cabeza atras, cerro los ojos y se perdio en las sensaciones que la llenaban. Pero no paso mucho hasta que las embestidas ascendentes de Jackson ganaron impetu y su control se evaporo. El ritmo aumento y al sentir los primeros indicios de liberacion, no fue capaz de contener una exclamacion de placer.

– Ahora -susurro.

El orgasmo la conquisto con palpitaciones veloces por todo su sistema. Las manos de el se cerraron con mas intensidad sobre sus caderas y, con un grunido bajo, enterro la cara entre sus pechos. Ella le abrazo la cabeza y lo mantuvo pegado contra su martilleante corazon, temblando con los deliciosos estremecimientos que todavia la recorrian.

Cuando su respiracion recupero algo parecido a la normalidad, abrio los brazos. Jackson alzo el menton y le dedico una media sonrisa perversa.

– Vaya. He de decirte, Riley, que haces que el estereotipo de contable aburrida se vaya por el desague de la banera.

– Soy aburrida en el trabajo.

– Debe de ser el material, no la mujer, porque de aburrida no tienes nada.

– Gracias -le paso la yema del dedo por la nariz y sonrio-. Y ahora, si que estoy preparada para ese donut.

A ultima hora del lunes por la manana, despues de un productivo desayuno de trabajo con Marcus Thornton y Paul Stanfield en el que se discutieron proyectos futuros, Jackson subio con los dos en el ascensor hasta las oficinas de Atlanta, para que pudiera conocer a los miembros del personal.

– Tenemos un gran grupo aqui -comento el presidente-. De primera.

Ni por un momento dudaba de que Marcus, que llevaba en el negocio de los edificios comerciales desde hacia mas de treinta anos y era muy respetado, dispondria de una excelente unidad de apoyo. Esperaba que sus esfuerzos de unir Prestige con Elite resultaran en una fusion que catapultara mas su carrera.

Salieron del ascensor e iniciaron la ronda.

Conocio a algunos ejecutivos nuevos y renovo el contacto con algunos otros que habian asistido al almuerzo en la casa de Marcus en el lago. Cada vez que se dirigian a un grupo nuevo de despachos o cubiculos, el corazon se le disparaba y se preguntaba si se encontraria con Riley.

Santo cielo, no se la habia quitado de la cabeza en ningun momento. Las imagenes de ellos haciendo el amor llenaban cada rincon de su mente, dificultandole la concentracion. Al seguir a Marcus y a Paul y girar por la ultima esquina, al instante vio la placa de laton que ponia Riley Addison en el ultimo despacho. La puerta estaba abierta y Marcus llamo con suavidad a medida que los tres entraban.

– Buenos dias, Riley.

Ella dejo de teclear datos en el ordenador y giro en el sillon para mirar a sus visitantes.

Y las mariposas despertaron en el estomago de el.

Con elegancia se incorporo y sonrio.

– Buenos dias, Marcus. Paul. Jackson.

Nada en su expresion o su voz delato que apenas unas horas atras habian estado desnudos juntos. Le molesto saber que su estado era casi febril cuando ella mantenia la calma y la ecuanimidad.

– He traido a Jackson para que vea las oficinas y conozca a parte del personal antes de marcharse al aeropuerto -indico Paul.

– ?Que te parece nuestra oficina, Jackson?

– Bien organizada. Muy abierta e interactiva -le sonrio-. Gente muy agradable.

Marcus miro su reloj y dijo:

– Paul y yo tenemos una conferencia en cinco minutos, asi que debemos irnos. Riley, ?te importaria acompanar a Jackson hasta los ascensores?

– No hay problema -respondio.

Despues de estrecharse las manos, Jackson se encontro a solas con ella. Mirandola. Con el corazon martilleandole. Y, algo inusual en el, sin saber que decir.

Ella rodeo el escritorio y se apoyo contra la madera oscura. La falda le llegaba justo por encima de las rodillas y llevaba unas sandalias amarillas de tacon alto que hacian cosas increibles a sus ya increibles piernas. Jackson no entendia como todos los hombres de Atlanta no hacian cola ante su despacho.

Carraspeo y con la cabeza indico la montana de papeles que tenia en su escritorio.

– Parece que estas agobiada.

– Un poco. He estado trabajando a destajo en una presentacion para una reunion con Paul manana por la tarde -esbozo una media sonrisa-. Creo que sufro de un severo caso de envenenamiento de Power Point.

El rio.

– Me quedan unos quince minutos antes de tener que marcharme para el aeropuerto y estoy desesperado por un cafe. Pensaba en tomar uno en la cafeteria de abajo. ?Te apetece acompanarme?

– La verdad es que yo tambien necesito la cafeina. Yo, mmm, no dormi mucho anoche.

– En ese caso, pediremos dos capuchinos dobles.

Intercambiaron una mirada de percepcion sensual y Jackson apenas resistio el impulso de aflojarse la corbata que subitamente lo ahogaba. Entonces, ella se aparto de la mesa y paso junto a el de camino al pasillo, dejando una sutil fragancia a vainilla a su paso. La siguio, tratando, sin exito, de fijar la vista en su nuca y no en su trasero. Despues de pasar delante de la mesa de la recepcionista, cruzaron unas pesadas puertas de cristal y fueron hacia los ascensores. Riley apreto el boton de bajada.

Mirandole el perfil, dijo las palabras que habian estado reverberando toda la manana en su cabeza.

– Anoche fue… asombroso.

Ella giro la cabeza y el percibio el destello de calor en su mirada.

– Por usar una de tus frases, lo mismo digo.

– Cuando desperte, ya no estabas -lo habia sorprendido lo mucho que lo habia molestado, lo fria y sola que habia parecido la cama sin ella. Lo mucho que habia deseado que fuera lo primero que viera al despertar.

– Necesitaba ir a casa a dormir unas horas antes de prepararme para el trabajo. Pense que podrias despertarte cuando me despedi con un beso, pero estabas profundamente dormido.

– Porque alguien me agoto.

– ?Es una queja? -pregunto con un brillo burlon en los ojos-. Porque podemos pasar por el departamento de reclamaciones. Esta en la tercera planta.

El se acerco.

– Si, porque odio cuando una mujer hermosa y sexy me hace el amor hasta que me deja sin poder mover un musculo.

Las puertas del ascensor se abrieron y entraron en el habitaculo vacio. En cuanto se cerraron, Jackson cedio al deseo que lo carcomia y la pego a la pared.

– Buenos dias -dijo, luego la beso intensamente, buscando recuperar el delicioso calor que habia probado la noche anterior.

Ella gimio y le devolvio el beso, rodeandole la cintura con los brazos y bajando las manos para aferrarle el trasero y pegarlo con fuerza contra ella. El cuerpo de Jackson reacciono con celeridad y la sangre bajo a su entrepierna; con un gemido, acaricio esas curvas femeninas que habia explorado la noche anterior.

Un debil «ding» atraveso la bruma de lujuria que lo engullia. Con un jadeo, ella quebro el beso y se aparto de el con celeridad, alisandose la blusa y la falda. Con un mueca, el la imito lo mejor que pudo, agradecido de llevar un traje cruzado, ya que la chaqueta camuflaba su estado de excitacion. Las puertas se abrieron y cruzaron el suelo de marmol de color verde oscuro del vestibulo.

– No estoy segura, de necesitar todavia el capuchino -comento ella con un murmullo ronco al tiempo que lo miraba de reojo-. Ese beso ha representado una sacudida potente.

Entraron en la cafeteria y despues de que el pidiera dos cafes, Riley le sonrio al cajero y dijo:

– Y dos donuts, Michael.

Este le sonrio.

– Marchando, Riley.

– Compran los donuts en Lo Mas Dulce -le explico ella a Jackson-. Pense -que quiza quisieras uno para el camino…

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