– Tal vez. Pero no importa. Me niego a arriesgarme de nuevo. De ninguna manera. Por ningun hombre. Esta claro que nunca nadie ha traicionado tu confianza.

– No de la manera que te han traicionado a ti.

– Entonces es imposible que entiendas la humillacion y el desespero.

Algo brillo en los ojos de Robert.

– Conozco la desesperacion -dijo suavemente-. Pero lo que nos haya ocurrido en el pasado no tiene ninguna relacion con esta… atraccion que sentimos el uno por el otro. Quiero ensenarte algo. -Del bolsillo del chaleco saco un papel. Lo desdoblo con cuidado y se lo tendio.

Allie miro el papel y se quedo sorprendida. Era un dibujo. De ella.

– Elizabeth me lo dio -le explico Robert-, para que pudiera reconocerte en el muelle. Creo que te envio un retrato mio por la misma razon.

– Si. -«Y lo he contemplado todos los dias.»

– He mirado este dibujo todos los dias, Allie -murmuro el.

La mirada de Allie volvio a el. Antes de que pudiera reaccionar ante sus palabras, que de forma tan extrana reflejaban sus propios pensamientos, el prosiguio.

– Y me quede encantado con esta mujer desde el momento en que la vi.

Allie contemplo a la risuena joven del retrato y se le hizo un nudo en la garganta. Le devolvio el dibujo.

– Esa mujer ya no existe.

– Si, si que existe. Solo esta escondida. -Extendio la mano y le recorrio la mejilla con el dedo-. Solo tenemos que sacarla a jugar. Una confusa mezcla de temor y anhelo la recorrio. -?Y por que querrias hacer una cosa asi?

– Porque quiero conocerla. Creo que me gustaria… Es mas, se que me gusta. Y pienso que yo le podria gustar.

«Que Dios me ayude, ciertamente le gustas. Demasiado.»

Robert volvio a doblar el dibujo y se lo guardo en el bolsillo.

– Puedes no hacer caso de tus sentimientos, si quieres, resistirte a ellos, si asi lo deseas, pero te prometo que no seras capaz. No por mucho tiempo.

La pura arrogancia de esa afirmacion, junto con el hecho de que ella temia que tuviera razon, la irrito. El orgullo le hizo enarcar las cejas.

– ?Como puedes estar tan seguro?

– Porque a diferencia de lo que te ha ocurrido a ti, yo no me he asustado de lo que nuestro beso me ha hecho sentir. Porque no puedo ni siguiera imaginarme el no seguir explorando ese sentimiento. Porque tu crees que soy apuesto y yo creo que eres absolutamente hermosa. Y porque, aunque sea la ultima cosa que haga, te demostrare que no soy como David. -Se aproximo a ella hasta que casi se tocaron. Entonces se inclino y le susurro directamente al oido, y su aliento hizo que la sensible piel de Allie se estremeciera-. No podras pasar por alto lo que hay entre nosotros, Allie, porque no te dejare. Y nunca mas volveras a dudar de que puedo ser un hombre muy serio.

Despues de cerrar la puerta de la alcoba, Robert se apoyo contra el panel de madera y exhalo largamente. El exquisito gusto de Allie permanecia aun en su lengua, y el recuerdo de su aroma floral le excitaba los sentidos. Que Dios le ayudara, la deseaba. Y estaba decidido a tenerla.

Pero volvio a oir las palabras de la joven: «No queria decir que pensara que eras un criminal…»

Apreto los ojos para alejar la culpabilidad que lo atormentaba. ?Que diria, como reaccionaria, si llegara a enterarse de los crimenes de su pasado? Imagenes del incendio, del dano que habia causado, de Nate, acudieron a su mente, y se paso las manos por el rostro para alejarlas. Habia negado ser parecido al ladron de su difunto marido, y era cierto, pero ?se creeria ella eso si tuviera conocimiento de sus peores momentos?

Los anos habian pasado, pero aun recordaba con total claridad aquella noche. Fue en un pub en las afueras de Londres. Recordaba su sorpresa al ver a Cyril Owens, el herrero del pueblo cercano a Bradford Hall. Cyril borracho, fanfarroneando ante un grupo de marineros sobre la muchacha que habia poseido recientemente, y de como habia utilizado su particular tipo de encanto para «convencerla». Asqueado, Robert se habia alejado. Pero entonces Cyril habia mencionado el nombre de la muchacha. Hannah.

Robert comprendio horrorizado a quien se referia. Hannah Morehouse, la hija de Nate. Nate Morehouse era algo mas que uno de los mozos de cuadra mas fieles de Bradford House, era mucho mas que un simple sirviente. Robert lo admiraba y respetaba, lo consideraba un amigo. Recordo que Nate le habia mencionado lo preocupado que estaba por Hannah, por lo callada y timida que se habia vuelto en las ultimas semanas. Y Robert acababa de descubrir por que.

El impulso de agarrar a Owen por el cuello y apretar fue muy fuerte, pero logro contenerse. Habia formas mejores de servir a la justicia. Asi que fue a ver a Nate y le explico lo que habia oido. Luego aseguro al desolado padre que el se encargaria de la situacion, a su manera, y le juro que se haria justicia. Dios, habia actuado como un joven estupido e impetuoso.

«Todo por mi culpa…»

Se paso las manos por el cabello y exhalo un largo suspiro. Se le hizo un nudo en el estomago al imaginar la reaccion de Allie ante esa historia, especialmente dada su desastrosa experiencia con David.

Era un peligro que no estaba dispuesto a correr.

Aun no. Por supuesto, deseaba poder decirle la verdad. Deseaba no estar atado por una promesa. No podria evitar por siempre contarle la version de la historia que todo el mundo sabia, pero seguramente podia retrasarlo un poco mas.

Si, seguro que no habia nada malo en esperar un poco mas.

12

Redfern cojeo por el camino empedrado que llevaba a la casa del conde, maldiciendo su mala suerte. Maldita fuera esa criada aulladora. De no haber sido por ella, ya tendria la punetera caja. Y no un tobillo torcido por saltar desde el balcon. Y por si no fuera suficiente haber caido mal y haberse torcido el tobillo, ademas habia tenido que ir a parar sobre un arbusto espinoso. Ahora le molestaba el tobillo, sus mejores pantalones y la chaqueta estaban llenos de agujeros y el trasero le dolia de muerte. ?Habia huesos en el trasero de un hombre? Porque si los habia, seguro que se los habia roto. Y todo por culpa de una criada gritona. Tipica mujer. Nunca sabian cuando callarse. Quiza cuando se hubiera librado de la pesadilla en que se habia convertido ese trabajo, haria una visita privada a esa criada.

Pero por el momento el conde no estaria nada satisfecho de que hubiera fallado de nuevo. ?Y para que demonios querria ese trasto? Habia pensado en la posibilidad de evitar al conde, de no presentarse hasta que tuviera la caja, pero decidio que lo mejor era informar a lord Shelhourne de que continuaba su busqueda. De lo contrario, al conde se le podria meter en la cabeza matarlo primero y preguntar despues.

«Manana me hare con ella. Sin falta.»

Llamo a la gran puerta de doble hoja. El mayordomo de Shelbourne, Willis, abrio con los aires de superioridad de siempre. Redfern odiaba la forma en que ese pomposo tipo le miraba, con la cabeza tiesa, como si fuera su maldita majestad y el, Redfern, solo un pedazo de basura enganchado a su zapato. Que el diablo se lo llevara, aquel tipo parecia desdenar todos sus comentarios. ?Y solo era un sirviente! Bueno, en cuanto Redfern cobrara su recompensa, lo primero que haria seria contratar a un mayordomo elegante al que pudiera dar ordenes de malos modos.

Despues de un cuarto de hora de espera, durante el que tuvo que estar de pie sobre su dolorido tobillo, porque a pesar de toda la cursileria de la elegante casita del conde, no habia ni una silla en el maldito vestibulo, finalmente Willis lo condujo por el corredor. Bueno, cuando Redfern cobrara su recompensa, la segunda cosa que haria seria comprarse una bonita casa y llenar el maldito vestibulo de malditas sillas para que todo el maldito mundo pudiera sentarse. Si, tendria una buena posicion y nunca jamas recibiria ordenes de ningun noble estirado.

Segundos despues, Willis abrio la puerta. Redfern le ofrecio su mejor mueca de asco y entro cojeando sobre la alfombra. La puerta se cerro a su espalda con un ligero sonido.

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