Allie sintio una sensacion de inquietud en el estomago al pensar en Robert siendo padre. Con una esposa.

«?Inquietud? -se burlo su conciencia-. ?Idiota! Eso son celos.»

– Es bueno que sean las mujeres las que tienen los hijos -prosiguio Caroline mientras subian por la amplia escalera-. Cielos, si esa tarea la tuvieran que hacer los hombres, la humanidad se extinguiria. Al primer dolor de parto, ?pfffl -Chasqueo los dedos-. Se matarian inmediatamente.

Allie ahogo una risita, pero estaba demasiado ocupada intentando no perder pie en la amplia escalera mientras contemplaba el esplendor que la rodeaba.

– Es la mansion mas esplendida que he visto nunca. -Una gigantesca arana de cristal, que parecia soportar cientos de velas, lanzaba resplandores irisados sobre las paredes color crema. Mirara donde mirara, captaba algo encantador, pinturas, jarrones de porcelana adornados con fragantes flores, estatuas de marmol… Caroline doblo una esquina y ella la siguio. Pasaron ante un enorme espejo de marco dorado, donde Allie pudo captar su expresion boquiabierta.

– Elizabeth me describio Bradford Hall en sus cartas -dijo-, pero sus palabras no le hacian justicia. Me resulta extrano pensar en ella viviendo entre tanto lujo. Me alegro mucho de la suerte que tuvo al encontrar a tu hermano. Lo ama profundamente.

– Y Austin la adora -repuso Caroline-. No esta muy de moda, ?sabes?, que un hombre de su posicion se case por amor, pero fue amor a primera vista. -Exhalo un suspiro sonador-. Fue tan romantico… Y un noviazgo tan corto y apasionado. Pero eso no es sorprendente, porque los noviazgos fulgurantes son una tradicion familiar. Se detuvo ante una puerta y la abrio- Este sera tu dormitorio.

Allie cruzo el umbral y se quedo de piedra. La habitacion era asombrosa. Recubierta de marfil verde palido y dorado en su totalidad. Parecia el dormitorio de una princesa. Una alfombra persa de color verde oscuro y oro cubria el suelo. Un alegre fuego ardia en la chimenea de marmol, y los rayos del sol se colaban por los ventanales, que estaban flanqueados de cortinas de terciopelo verde. Una enorme cama con dosel dominaba la sala, con un cubrecama de saten color alabastro, bordado con hilo de oro. Un escritorio se hallaba cerca de la ventana, invitando a escribir cartas mientras se contemplaba el verde paisaje.

– Maravilloso -exclamo Allie, moviendose en un lento circulo.

Caroline senalo hacia un largo cordon que colgaba junto a la cabecera de la cama.

– Si necesitas cualquier cosa, de dia o de noche, tira del cordon. -La sonrisa de Caroline se apago mientras recorria con la mirada el negro vestido de Allie-. Elizabeth no menciono que hubieras sufrido una perdida reciente… Lo lamento.

Allie sintio calor en la nuca. Odiaba mentir, pero en algunos casos, la verdad era peor.

– Mi perdida no es reciente. Han pasado tres anos desde que mi marido… -Dejo que las palabras se perdieran, considerando, como habia hecho durante mucho tiempo, que si alguien sacaba conclusiones incorrectas, no era su culpa, y asi evitaba tener que decir una mentira completa.

Caroline parecio preocupada.

– Perdoname. No intentaba curiosear o despertar recuerdos penosos. -Se acerco a Allie y la tomo de las manos-. Pero tengo toda la intencion de que seas muy feliz durante tu estancia. ?Montas a caballo?

– Si. Y me gusta mucho.

– Entonces sugiero, en vista del esplendido tiempo que tenemos, que salgamos a cabalgar mientras los caballeros juegan al billar. ?Tienes ropa de montar?

Las mejillas de Allie se ruborizaron.

– Me temo que no.- Se miro el vestido negro-. ?No puedo llevar esto?

– Oh, si -la tranquilizo Caroline rapidamente-. Pero es una pena arriesgarse a que la ropa de diario se ensucie con el polvo y retenga el olor a caballo.- La miro de arriba abajo-. Tenemos una altura y un tamano similar. Me encantara prestarte uno de mis trajes de montar. -Antes de que Allie pudiera objetar, Caroline anadio-: No tengo ninguno negro, pero tengo uno marron oscuro.

Allie estaba indecisa. No deberia tomar prestada la ropa de otra persona. Pero la tentacion de ponerse algo que no fuera de color negro… deshacerse del manto exterior del luto, salir bajo el sol y cabalgar junto a aquella adorable joven, simpatica y sonriente, que tenia los mismos ojos que Robert, era casi abrumadora. Pero algo en su interior sabia que en cuanto diera aquel irrevocable primer paso, no habria vuelta atras.

– Muchas gracias, pero puedo ponerme uno de mis vestidos viejos -dijo antes de permitirse cambiar de opinion y ceder a la tentacion.

Caroline le apreto las manos y luego se dirigio hacia la puerta.

– La oferta sigue en pie, deberias reconsiderarlo. Me cambiare y me reunire aqui contigo en media hora.

– De acuerdo.

Caroline le sonrio desde la puerta.

– Me alegro tanto de que estes aqui, Allie. Te prometo que te mantendremos ocupada hasta que Elizabeth vuelva a estar en pie. Quiza para cuando volvamos del paseo, el bebe ya habra nacido. ?No seria maravilloso?

Un bebe… Allie reprimio el nostalgico anhelo que apoderarse de ella.

– Si.

Con un gesto y una sonrisa, Caroline se despidio. Allie se acerco a la ventana. Su dormitorio daba a la parte delantera de la mansion. El cesped se extendia a ambos lados en lo que parecia la curva infinita del camino de entrada flanqueado de arboles. El alegre trino de los pajaros resonaba desde las ramas, y las hojas brillaban con reflejos dorados bajo el sol de la tarde, mecidas por una suave brisa.

«0h. Elizabeth. Me alegro tanto por ti… Que hayas encontrado este lugar maravilloso y esta gente encantadora. Y que ahora esperes el nacimiento de tu segundo hijo. Te mereces toda esta felicidad.»

Y aunque sin duda le resultaba extrano imaginarse a Elizabeth rodeada de toda esa opulencia, si que la veia con facilidad en medio de ese marco pastoral.

Reposo la mirada sobre el camino empedrado. Hacia menos de una hora que ella habia avanzado en el carruaje por ese lugar y le habia pedido a Robert que se convirtiera en su amante. Una ola de calor la recorrio, cubriendola de anhelo, deseo e inquietud.

?Cual seria su respuesta? ?Estaria pensando en ello en ese mismo instante?

En cuanto Robert y Miles entraron en la sala de billar, Austin comenzo a hablar.

– Bien, Robert. La unica razon por la que estoy aqui es porque me has lanzado «la mirada». Es obvio que tienes que hablarme de algo. ?Que demonios puede ser tan importante? -exigio saber Austin.

Robert se paso las manos por el cabello. Cierto, casi habia hecho falta una ley del Parlamento para arrancar a Austin de su puesto, que el mismo se habia asignado, en el salon. No fue hasta que Robert le hizo la silenciosa senal, que los hermanos habian convenido de ninos para indicarse que algo no iba bien, que Austin habia aceptado ir a la sala de billar. Y aunque no tenia ningun deseo de aumentar las preocupaciones de Austin, no podia dejar pasar mas tiempo sin explicarle los desagradables incidentes de Londres.

Lo relato todo rapidamente hasta poner a Austin y Miles al corriente. Cuando finalizo su monologo, ambos lo miraron con expresion seria.

– No hemos tenido ningun problema durante el viaje desde Londres hasta aqui -dijo Robert-, pero tengo la impresion de que esto no ha acabado. Espero que, con Michael de camino hacia Irlanda con la nota y el magistrado buscando al culpable, no tardaran en apresar a ese canalla. Pero, mientras tanto, tenemos que tomar precauciones. No quiero que la senora Brown, o ninguna de las mujeres, salga sola hasta que este misterio se resuelva.

Austin asintio moviendo lentamente la cabeza.

– Avisare a los criados y les dire que informen de cualquier actividad extrana. -Puso la mano sobre el hombro de Robert-. Me alegro de que ninguno de los dos resultara herido. Has hecho muy bien en traer aqui a la senora Brown sana y salva.

Robert apreto los dientes.

– No lo suficientemente bien. Ese canalla podria haberla matado. -Apreto los punos-. No tendra otra oportunidad, te lo aseguro.

Se fijo en que Austin y Miles intercambiaban una rapida mirada inquisitiva.

– La senora Brown -repuso Austin lentamente, como si eligiera las palabras cuidadosamente- es sin duda una mujer de gran determinacion que lucha por aquello en lo que cree. Una virtud admirable, sobre todo en vista de

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