despues de remarcar la necesidad de discrecion, saco el delicado papel del bolsillo del chaleco.
– ?Puedes leer esto? -le pregunto, entregando a Michael la misiva. Michael desdoblo el papel con cuidado y luego paso varios minutos examinando el contenido.
– Esta escrito en gaelico -dijo-. Por desgracia, aparte de unas cuantas palabras, no se ese idioma. Siempre he sido mas un luchador que un erudito.
Robert se inclino sobre la mesa y senalo a Michael las dos palabras que habia descifrado.
– ?No crees tambien que esto es «Evers» y esto el nombre de la ciudad donde naciste?
– Si. -Una expresion intrigada inundo el rostro de Michael, y se acerco mas al papel.
– ?Reconoces alguna cosa mas? -pregunto Robert.
– Parece que aqui pone «Brianne» -indico Michael-. Ese nombre es muy extrano.
– ?Extrano? La verdad, a mi me parece un nombre bonito.
– Lo es. -Michael lo miro, y en sus ojos habia una mezcla de confusion y sospecha-. Es el nombre de mi madre.
Robert alzo las cejas y se rasco la barbilla.
– Muy extrano, cierto. Claro que seguramente hay miles de mujeres llamadas Brianne en Irlanda…
– Pero es muy curioso que mi apellido, la ciudad en la que vivi y tambien el nombre de mi madre aparezcan todos juntos en esta nota -concluyo Michael. Unio las cejas en un gesto de preocupacion-. Me pregunto si esto podria explicar…
Al ver que no proseguia, Robert le animo. -?Explicar que?
– No lo se… probablemente no es nada.
– ?Que es lo que probablemente no es nada? -Como Michael continuaba en silencio, la paciencia de Robert se acabo. Por encima de la mesa, agarro a su amigo del brazo-. Maldita sea, Michael, ?es que no te das cuenta de lo importante que es esto? Dimelo.
– Cuando era nino -dijo finalmente Michael despues de otro largo momento de duda- solia decirle a mi madre que sus ojos eran «secretitos». Una palabra tonta e infantil, pero no sabia describir de otra manera lo que leia en ellos. Aun hoy no lo se. Me dijo que todo el mundo tenia secretos… Y siempre me resulto evidente que ella tenia unos cuantos.
– ?No pensaras que esta nota tiene algo que ver con tu madre? -Brianne es un nombre corriente, pero no recuerdo que nadie mas se llamara asi en nuestro pueblo. Por imposible que parezca, no puedo negar esa posibilidad. ?Podrias tu?
Robert se paso los dedos por los cabellos.
– Supongo que no. ?Tu madre entiende el gaelico?
– Si. -Miro a Robert fijamente-. Me gustaria ensenarle esto. Entiendo el deseo de discrecion de la senora Brown y tienes mi palabra de que no se lo ensenare a nadie mas que a mi madre.
Se miraron en silencio largamente, luego Robert asintio.
– De acuerdo. Pero me gustaria que este asunto se resolviera lo mas rapido posible, antes de que ocurran mas accidentes o cosas extranas.
– Lo organizare todo para partir hoy mismo.
Robert se puso en pie y le dio la mano a su amigo.
– Te lo agradezco.
– Te hare llegar la informacion a Bradford Hall en cuanto pueda. -Muchas gracias. Y Michael, ten cuidado.
Alzando con disimulo la vista del libro en el que habia tratado de concentrarse durante las ultimas horas, Robert se aventuro a mirar a su companera de viaje. Esta se hallaba sentada con perfecta compostura, sujetando un libro en el que parecia completamente absorta.
Robert ahogo un grunido de contrariedad. Desde que se habian Sentado en el carruaje, Allie se habia mantenido ocupada. Primero cosio minusculos botones en diferentes pares de guantes, luego habia sacado un aro de bordar con el que se habia entretenido durante mas de tres horas. Y finalmente tenia la nariz metida dentro de un libro. En dos ocasiones, Robert habia tratado de iniciar una conversacion, pero ella le habia respondido con monosilabos, sin alzar la mirada de la costura o la lectura. Por fin, Robert habia intentado dedicar su atencion a su propio libro, con resultados muy pobres.
?Como podia Allie concentrarse en tareas tan mundanas cuando lo unico que podia hacer el era pensar en ella? El tacto de su piel. El sabor de su boca. Aspiro el perfume floral que emanaba de la piel de la joven… esa seductora madreselva, que le envolvia los sentidos. ?Como era posible que mientras ella lo encontraba facilmente resistible, el la encontrara completamente irresistible?
?Y que demonios estaria leyendo que pudiera resultar tan fascinante? Los dos habian tomado algunos volumenes de la biblioteca de la mansion antes de partir, pero no le habia preguntado que habia elegido. Se movio un poco hacia delante y trato de leer el titulo impreso en letras doradas sobre el lomo de cuero del libro. Los ojos se le abrieron de sorpresa.
Allie estaba leyendo La fierecilla domada.
Al reves.
Se quedo quieto y apreto los labios para contener la amplia sonrisa que amenazaba con dibujarsele en el rostro. Era evidente que no estaba tan enfrascada en el Bardo como pretendia hacerle creer.
Mucho mas animado, dejo de simular que leia. Cerro el libro, lo dejo a su lado sobre el terciopelo del asiento y se permitio mirarla larga y tranquilamente.
Allie iba vestida de los pies a la cabeza de un negro implacable. El vestido que llevaba era nuevo, y Robert supuso que era uno de los que habia comprado a madame Renee. El color contrastaba con su piel color crema, y le daba un atractivo aire de delicadeza. El sombrero negro le ocultaba casi todo el cabello, y las manos de Robert sentian el deseo de desatar las cintas y sacarselo. Rememoro la sedosa textura de esos espesos mechones castanos entre sus dedos. Al tener los ojos bajos, fijos en las palabras invertidas, Robert pudo apreciar la longitud de las pestanas y las sombras de media luna que proyectaban sobre las suaves mejillas.
La mirada de Robert bajo hasta los labios y tuvo que ahogar un gemido. La sensacion de aquella boca cautivadora bajo la suya lo invadio de nuevo con tal fuerza que noto una presion contra los pantalones.
Una boca tan deliciosa… Y, demonios, esa mujer sabia como usarla. Enfundada de luto del cuello a los pies, le hacia pensar en una isla remota y negra, intocable y solitaria. Pero el sabia de la pasion que se ocultaba bajo la tranquila superficie. Y estaba decidido a compartir y experimentar esa pasion, en todas sus formas, con ella. Porque despues de una noche de insomnio, pensando y caminando de arriba abajo por su habitacion, finalmente, casi al alba, habia llegado a aceptar la irrefutable verdad.
Allie era La Mujer.
La mujer que habia estado buscando. La mujer que le hacia sentir algo especial. La mujer que deseaba.
Oh, si, habia intentado negar esa realidad mientras recorria su dormitorio de un lado a otro la noche anterior. Contando con los dedos las multiples razones en su contra. Se conocian de hacia menos de una semana. Vivia al otro lado del oceano. No confiaba en los hombres. Le habia dicho claramente que se negaba a arriesgarse de nuevo. De ninguna manera. Por ningun hombre.
Pero con la misma rapidez con que los habia alzado, Robert habia abatido todos los obstaculos. No importaba que acabaran de conocerse. Todos los miembros de su familia se habian casado despues de apasionados noviazgos relampago. Siempre habia sabido que cuando el amor lo alcanzara, seria, siguiendo la tradicion familiar, como si lo hubiera alcanzado un rayo: rapido, potente, furioso y ardiente. En cuanto a vivir en America, Allie podia hacer lo mismo que habia hecho Elizabeth: trasladarse a Inglaterra. Y puesto que su aversion hacia las relaciones sentimentales y al matrimonio estaba justificada, el tendria que encontrar la manera de que la superara. Quizas Allie no quisiera arriesgarse por cualquier hombre, pero el no era cualquier hombre. El era el hombre que la amaba.
Pero ?como convencerla para que cambiara de opinion? ?Como podria hacer que lo deseara tanto como el la deseaba? ?Como conseguir que olvidara el pasado y aceptara un futuro junto a el?
Agito la cabeza ante su propia presuncion. Ni siquiera habia considerado la posibilidad de que cuando encontrara a «La Mujer» tal vez esta no estuviera de acuerdo con sus planes, no sintiera exactamente lo mismo por el. No, simplemente habia dado por hecho que las flechas de Cupido les alcanzarian a ambos simultaneamente y que nunca habria ninguna duda de que estaban hechos el uno para el otro.
Contuvo una carcajada sardonica. Claro, siempre habia pensado que se enamoraria de una muchacha inglesa
