Sylvia estallo en una carcajada, porque sabia perfectamente lo que su amiga pensaba. Daisy se sintio algo mas relajada. La comezon que sentia en el estomago se suavizo. No era ni el momento ni el lugar para hablarle Jack de Nathan. Lo mejor era olvidarse de la idea, y relajarse. Divertirse con los viejos amigos… Hacia mucho tiempo que no se divertia.

– Jack, ?te acuerdas de cuando nos detuvieron a Steven, a ti y a mi por hacer carreras en la vieja autopista? -pregunto Jimmy.

– Como no. -Se subio un poco la manga de la americana y miro la hora en su reloj.

– ?Estuviste alli aquella noche, Daisy?

– No. -Le echo otra mirada al hombre que tenia al lado-. No me gustaba que Steven y Jack hiciesen carreras con los coches. Me daba miedo que tuviesen un accidente.

– Yo siempre controlaba. -Jack coloco la mano a un costado y sus dedos rozaron el vestido de Daisy. Bajo la vista y la miro; no habia expresion alguna en sus ojos-. Nunca me paso nada.

Sin embargo, estando con el siempre acababa ocurriendo algo.

– Lamente mucho lo de Steven -dijo Jimmy; Daisy le miro de nuevo-. Era un buen tipo.

Daisy nunca sabia que responder ante esa clase de comentarios, asi que se llevo la copa a los labios.

– Shay me dijo que fue por un tumor cerebral.

– Si. -Tenia un nombre tecnico, glioblastoma, y sus consecuencias siempre eran fatales.

– Hacia tempo que queria ir a ver a tu madre para saber como estabas -le dijo Sylvia.

– Estoy bien. -Lo cual era cierto. Estaba bien-. Dios bendito, ?cuando va a salir la criatura que llevas ahi dentro? -le pregunto a Sylvia para cambiar de tema.

– El mes que viene. -Se froto el abultado vientre-. Ya estoy mas que preparada. ?Tienes hijos?

– Si. -Era muy consciente de la presencia de Jack, de la manga de su americana casi rozando su brazo; un leve movimiento y notaria la textura de la tela contra su piel-. Tengo un hijo, Nathan -anadio sin revelar su edad-. Se ha quedado en Seattle con Junie, la hermana de Steven, y su marido, Oliver. -Miro a Jack y descubrio que la sorpresa se habia instalado en sus ojos y tenia una ceja levantada-. Te acuerdas de Junie, ?verdad?

– Por supuesto -respondio Jack apartando al instante la mirada.

– La recuerdo -prosiguio Sylvia-. Era bastante mayor que nosotros. Recuerdo que los padres de Steven tambien eran muy mayores.

Steven, de hecho, habia sido toda una sorpresa para sus padres, que ya iban hacia los cincuenta cuando el nacio. Ambos tenian sesenta y tres anos cuando el salio del instituto. Su madre habia muerto, y su padre vivia en una residencia para jubilados en Arizona.

– Shay y yo vamos a ponernos manos a la obra esta noche en lo de fabricar un hijo -dijo Jimmy tras soltar una risotada-. No queremos esperar demasiado para tener descendencia.

Jack rebusco en los bolsillos de su americana, pero acabo encontrando el puro en el bolsillo superior de su camisa.

– Enhorabuena -dijo tendiendoselo a Jimmy.

Jimmy sostuvo el puro entre los dedos.

– Uno de mis favoritos. Gracias.

– ?Y a mi no me felicitas? -protesto Shay con una sonrisa.

– No sabia que fumases puros -dijo Jack alargando la mano hacia ella. Tomo la mano de la novia y se la llevo a la boca-. Enhorabuena, Shay. Jimmy es un hombre muy afortunado. -Le beso los nudillos y anadio casi en un susurro-: Si no te trata bien, hazmelo saber.

Shay sonrio y se toco graciosamente los rizos con la mano que tenia libre.

– ?Te tomaras una de esas bebidas energeticas en mi honor?

– Por ti voy a tomarme dos. -Jack le solto la mano a Shay y se despidio.

Daisy se fijo en sus anchos hombros mientras se encaminaba hacia la barra que habia en la esquina.

– No hay mujer que se le resista -suspiro Sylvia-. Y es asi desde quinto.

Daisy volvio a mirar a Sylvia al tiempo que los demas se ponian a hablar de futbol americano. Mientras debatian sobre si los Cowboys de Dallas necesitaban un refuerzo en defensa o en ataque, Daisy inclino ligeramente la cabeza hacia su amiga.

– ?Que paso entre Jack y tu en quinto? -le pregunto.

Una sonadora sonrisa se instalo en los labios de Sylvia y ambas se volvieron hacia Jack, que estaba pidiendo una cerveza en la barra.

– Vamos, dimelo -inquirio Daisy.

– Me pidio que le ensenase el culo.

«?En quinto?» En quinto Jack, Steven y ella no jugaban a medicos, jugaban con coches de la NASCAR.

– ?Como?

– Me dijo que el me ensenaria el suyo si yo le ensenaba el mio.

– ?Eso fue todo?

– No tengo hermanos y el no tiene hermanas. Sentiamos curiosidad. No paso nada malo. Fue muy amable.

Nunca habia sospechado que cuando se aburria de las estadisticas de los pilotos de carreras, Jack se iba por ahi a verle el culo a otras chicas. Se pregunto que otras cosas desconoceria de el.

– No me digas que has sido amiga de Jack Parrish durante todos estos anos y nunca le has ensenado el culo…

– En quinto, no.

– Carino, tarde o temprano, todo el mundo le ensena el culo a Jack. -Se paso la mano por su abultado vientre-. Es solo cuestion de tiempo.

Cuando Daisy tenia diecisiete anos practicamente tuvo que suplicarle que le echase un vistazo a su trasero. Si mal no recordaba, las palabras exactas de Jack fueron: «Para, Daisy. No suelo liarme con virgenes.» Pero lo hizo, y empezaron a mantener una salvaje relacion sexual a escondidas de todo el mundo. Incluso de Steven. Especialmente de Steven. Fue algo alocado, emocionante e intenso. Un viaje por el amor, los celos y el sexo… que acabo como el rosario de la aurora.

De repente, recuerdos que llevaban mucho tiempo enterrados revoloteaban por la cabeza de Daisy. Recuerdos inconexos. Una extrana mezcla de imagenes y caoticas emociones, como si alguien los hubiera encerrado todos juntos en una caja y hubiesen estado esperando todos eso anos a que se abriese la tapa par poder salir en estampida.

Recordo su propia boda. Steven y ella en el ayuntamiento. Su madre y los pares de Steven junto a ellos. Steven apretandole la mano con fuerza para que dejase de temblar. Habia estado enamorada de Steven Monroe desde mucho antes de casarse. Tal vez no se trataba de un amor arrollador. Tal vez no lo necesitaba como se necesita una droga, pero se trataba de un amor eterno, de los que nunca mueren. El amor que siempre habia sentido por Steven era calido y reconfortante, parecido a lo que uno siente al acurrucarse ante la chimenea de su salon despues de llegar a casa muerto de fio y de cansancio. Era un amor de los que no se agotan, y asi fue hasta el dia en que Steven fallecio.

Recordaba el viaje en coche que hizo con Steven para comunicarle a Jack que se habian casado. El embarazo le produjo nauseas, y al pensar en lo que iban a hacer se le formo un nudo en la garganta. Empezo a llorar incluso antes de enfilar la calle de Jack. De nuevo, Steven le apreto la mano.

Steven y ella habian pasado por muchas cosas juntos y todos esos avatares los habian unido aun mas. Los primeros anos de su matrimonio, mientras Steven seguia estudiando, fueron tiempos economicamente muy duros. Pero cuando Nathan cumplio cuatro anos, Steven encontro un buen trabajo y decidieron tener otro hijo. Steven, sin embargo, tenia una baja produccion de esperma. Lo intentaron todo, pero nada funciono. Tras cinco anos de pruebas, decidieron seguir adelante con sus vidas y disfrutar con lo que tenian.

El salon se oscurecio de repente y Daisy se sentia atrapada por el pasado. Un foco ilumino el centro de la pista de baile y ella intento con todas sus fuerzas apartar aquellos pensamientos de su mente. Jed y los Rippers empezaron a tocar y Jimmy y Shay bailaron su primer baile como marido y mujer.

Cuando Daisy habia decidido volver a Lovett para contarle lo de Nathan a Jack no habia tenido en cuenta los recuerdos. Ni siquiera era consciente de que esos recuerdos estaban ahi, enterrados en su memoria, dispuestos a salir a la luz a la minima oportunidad.

Daisy se alejo de la pista de baile y dejo la copa vacia sobre una mesa. Se encamino hacia el servicio que

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