero no pudo retenerlo-. ?Significa algo para usted?

– Solo que es el apellido de mi amigo Michael. -De repente lo recordo.

– Ah. El boxeador que nos curo las heridas.

– Si. -Continuo examinando el papel. Durante casi un minuto el unico sonido que rompio el silencio fue el crepitar de las llamas anaranjadas en el hogar.

– Mire esta palabra -dijo lord Robert finalmente, senalando otro grupo desvaido de letras-. Juraria que se parece al nombre de la ciudad irlandesa donde Michael nacio. -Se volvio hacia ella. Sus ojos se veian negros a la luz de las llamas-. Me gustaria ensenarle esta carta a Michael.

Allie abrio la boca para protestar, pero lord Robert prosiguio antes de que ella pudiera hablar.

– El es irlandes, quiza pueda traducir la carta. Le doy mi palabra de que es discreto.

Allie iba a negarse, pero una abrumadora sensacion de cansancio se apodero de ella. Deseaba de tal manera que todo aquello acabase…

– Muy bien -acepto con voz cansada.

Robert vio que las fuerzas parecian abandonarla. Dejo la nota sobre la mesa de caoba, se puso en pie y extendio los brazos para ayudarla. Ella miro las manos durante unos instantes, y Robert penso que iba a rechazar su ayuda, pero Allie las tomo y le permitio ayudarla a incorporarse.

Tan solo los separaba medio metro. En las manos de Robert, las de Allie parecian pequenas y estaban frias, y sus ojos… enormes en su palido rostro, ensombrecido por fantasmas del pasado y por el cansancio. Se la veia fisica y emocionalmente exhausta.

Robert sintio una tirantez en el pecho, y toda la furia que habia mantenido a raya mientras escuchaba el relato de la joven lo bombardeo. Una violencia como nunca habia sentido se desperto en su interior y lamento profundamente no haber estado nunca cinco minutos a solas con David Brown. Acababa de descubrir por que habia desaparecido la muchacha del retrato. Y no pudo evitar maravillarse ante la determinacion y la fuerza interior que habia permitido que una pequena parte de aquella joven se conservara viva.

Sin embargo, al mirarla en ese momento, su furia desaparecio con tanta rapidez como se habia encendido, apagada por una gran compasion. Por todos los demonios, lo que habia tenido que soportar esa mujer… y cuanto habia luchado. Y que dificil le habia resultado explicarselo.

Subitamente, la joven se tenso y se solto.

– Otra de las razones por las que me mude -explico- fue para distanciarme de mi familia. No solo no deseaba que el escandalo los rozara mas de lo que ya lo habia hecho, sino tambien fue porque no pude aguantar su compasion por mas tiempo. Sabia que me querian, pero siempre que me miraban lo unico que veian era a «la pobre Allie». Todos me miraban con la misma expresion que tiene usted en su rostro ahora. -Alzo la barbilla, con una mirada firme-. No quiero su compasion.

– Lo entiendo. Pero no puedo evitar lamentar lo mucho que ha sufrido. Si le hace sentirse mejor, le puedo asegurar que la compasion solo ocupa una fraccion muy pequena de mis sentimientos en estos momentos.

Allie fruncio los labios y alzo la barbilla un poco mas.

– Me imagino q ue se siente muy indignado.

– Claro, siempre me indigna saber no solo que gente como David Brown existe sino que tambien hacen dano a los demas… a gente amable y confiada, como usted.

– Me referia a indignada conmigo. Por ser tan estupida como para amar a un hombre asi. Por no ser capaz de ver su verdadero caracter.

– No, Dios, no. -Extendio los brazos y la tomo por los hombros-. Usted no hizo nada malo. Usted fue la victima, de una forma muy cruel. Siento la mayor admiracion por usted, por la forma en que ha compensado a las victimas. Es usted muy valiente.

Una carcajada seca y sarcastica salio de entre los labios de la joven.

– ?Valiente? Estoy aterrorizada constantemente. Insegura de… todo.

– Pero sigue adelante. Tratando de hacerlo lo mejor posible. Ser valiente no significa no tener miedo, significa superar esos miedos. Ir hacia delante a pesar de esos miedos. Enfrentarse a ellos. -Al ver que ella seguia sin parecer convencida, Robert prosiguio-: No puedo decirle lo mucho que admiro su fuerza. Todo lo que ha luchado para compensar crimenes que no eran suyos.

Habia confusion en los ojos de Allie.

– Retornar cosas que no eran mias y devolver dinero que David habia robado, para eso no hace falta fuerza.

– ?De verdad? Sinceramente, ?cuanta gente cree usted que hubiera hecho lo mismo? ?Sobre todo si se hallasen al borde de la miseria? -La mirada de Robert recorrio el encantador rostro de la joven, sus palidas mejillas, y el corazon le dio un vuelco-. Creo que es la mujer mas valiente y mas fuerte que he conocido jamas. Y le doy mi palabra que quien sea que esta detras de esos accidentes, raptos y robos sera atrapado. No permitire que nadie mas le haga dano.

Multiples expresiones pasaron por el rostro de Allie al mismo tiempo. Sorpresa. Duda. Inseguridad. Y finalmente gratitud. Pero todas ensombrecidas por una vulnerabilidad que hacia que Robert deseara rodearla con sus brazos y protegerla de quien fuera lo suficientemente estupido para intentar lastimarla de nuevo. El labio inferior de Allie temblaba ligeramente, y la mirada de Robert se dirigio hacia la boca… su carnosa y hermosa boca.

El deseo lo golpeo con fuerza, ineludible. Era tan dolorosamente hermosa. Un rubor repentino cubrio las mejillas de Allie. Era evidente que habia reconocido el ansia que ardia en la mirada de, Robert.

Este permanecio inmovil durante segundos, ofreciendole la oportunidad de alejarse de el, pero ella continuo donde se hallaba. Aquel atractivo rubor lo llamaba como el canto de una sirena, y lentamente, como en un trance, Robert alzo la mano y le rozo suavemente la mejilla con la yema de los dedos.

Terciopelo. Su piel era como terciopelo color crema. ?O era el saten mas suave? ?O seda? No lo sabia, pero la piel de la joven era sin duda de la mas suave de las materias. Un ligero suspiro escapo de entre los labios de Allie, de nuevo llamando la atencion de Robert hacia ellos. Y de repente, Robert no pudo pensar en ninguna razon que le impidiera ceder ante el deseo que lo habia perseguido desde incluso antes de conocerla. Aquella mujer no estaba de luto por su marido… su corazon era libre.

Le paso un brazo por la cintura y la acerco lentamente hasta que sus cuerpos estuvieron pegados. Los ojos de Allie se abrieron ligeramente, pero el asentimiento y el deseo que brillaban en las profundidades marron doradas de sus ojos eran imposibles de confundir. Robert aspiro profundamente, y el perfume de la joven le envolvio como el aroma de un vino embriagador. Inclino la cabeza y rozo con sus labios los de Allie.

«Por fin.»

Se lo trago el mismo torbellino de emociones que habia sentido en el muelle, y durante varios segundos fue incapaz de moverse, mientras las palabras resonaban en su cabeza. Si le hubiera sido posible, se habria reido de su intensa reaccion. Dios, pero si casi ni la habia tocado…

La atrajo con fuerza hacia si. Ninguna mujer, jamas, le habia hecho sentirse asi. Era como si estuviera hecha precisamente para el y para nadie mas. Allie se puso de puntillas y se apreto contra el, presionando sus magnificas curvas y haciendo que se desvaneciera cualquier tonta esperanza que Robert hubiera albergado de mantener el control. Un gemido le subio por la garganta. Le toco la comisura de los labios con la lengua y Allie los abrio para el con un ronco suspiro que hizo que la sangre le ardiera en las venas.

Sabia como el vino caliente. Suave y calida, deliciosa y estimulante. Mientras Robert exploraba los oscuros misterios de su boca, ella exploraba la de el con igual fervor, y sus lenguas se rozaban con una friccion exquisita. Una imperiosa necesidad, ardiente y cada vez mas apremiante, lo atraveso, y si hubiera sido capaz de pensar con claridad, se habria horrorizado ante su falta de sutileza.

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