habia junto a la barra y, mientras se lavaba las manos, se miro en el espejo. Ya no era una chica asustada con el corazon roto. Era mucho mas fuerte que en su epoca de adolescente. No estaba alli para rememorar su pasado, pero tampoco iba a evitar los recuerdos. Estaba alli para contarle a Jack todo lo referente a Nathan. Queria pedirle disculpas y esperaba que el entendiese sus motivos. Sin embargo ahora tenia bastante claro que Jack no solo no iba a entenderlo sino que no tenia intencion alguna de ponerselo facil. Aun asi, debia hacer lo correcto. No queria seguir manteniendolo en secreto.

Se retoco el carmin de los labios y metio el pintalabios en el bolso. No le importaba que Jack se pusiese hecho una furia. Incluso puede que ella se lo mereciera, pero sobreviviria a sus embestidas. Habia tenido que lidiar con lo peor que podia reservarle la vida y nada de lo que hiciese Jack seria tan duro como eso.

Daisy se detuvo en la barra del bar y pidio una copa de vino; despues se dirigio de nuevo hacia la mesa nupcial.

Jack estaba de pie en el salon principal, apoyandose con el hombro en la pared. Sujetaba el telefono movil con una mano; la otra la tenia metida en el bolsillo. Alzo la mirada y vio que Daisy se acercaba a el.

– Muy bien -dijo por el telefono-. Te vere el lunes por la manana, a primera hora.

El primer impulso de Daisy fue pasar de largo a toda prisa, pero en lugar de eso se detuvo.

– Hola, Jack.

El corto la comunicacion y se metio el telefono movil en el bolsillo.

– ?Que quieres, Daisy?

– Nada. Solo me muestro cordial.

– Yo no quiero ser «cordial» contigo. -Jack se aparto de la pared y saco la mano del bolsillo-. Pense que lo habia dejado suficientemente claro anoche.

– Oh, si. -Daisy bebio un sorbo de vino y le pregunto-: ?Como esta Billy? -Practicamente todo lo que recordaba del hermano de Jack eran sus brillantes ojos azules y su cabello rubio.

Jack miro hacia el salon por encima de la cabeza de Daisy.

– Billy esta bien.

Ella espero a que completase la breve explicacion, pero no lo hizo.

– ?Esta casado? ?Tiene hijos?

– Si.

– ?Donde esta Gina? -Miro a Jack directamente a los ojos; en ese momento parecian mas grises que verdes, tal vez debido al reflejo del traje.

– En el Slim Clem’s, supongo.

– ?No ha venido a la boda?

– No la veo por aqui.

Bebio otro sorbo de vino. Iba a ser amable con el aunque le costase la vida. O aunque tuviese que matarle.

– ?No la has traido contigo?

– ?Por que tendria que haberlo hecho?

– ?No es tu novia?

– ?Que te ha hecho pensar eso?

Ambos sabian lo que le habia llevado a pensarlo.

– No se, tal vez que anoche llevaba puesta una de tus camisas… y nada mas.

– En eso te equivocas. Tambien llevaba un tanga de encaje. -En su boca se dibujo una leve sonrisa de medio lado; el muy imbecil estaba intentando provocarla-. Y en el rostro una sonrisa de satisfaccion. Te acuerdas de esa sonrisa, ?verdad, Daisy?

No iba a perder la calma, era justo lo que el queria.

– No seas engreido, Jack Parrish. No eres tan memorable.

– ??De que hablas?! Yo me referia a la sonrisa de Gina. -Sonrio entonces abiertamente y junto al rabillo de los ojos se le formaron pequenas arrugas de expresion-. ?A que te referias tu, florecita?

Ambos sabian que no se habia referido a la sonrisa de Gina.

– No has cambiado nada desde el instituto. -Daisy le dedico una mirada fulminante y decidio alejarse antes de perder la calma y decirle algo de lo que tal vez se arrepintiera despues. Algo como que ya era hora de que creciera.

Jack la miro mientras se alejaba. Su sonrisa se esfumo y fijo la mirada en el cabello rubio, liso y suave de Daisy, luego en la parte trasera del vestido rojo y finalmente en sus nalgas y sus muslos. ?Quien demonios se creia que era para juzgarle? Adquiria la costumbre de acostarse con el, le juraba amor eterno y luego se casaba con su mejor amigo la misma semana en que habian fallecido sus padres. Tal como el lo veia, algo asi solo podia hacerlo una zorra sin corazon.

Daisy desaparecio en el salon y Jack espero unos segundos antes de seguirla. Ahora, con treinta y tres anos, Daisy estaba mucho mas guapa que a los dieciocho. Habia podido comprobarlo la noche anterior, en la cocina de su casa, y tambien en ese mismo instante. Seguia teniendo el pelo de un rubio radiante, pero ya no lo llevaba largo rizado e inmovilizado por la laca. Ahora lo llevaba liso y le daba un aspecto muchisimo mas sexy. Habia crecido un par de centimetros, debia de medir un metro setenta, pero seguia moviendose como si todavia fuese la reina del Festival de la Rosa de Lovett. Sus grandes ojos tenian aun aquel tono caoba, pero habian perdido el punto de inocencia y pasion que en otros tiempos tanto le habia fascinado.

Jack recorrio el pasillo y entro al salon. Marvin le detuvo para comentarle algo relativo al Ford Fairlane del 67 que acababa de comprarse.

– Conserva el 427 original -le dijo mientras Jed y los Rippers tocaban una cancion de Jim McGraw que hablaba de una chica en minifalda.

Como si de un iman se tratase, la mirada de Jack acabo encontrando a Daisy. Estaba en un costado del salon charlando con J.P. Clark y su esposa, Loretta. Aunque no era muy cenido, el vestido rojo de Daisy destacaba las marcadas curvas de su anatomia. Apenas habia ganado peso. No tenia los muslos fofos ni el trasero flacido, y eso, paradojicamente, suponia un gran problema para Jack.

Durante anos habia logrado olvidarse de ella y de Steven. Los habia enterrado en su recuerdo y habia seguido adelante con su vida. Pero ahora ella estaba alli, desenterrandolo todo con su mera presencia.

Cal Turner se acerco a ella y Daisy lo siguio hasta el centro de la pista de baile. Todos sabian que Cal era un depravado y que probablemente interpretaria la presencia de todos esos botones en el vestido de Daisy como una invitacion a desabrocharlos. Tal vez era eso lo que ella deseaba; ligar con Cal. A Jack no le importaba. No era cosa suya.

– Hay que cambiar la capota de vinilo -dijo Marvin, y a continuacion se puso a hablar del interior del coche.

Cal cogio a Daisy por la cintura y ella le sonrio. Los destellos de la bola de cristal le acariciaron las mejillas y tambien el pelo. Sus labios rojos se abrieron al reir. Daisy Lee Brooks, la fantasia de cualquier mente calenturienta del instituto Lovett, habia vuelto a la ciudad, atrayendo todas las miradas y creando falsas esperanzas con una simple sonrisa.

Hay cosas que no cambian nunca.

Pero ahora ella ya no era Daisy Lee Brooks, sino Daisy Monroe, y tenia un hijo. Un hijo de Steven. Jack no sabia decir por que, pero eso le habia sorprendido. No deberia haber sido asi. Por supuesto que tenian un hijo. Si se paraba a pensar en ello, lo verdaderamente asombroso era que solo hubiesen tenido uno.

De forma inesperada e indeseada, le vino a la memoria el recuerdo del vientre plano de Daisy. Recordo cuando besaba su piel desnuda, justo por encima del ombligo, con los ojos clavados en su rostro, el destello de pasion que se encendia en sus ojos mientras el, poco a poco, iba descendiendo, fijando la mirada en sus labios humedos y ansiosos.

– Perdona -le dijo a Marvin cuando empezo a hablar apasionadamente de los dos carburadores del Ford.

Jack camino hacia la puerta y salio del salon. Recorrio el pasillo y salio fuera del club de campo. El suave aire de aquella noche de junio le acaricio el rostro. El zumbido de los insectos rompia el silencio. Habia una especie de laguito a la derecha de Jack y las luciernagas destellaban, como luces navidenas, sobre el campo de golf. Le atrapo el recuerdo de Steven, Daisy y el mismo cazando luciernagas. Fue antes de que los insecticidas redujesen de forma drastica el numero de insectos, cuando todavia era relativamente sencillo meterlas en tarros de cristal.

Вы читаете Daisy Vuelve A Casa
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату