sin complicaciones, que veneraria el suelo que el pisara. En lugar de eso, el destino le habia deparado una viuda americana cuya vida corria peligro, que no queria saber nada de los hombres ni del matrimonio y que lo comparaba con su difunto marido, criminal y adultero.

Lo que el destino le habia deparado era como escalar una montana muy alta.

Era una suerte que disfrutara con ese desafio. Y que siempre jugara para ganar.

Sin embargo, tenia la certeza de que si le ponia su corazon a los pies, le declaraba sus sentimientos y le pedia que se casara con el, ella saldria corriendo como un zorro perseguido por una jauria de sabuesos. No, necesitaba actuar despacio. Con cautela. Dejarla que se diera cuenta por si misma de que sentia las mismas cosas maravillosas por el que el sentia por ella. Porque el sabia que era asi. El destino no podia ser tan malvado como para permitir otra cosa. Ademas, recordaba claramente la prediccion de Elizabeth: que en Londres encontraria la felicidad que buscaba. Robert no tenia ninguna duda de que se referia a Allie. Bueno, pues la habia encontrado. Todo lo que le quedaba por hacer era mantenerla a salvo del loco que iba tras ella y convencerla de que su verdadero deseo era dejar su vida en America y quedarse en Inglaterra para casarse con un hombre al que casi no conocia.

Casi nada.

Allie notaba el peso de la mirada de Robert y luchaba por mantener una apariencia externa de tranquilidad. Le habia resultado casi imposible no mirarlo mientras estaba enfrascado en el libro, pero en ese momento, sin libro, resultaba dolorosamente evidente que estaba enfrascado en ella.

Un estremecimiento calido e indeseado la recorrio. En segundos, su rostro se sonrojaria y el sabria… sabria que ella era consciente de el y de que la estaba mirando. ?Sabria tambien que habia pasado la noche en vela, con la mente confusa y el cuerpo sufriendo por deseos lago tiempo olvidados? ?Deseos que, se temia, una vez despiertos, exigirian ser satisfechos?

Las imagenes se sucedian en su mente. Los primeros dias de su matrimonio. Habia ido al lecho timida e insegura, pero rapidamente David le hizo olvidar todas sus aprensiones. Le hizo conocer la pasion, y a pesar de todos sus otros fallos, no podia negar que habia sido un amante maravilloso. Le habia ensenado como satisfacerlo y a descubrir lo que la satisfacia a ella. Durante los primeros cuatro meses como marido y mujer no habia pasado ni una sola noche sin que hicieran el amor, explorando eternamente uno el cuerpo del otro. Y aunque su cuerpo siempre habia hallado la satisfaccion durante sus sesiones de sexo, algo faltaba… algo que no sabria nombrar. En lo fisico, David le daba todo aquello que ella ansiaba; sin embargo, todas las noches se acostaba esperando capturar ese esquivo elemento que faltaba, como si algo permaneciera mas alla de su alcance.

Habian hablado de hijos… Ella queria tenerlos desesperadamente, y el hecho de que no hubiera podido concebir era la unica nube sobre un brillante horizonte. Cuando le explico a David que le preocupaba ser esteril, el estuvo de acuerdo en que seguramente lo era, y destrozo todas sus esperanzas de convertirse en madre. David le dijo que no tenia importancia, que se tenian el uno al otro y eso era lo que contaba. Habia resultado tan convincente que Allie habia hecho todo lo posible por olvidar su decepcion y concentrar todas sus energias en el. Aunque no pudiera tener hijos, tenia a David, y el la hacia feliz.

Sintio angustia. Habia sido increiblemente estupida.

Cuando la pasion de David comenzo a desvanecerse, despues de aquellos primeros meses, ella habia aceptado sin cuestionarlas sus explicaciones, cada vez mas frecuentes, de que se hallaba cansado o de que no se sentia bien. Que estupida.

Despues de la muerte de David habia desterrado sin piedad todos los deseos y los anhelos femeninos que el le habia despertado. Y habian seguido dormidos. Hasta que el hombre que tenia enfrente los habia sacado de su hibernacion.

Habia intentado con todas sus fuerzas, mientras iba de arriba abajo por su habitacion, analizar sus emociones encontradas y darles sentido… convencerse de la imposibilidad de aquella atraccion. Su lucha interior habia continuado durante el inacabable viaje en el carruaje, pero habia llegado el momento de rendirse y enfrentarse a la verdad.

Robert despertaba en ella sentimientos que creia muertos hacia tiempo, pero que una vez despiertos no podia desoir. Nunca volveria a casarse, pero su condicion de viuda le otorgaba ciertas ventajas.

Podia tener un amante.

Un calor ardiente la recorrio con solo pensarlo. La idea se le habia ocurrido durante su incesante paseo de la noche anterior, pero la habia desechado por temor. Sin embargo, despues de pasar las ultimas horas solo a varios metros de el, aspirando su aroma almizclado y masculino cada vez que respiraba y sintiendose tan dolorosamente consciente de el que la piel le cosquilleaba, no podia negar la verdad por mas tiempo. Lo deseaba. De una manera que al mismo tiempo la estimulaba y la asustaba. De una manera que no podia pasar por alto. Y considerando lo que habian compartido la noche anterior, era evidente que el tambien la deseaba. Ambos eran adultos y sin ataduras; nadie resultaria herido. No tenia que preocuparse por quedarse embarazada. Y mientras fueran discretos…

En seis semanas dejaria Inglaterra, si no antes. Podian disfrutar el uno del otro durante ese tiempo. Luego una ruptura total e indolora. Sin emociones complicadas. Le dejaria que tomara su cuerpo y su mente, pero no su corazon. No importaba si el era un despreocupado o si en su pasado habia secretos. La suya seria solo una intima union fisica.

Su voz interior intento intervenir, objetar, pero la acallo firmemente. Si, una aventura seria lo mejor.

Pero ?como mencionar el tema? ?Deberia simplemente preguntarselo? ?Abordarlo como una proposicion de negocios? Apreto los labios. Dios, por muy violento que pudiera resultar pedirle que se convirtiera en su amante, seria una humillacion absoluta si el rechazara su oferta. Bueno, entonces tendria que asegurarse de que no pudiera rechazar la oferta.

La sombra de una sonrisa le tenso los labios al imaginarse en el papel de seductora. ?Que haria el si ella se levantara y fuera a sentarse en su regazo? ?Si le pasara la mano por el denso y oscuro cabello? ?Si rozara con los labios su encantadora y masculina boca?

«Te besaria hasta dejarte inconsciente. Luego te tocaria… en todos los lugares que lo estan deseando. Te arrancaria el vestido y luego…»

– ?Que tal es el libro?

Esas palabras, pronunciadas con voz ronca, la arrancaron de sus sensuales pensamientos. Alzo la cabeza y sus miradas se encontraron. Era la primera vez que lo miraba directamente desde la noche anterior, y el efecto de sus ojos azul oscuro y del inconfundible deseo que hervia bajo la inocente pregunta, creo aun mas confusion en los exaltados sentimientos de Allie.

Sintio arder las mejillas y el corazon se le detuvo por un instante. Trago saliva para encontrar las palabras.

– ?Disculpa?

– El libro. ?Te gusta?

?Libro? Miro hacia abajo y recobro la cordura.

– ?Oh! Si. Es maravilloso.

Una sonrisa lenta y devastadora alzo una de las comisuras de la boca de Robert.

– Es increible ese talento que posees. ?Tambien te lo enseno tu padre, como los malabarismos?

– ?Que talento?

En vez de responder, Robert cubrio el espacio que los separaba y le saco el libro de las manos. Si dejar de mirarla, dio la vuelta al delgado volumen y se lo devolvio.

Confusa, Allie miro el libro, las palabras correctamente impresas.

Sin duda los fuegos del infierno que le ardian en las mejillas la consumirian hasta convertirla en un monton de cenizas. Alzo la mirada de nuevo, y sus ojos se encontraron, pero en vez del humor y la burla que Allie esperaba encontrar, la mirada de Robert era intensa. Y totalmente seria.

– Sufro del mismo mal, Allie -susurro Robert.

Aquella musitada confesion se le clavo a Allie en el corazon. Y borro todas las dudas que pudiera haber tenido. Cerro el libro y lo dejo sobre cl asiento. Luego hizo acopio de todo su valor, respiro hondo y salto al negro abismo desconocido que se abria a sus pies.

– Creo haber dado con una solucion para curar nuestra mutua… afliccion.

– Por favor, no me dejes en suspense.

– Creo que deberiamos ser amantes -dijo, adoptando lo que esperaba que fuera un tono pragmatico.

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