las penalidades que ha sufrido por ello. Puedo entender por que Elizabeth y ella son intimas amigas, en ese sentido se parecen mucho.

– Si. Realmente es una mujer admirable -afirmo Robert, mirando a Austin fijamente a los ojos y sin importarle que su hermano sospechara lo que sentia por Allie. Si se salia con la suya, todos lo sabrian dentro de poco-. Si me excusais, voy a ver como estan las damas. Me asegurare de que Caroline no haya arrastrado a la senora Brown a alguna parte. -Le hizo un gesto a Austin-. Supongo que tu no saldras de casa.

– Supones bien -repuso Austin, pasandose los dedos entre los cabellos.

Robert le paso a Austin un taco reluciente y pulido.

– Ve practicando, hermano. Cuando regrese, voy a hacer que me debas veinte libras.

Robert encontro el salon vacio, y salio por el ventanal hacia la soleada terraza. Alli encontro a su madre disfrutando de un te con galletas acompanada de sus nietos. Pirata, el enorme perro, tumbado estrategicamente cerca de la mesa, se tragaba las galletas que le daban en cuanto llegaban al suelo, y a veces, antes de que llegaran tan lejos.

Robert alzo una mano para protegerse los ojos del brillante sol y busco con la mirada a Allie y Caroline. Vio con alivio sus siluetas en la distancia, avanzando hacia la terraza desde los establos.

– ?Tio Robbb! -chillo una vocecita. Robert devolvio su atencion a la mesa de hierro y vio a la hijita de dos anos de Caroline, Emily, saltar de la silla. La nina corrio hacia el y se tiro a sus brazos.

Robert la alzo y le dio una vuelta en el aire, riendose ante el placer de la nina.

– Ah, senorita Cosquillas, te he echado de menos -dijo una vez que hubo parado.

La nina le planto en la mejilla un beso dulce, risueno y lleno de galleta.

– ?Otra vez! -pidio.

Antes de que pudiera complacerla, James, el hijo de Austin y Elizabeth, se le pego a la pierna como un abejorro.

– Yo vuelta -exigio James, de tres anos, con toda la autoridad del heredero de un ducado.

– Bueno, y aqui tenemos a lord Revoltoso. -Alzo al nino y se lo coloco en el otro brazo, luego empezo a girar en circulos hasta que sus pasajeros se quedaron sin aliento. Cuando se detuvo, el mundo aun le daba vueltas.

James le dedico una sonrisa torcida.

– Toy mareado.

– Yo tambien -repuso Robert riendose-. ?Que te parece una galleta, hombrecito? Tengo hambre despues de tantas vueltas. -Dejo al nino en el suelo y James corrio inmediatamente, y de un modo bastante inestable, hacia la mesa.

Emily, todavia en brazos de Robert, le coloco las manos extendidas sobre las mejillas y le hizo volver la cabeza para tener toda su atencion. Robert tuvo que sonreirle. Le hizo la carota que sabia que tanto le gustaba y luego la beso ruidosamente en el suave cuello. Emily grito encantada, agarrandose a dos mechones del pelo de Robert.

– Oh, eres una galleta -dijo Robert, abriendo mucho los ojos ?Te comere! -Puso la cabeza entre la barbilla y el hombro de la nina e hizo exagerados ruidos de masticacion.

Se agacho hasta quedar de rodillas e inmediatamente James se le subio a la espalda, galleta en mano, y gritando: «?Caballito!» Pirata fue hacia el trio, meneando la cola y siguiendo el reguero de migas azucaradas que James dejaba a su paso. Saludo a Robert con una sonrisa canina y un amistoso lametazo en la mano.

Riendo, Robert alzo la mirada, y se quedo de piedra. Allie y Caroline estaban subiendo los escalones de la terraza. Caroline hablaba y Allie movia la cabeza asintiendo, con una de sus escasas sonrisas dibujada en el rostro. El corazon de Robert se detuvo un instante y luego se desboco. Allie estaba radiante y feliz, Joven y despreocupada… la muchacha del dibujo.

Robert sintio que el mundo a su alrededor se desvanecia. Excepto ella. Y entonces ella lo miro.

Allie trastabillo al encontrarse directamente con la intensa mirada de Robert. Una nina que parecia una version en miniatura de Caroline estaba sentada sobre el brazo del joven, despeinandolo con sus manitas. La nina habia levantado dos mechones de su oscuro pelo que parecian los cuernos del diablo. Un nino, que tenia que ser el hijo de Elizabeth, colgaba de la espalda de Robert, exigiendo su atencion, mientras que un enorme perro le lamia la mano.

Pero la atencion de Robert estaba unicamente centrada en ella. Un escalofrio de reconocimiento paso entre ellos, asustandolos con su intensidad. Allie aparto la mirada y observo a los ninos. Era evidente que lo adoraban, y el a ellos. Allie sintio que se le formaba un nudo en la garganta. Aquel hombre seria algun dia un padre maravilloso.

La voz de Caroline rompio el hechizo y la saco de su estupor.

– Ese diablillo es mi hija Emily -explico sonriendo-. Y el otro diablillo, el mas pequeno -dijo, senalando a Robert y al nino-, es James, el hijo de Elizabeth y Austin.

– Son encantadores -afirmo Allie. De repente, el perro alzo la cabeza para mirarla y Allie dio un respingo.

– No te asustes -dijo Caroline mientras el enorme animal se acercaba a ellas con la lengua fuera-. Pirata puede que sea enorme, pero es muy bueno.

– No me asusta -le aseguro Allie. Acaricio el blanco pelaje de Pirata y recorrio con el dedo el borde de la mancha negra que tenia sobre el ojo izquierdo, la unica mancha de color en todo el blanco pelaje. Ese debia de ser el perro al que Robert habia llamado Caballo Ladrador-. Lo cierto es que me siento como si estuviera saludando a un viejo amigo. Se parece muchisimo a Patch, el perro que Elizabeth tuvo desde pequena. Lo dejo con mi familia cuando se traslado a Inglaterra. Era demasiado viejo para hacer todo el viaje. -Rasco al perro detras de las orejas y la cola de este se agito de placer-. Lo queriamos mucho.

– Austin sabia cuanto echaba de menos Elizabeth a su perro, asi que busco por toda Inglaterra hasta encontrar uno que se pareciera a su querido Patch.

– Pues lo consiguio -murmuro Allie, sonriendo mientras Pirata la miraba con una expresion de adoracion con la que tambien le pedia que siguiera rascandole las orejas. Una sensacion que Alile no pudo describir la invadio al saber que el duque se habia esforzado tanto para complacer a Elizabeth. Allie sabia lo mucho que le habia costado a Elizabeth separarse de Patch.

«No hubiera tenido que hacerlo de no ser por mi… si yo no la hubiera obligado a marcharse.»

– Bueno, creo que ya conoces a todos los miembros de la familia -dijo Caroline.

– No a todos -dijo una profunda voz a su espalda.

Todos se volvieron. El duque se hallaba ante la puerta de la cristalera, con una sonrisa de felicidad, alivio y cansancio.

– Acabo de bajar del cuarto de Elizabeth. Hay un nuevo miembro de la familia que todos tendreis que conocer.

14

Despues de que la duquesa madre, Caroline, su esposo y Robert visitaran a Elizabeth y al nuevo miembro de la familia, Allie se detuvo en el umbral del agradable dormitorio de paneles de nogal, intentando contener las lagrimas ante la imagen que veia. Elizabeth sentada en la cama, apoyada sobre una montana de blandos almohadones con bordes de encaje y con el cobertor color marfil a la altura de la cintura. Se la veia limpia y fresca, sin ninguno de los signos externos del parto. El cabello color caoba estaba recogido en una sencilla trenza y vestia un exquisito camison amarillo palido. Aunque no se podia negar que parecia cansada, la rodeaba un aura maternal que le daba un aspecto de serena belleza. Sonreia al pequeno fardo de color rosa que sostenia en los brazos. El duque se hallaba sentado en el borde de la cama, rodeaba con su fuerte brazo a Elizabeth, y mantenia la cabeza junto a la de ella. La mirada del duque alternaba entre su esposay su hijita recien nacida con evidente adoracion. Era un hombre enamorado de las dos mujeres de su vida.

Hacia rato que el sol se habia puesto, y la unica iluminacion del cuarto provenia de las ardientes llamas de la chimenea y de los candelabros colocados sobre la mesilla. El parpadeante resplandor enmarcaba a los orgullosos padres en una hermosa estampa dorada de felicidad, ante la que Allie se sentia feliz y envidiosa al mismo tiempo,

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