La mujercita rubia agito un dedo hacia Robert.

– Ya pensabamos que nunca ibas a llegar, querido hermano -le regano. Luego agarro las manos de Allie-. Madre tiene toda la razon. A todos nos parece como si ya la conocieramos.

– Muchas gracias, lady Eddington.

– Puff. Llamame Caroline.

– Sera un honor. Y por favor, llamame Allie. -Sonrio al marido de Caroline y le hizo una pequena reverencia-. Un placer, lord Eddington.

Este sonrio y dos profundos hoyuelos se le formaron en las mejillas.

– Lo mismo digo, senora Brown. -Hizo un gesto de asentimiento hacia Robert, y luego dijo por lo bajo-: Vuestra presencia es de lo mas oportuna. No he logrado entretenerle. Quiza tu lo consigas antes de que haga un agujero en la alfombra.

La mirada de Robert fue hacia el duque, que se aproximaba.

– ?Detecto una nota de desesperacion en vuestras voces?

Antes de que nadie pudiera contestar, el duque se unio al grupo. Robert y el se dieron la mano. Mientras lo hacian, Allie observo al hombre que habia ganado el corazon de Elizabeth. Era, en una palabra, impresionante. Alto, apuesto, atractivo. Y se hallaba a todas luces en un estado de panico tal que se le enternecio el corazon. El duque se volvio hacia ella y Allie se quedo sorprendida al notar su extraordinario parecido con Robert. Excepto que los ojos del duque eran grises. Y preocupados.

– Es un honor conocerlo, Excelencia -dijo, haciendo una reverencia-. Gracias por invitarme tan generosamente a su hogar.

El le tomo la mano e hizo una inclinacion de cabeza.

– El placer es nuestro, senora Brown. Ademas, esperar su llegada ha hecho que el animo de Elizabeth se mantenga alto. Esta ansiosa por verla. -Su mirada fue hacia la puerta-. ?He oido un grito? ?Era Elizabeth?

Caroline lanzo a Robert una mirada cargada de significado.

– Calmate, Austin. No ha sido un grito. El bebe aun tardara horas en llegar.

El duque palidecio y se paso las manos por el ya revuelto cabello.

– Vamos, viejo amigo -dijo Robert, poniendo una mano sobre el hombro de su hermano-. Pasemos a la sala de billar y dejemos que las damas se conozcan mejor. Vamos antes de que te arranques todo el cabello y Elizabeth se vea obligada a vivir con un calvo.

– Gracias, Robert, pero no estoy de humor para el billar.

Robert se volvio hacia lord Eddington.

– Como Austin tiene miedo de perder ante mi superior habilidad, ?puedo retarte a una partida, Miles?

Fue imposible no notar el alivio de lord Eddington.

– Sin duda. Hace rato que deseaba jugar, pero Austin declino mi invitacion. Es obvio que tambien tiene miedo de mi habilidad en la mesa de billar.

Robert lanzo un buido poco elegante.

Tu no tienes ninguna habilidad en la mesa de billar.

Lord Eddington abrio los brazos y se encogio de hombros.

– Pero Austin teme perder ante mi.

La mirada del duque paso de uno al otro.

– No creais ni por un segundo que no se lo que estais tramando. Y no va a servir de nada. No tengo ningunas ganas de jugar en un momento como este.

– Claro que no -exclamo Robert-. Pero tanto tocarte el cabello, tanto retorcerte las manos y tanto ir de arriba abajo esta alterando a madre y a Caroline. Y la alfombra Axminster que estas dejando raida es, segun creo, la favorita tanto de tu madre como de tu esposa.

– A mi tambien me gusta -anadio lord Eddington como ayuda.

– ?Lo ves? Es unanime -concluyo Robert-. Y piensa en lo feliz que se sentira Elizabeth cuando le digan que estas disfrutando en la sala de billar en lugar de destruir su alfombra favorita.

La fria mirada que el duque le lanzo hubiera podido congelar el aire. Allie observo a Robert y a su hermano mirarse fijamente durante un largo momento, y noto que una silenciosa comunicacion se establecia entre ellos.

Finalmente, el duque exhalo un largo suspiro.

– Muy bien. Ire a la sala de billar. Pero no creas que me vas a tener alli metido toda la tarde. -Apunto con el dedo a lord Eddington-. ?Miedo a perder contigo? Te podria ganar incluso con los ojos cerrados.

– Y yo te podria ganar a ti con los ojos cerrados. -Robert desafio a su hermano con una sonrisa de suficiencia.

El duque miro a Robert y enarco las cejas. -No es posible que creas eso.

– Oh, pues lo creo. De hecho, estaria dispuesto a apostar cinco libras. Claro que si tienes miedo…

– Sera un gran placer aliviarte del peso de un billete de cinco libras -repuso el duque con una sonrisa sarcastica-. Es mas, estoy dispuesto a aliviarte de un peso mayor. ?Digamos veinte?

Robert fruncio el entrecejo y se rasco la barbilla.

– ?Puedes permitirte perder tanto? Estas a punto de tener una boca mas que alimentar, ya sabes.

– Estoy seguro de que mis arcas podran aportar esa suma llegado el caso, aunque no llegara. La pregunta es: ?puedes permitirtelo tu?

– Si, pero no sera necesario.

– Uno de nosotros se equivoca -dijo el duque.

– Ciertamente. Y tu sabes que yo nunca me equivoco -replico Robert. Y se rasco la solapa con las unas con aire de suficiencia-. En realidad, creo que mi «siempre tengo razon» es una de mis cualidades mas atractivas, precedida solo por mi…

– Pomposidad desmesurada -intercalo el duque.

– Nooo -repuso Robert con el tono que se emplearia con un nino pequeno-. Precedida solo por mi extraordinaria, y me atreveria a decir imbatible, habilidad con el taco de billar.

– Realmente estas pidiendo que te sacuda con el taco -dijo el duque-. Te espero en la sala de billar. -Y salio de la habitacion con firmes zancadas.

Caroline, su esposo y la madre lanzaron suspiros de alivio.

– Gracias, querido -dijo la duquesa madre-. Ha estado comportandose como un oso enjaulado con una espina clavada en la pata desde que Elizabeth tuvo el primer dolor. Nos esta volviendo locos. -Alzo la mano y palmeo a Robert en la mejilla-. Una partida es justo lo que necesita para distraerse. Ya te dare yo las veinte libras.

Robert enarco las cejas.

– Que falta de fe, madre. ?Que te hace pensar que voy a perder la apuesta?

– Se que eres un buen jugador, querido, pero Austin tambien. ?Ganarle con los ojos cerrados? No pensaras que puedes hacerlo.

– Ya veremos. -Su mirada se poso en Allie-. Ya sabes que siempre juego para ganar.

Allie paso unos cuantos minutos intercambiando cumplidos con Caroline y su madre, y luego pidio que la excusaran.

– Me gustaria refrescarme un poco, si no les importa.

– Claro que no -dijo Caroline, rodeandola con el brazo-. Elizabeth te ha preparado el dormitorio de invitados marfil. Te llevare hasta alli.

– Yo me quedare aqui -dijo la duquesa madre con una regia sonrisa, y disfrutare de la tranquilidad y de la ausencia de paseos.

En cuanto torcieron hacia el corredor, Caroline se acerco mas a Allie y le hablo en confianza.

– Pobre Austin. Esta muy nervioso. Claro que los demas tambien estamos ansiosos, pero Austin es incapaz de ocultar su ansiedad.

– ?Hay algun problema…?

– Oh, no. Elizabeth esta muy bien. La comadrona nos informa cada cuarto de hora. Si no lo hiciera, Austin subiria como una locomotora y entraria sin mas en la habitacion. Los hombres son asi. Miles se comporto igual cuando nacio nuestra hija. Madre me ha dicho que nuestro padre tambien, y Claudine dice que William lo paso peor que ella. Y estoy segura de que Robert, a pesar de toda su calma jovial, sera un candidato perfecto para el manicomio en cuanto le toque el turno de la paternidad inminente.

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