hermanos.
Bueno, Jack sin duda se contaba entre ellos.
A Jack siempre le habia acompanado un halo de locura. No tenia bastante con ir a todo trapo con la moto, necesitaba soltar las manos del manillar o ponerse de pie sobre el asiento. No le bastaba con perseguir los remolinos de polvo, tenia que salir a jugar cuando el servicio meteorologico habia pronosticado tornados de fuerza uno. Creia que era invencible, una especie de superhombre.
Steven era mas atrevido que Daisy, pero no llegaba a hacer ni la mitad de cosas que Jack. Nunca se habia roto una pierna tras saltar desde el tejado de su casa sobre un lecho de hojas. Ni tampoco le habia colocado un motor de motocicleta a un kart de fabricacion casera y se habia paseado por el pueblo como si estuviese en un circuito de carreras.
Jack si habia hecho todas esas cosas. Las habia hecho a pesar de saber que su viejo se pondria furioso. Ray Parrish siempre era severo con Jack, pero este estaba convencido de que valia la pena pasar por eso.
Steven Monroe siempre tomaba precauciones, era mas serio y cumplidor; Jack, en cambio, vivia a toda velocidad, como si tuviese prisa por llegar a alguna parte.
Tener por amigo al chico mas alocado de la escuela fue divertido. Mantener una relacion sentimental con el fue un tremendo error.
Un error por el cual Daisy, Steven y Jack habian tenido que pagar un alto precio.
Capitulo 3
El club de campo de Lovett estaba ubicado en un extremo del campo de golf de dieciocho hoyos. Dos hileras de olmos flanqueaban el camino que conducia hasta el edificio principal. Los visitantes tenian que cruzar un puente para llegar a la puerta de entrada. Un pequeno riachuelo corria por debajo del puente para acabar desembocando en un lago cubierto de nenufares, cuyos tallos rojos y blancos se mecian en la lenta corriente.
A las ocho y media, Daisy dejo el coche en el aparcamiento, junto a un Mercedes. Era la primera vez que salia desde que Steven habia fallecido y se sentia algo extrana… Como si se hubiese olvidado algo en casa. Era parecido a la sensacion que solia asaltarla cuando estaba en la cola del aeropuerto dispuesta a embarcar: por un momento temia haberse olvidado el billete encima de la mesa del comedor, a pesar de saber que lo llevaba encima. Se pregunto cuanto tardaria en desaparecer de su vida esa sensacion. Probablemente hasta que se acostumbrase a salir sola.
Y a tener citas. En ese caso esa sensacion iba a acompanarla para siempre, porque nunca iba a estar preparada para eso.
Daisy cruzo las puertas de cristal y, despues de atravesar el restaurante, al pasar por el largo corredor que conducia al salon de banquetes, observo el reflejo borroso de su imagen en la barandilla de metal. Llevaba un vestido de coctel rojo, sin mangas, que le habia prestado Lily. Daisy era unos cuantos centimetros mas alta que su hermana, que media poco menos de metro sesenta, y tenia algo mas de pecho. El rojo no era el color mas adecuado para un banquete de boda, pero los demas vestidos de Lily o le iban demasiado cortos o le marcaban demasiado el busto.
Una hilera de botones forrados de seda recorria uno de los costados del vestido, desde el dobladillo hasta la axila, y del hombro llevaba colgado un pequeno bolso rojo de su madre con una larga cadena dorada.
Daisy dejo el regalo que habia comprado esa misma tarde sobre la mesa que habia junto a la puerta y se adentro en el salon. Parecia una fiesta de bodas bastante tradicional. Un fotografo iba de un lado para otro sacando instantaneas de los presentes con una camara digital.
Unas doscientas personas brindaron por la feliz pareja alzando sus copas de champan. Los adornos dorados estaban por todas partes, y en las meas, redondas y cubiertas con manteles blancos, habia encendidas velas de colores. A la izquierda de Daisy habia varias hileras de fuentes con pollo rustido, rosbif, verduras y cebolletas. La mayoria de los presentes estaban sentados, pero habia unos cuantos que andaban de un lado para otro.
El fotografo de la boda no utilizaba una
– … Por Jimmy y Shay Calhoun -exclamo alguien.
Daisy cogio una copa de champan y dejo de prestarle atencion al fotografo. Tras hacer un repaso visual de los invitados se llevo la copa a los labios, procurando no difuminar el carmin. Daisy sonrio al ver a su antigua amiga del instituto: con ese vestido se diria que Sylvia acababa de salir de un haren. Tenia un aspecto rotundo. No es que estuviese gorda; estaba embarazada. Muy embarazada. Parecia algo cansada, pero Daisy la vio tan mona como siempre, a pesar de que era mas baja de lo que la recordaba. Seguia llevando el pelo largo y el flequillo fijado.
Shay estaba muy hermosa con aquellos rizos estilo Tejas que le acariciaban los hombros y el velo que flotaba a su alrededor, suave como una nube. Jimmy Calhoun tenia mucho mejor aspecto que en el pasado. Claro que quiza solo se debia a que se habia aseado antes de enfundarse en el esmoquin. No habria puesto la mano en el fuego, pero el rojo de su cabello era uno o dos tonos mas oscuro que antes, y no habia ni rastro de canas.
– Disculpe -le dijo alguien a su espalda.
Daisy reconocio la voz al instante. Se aparto ligeramente de la puerta, volvio la cabeza y poso la mirada primero en la definida linea que formaban los labios de Jack Parrish y a continuacion en sus hermosos ojos.
El se quedo mirandola a los suyos y, al pasar junto a ella, la manga de su americana gris marengo le acaricio la piel del brazo. Jack se habia quedado tan sorprendido que se detuvo por un instante, una fraccion de segundo, y, en el fondo de sus ojos, a Daisy le parecio distinguir un destello de calor. Pero se desvanecio enseguida y Daisy empezo a pensar que no habia sido mas que el reflejo de los candelabros que pendian sobre sus cabezas o de alguna de las velas que habia alli encendidas. Paso de largo, y ella se quedo mirando sus anchos hombros y su nuca mientras Jack se abria paso entre la multitud en busca de la novia y el novio. El cabello oscuro le rozaba el cuello de la camisa y parecia como si lo hubiese peinado con los dedos, como si se hubiese quitado el sombrero hacia solo un instante, lo hubiese dejado en el asiento del coche y se hubiese pasado las manos por el cabello. Con traje, se diria que acababa de salir de una revista de moda. Y, como siempre, avanzaba con paso lento y tranquilo, dando a entender que no tenia prisa por llegar a ninguna parte. Una leve comezon, que tenia poco que ver con el aspecto de Jack, pero todo con lo que representaba para ella y para su hijo, se instalo en su estomago.
– ?Daisy Lee Brooks! -exclamo Sylvia; Daisy se volvio al instante-. Has venido. -La potencia de la voz de Sylvia no se correspondia con su aspecto delicado, pero gracias a eso se habia convertido en una estupenda animadora.
Daisy rio y avanzo hacia Sylvia. Intento no colocarse detras de Jack, que en ese momento estaba hablando con el novio. Abrazo a su amiga y al senor y la senora Brewton. Sylvia le presento a su marido, Chris, y dijo:
– Supongo que te acuerdas de Jimmy Calhoun.
– Hola, Daisy. -Jimmy sonrio; ya no llevaba aparato dental-. Estas estupenda.
– Gracias. -Le dedico una mirada de soslayo a Jack, que actuaba con toda naturalidad como si ella no existiera. Bajo la vista hasta sus hombros y al retazo de camisa azul que se apreciaba entre las solapas de la americana del traje. No llevaba corbata. Volvio a centrarse en el novio-. Tu tambien tienes muy buen aspecto. No puedo creer que te hayas casado con la pequena Shay Brewton. Todavia recuerdo cuando Sylvia y yo intentamos ensenarte a montar en bicicleta y te estrellaste contra un arbol.
Shay se echo a reir, y Jimmy dijo:
– Apuesto a que suponias que a estas alturas ya debia de estar en la carcel.
En septimo, Jimmy y sus hermanos se metieron en el Monte Carlo de su padre, se bajaron los pantalones y ensenaron sus traseros desnudos a todos los alumnos de la escuela secundaria. En decimo, Jimmy llamo a la escuela para avisar de una amenaza de bomba porque queria salir un par de horas antes. Le pillaron porque utilizo la cabina publica que habia junto al despacho del director.
– Jamas se me habria pasado por la cabeza.
