Steven, Daisy y el se colocaban las luciernagas en los brazos, y el rastro fluorescente que dejaban no desaparecia hasta al cabo de diez minutos.
Jack saco un puro del bolsillo superior y camino hasta un murete de piedra que estaba mas alla de las luces del club. Se sento y retiro la vitola del puro. Se lo llevo a la boca y empezo a palparse los bolsillos en busca de las cerillas que habia comprado en el estanco. No solia fumar, pero de vez en cuando se daba el lujo de comprar un buen puro.
No encontro la caja de cerillas, por lo que tuvo que devolver el puro al bolsillo de donde lo habia sacado. La luz que provenia de las ventanas del restaurante se reflejaba en el agua del lago. Se paso la mano por el pelo y apoyo la cabeza en la pared para observar la noche. Su vida no estaba nada mal. Tenia mas trabajo del que podia abarcar y ganaba mucho mas dinero del que necesitaba. Se habia hecho cargo de Clasicos Americanos Parrish y habia ampliado y mejorado el negocio mucho mas de lo que su padre se habria atrevido nunca a sonar. Tenia una empresa y una casa. Conducia un Mustang que valia unos setenta mil dolares y una camioneta Dodge Ram con la que transportaba su yate de seis metros y medio de eslora.
Era una persona satisfecha. Entonces, ?por que tenia que aparecer ahora Daisy y despertar en el los recuerdos que hacia tanto que habia conseguido enterrar? Recuerdos de ella y el. De Steven y el. Recuerdos de los tres.
Practicamente desde el primer dia de colegio, tanto el como Steven estuvieron un poco enamorados de Daisy Brooks. La cosa empezo como un juego inocente. Dos ninos en el patio mirando a una muchachita de pelo rubio y ojos castanos. Una nina que podia jugar a beisbol, nadar y correr con ellos. La atraccion que sentian por ella era algo natural y candido.
En tercero, cuando Daisy empezo a preocuparse por saber con cual de los dos se casaria cuando fuese mayor, decidieron conjuntamente que tendria que casarse con los dos. Vivirian en una casa que construirian en lo alto de un arbol, y Jack se haria rico y famoso como piloto de la NASCAR. Steven seria abogado como su padre y Daisy seria modelo. No habian oido hablar nunca de poligamia, y tampoco habian pensado sexualmente en Daisy. Y no porque Steven y el no hablasen de sexo. Simplemente no relacionaban el sexo con Daisy.
Pero todo eso cambio el verano entre septimo y octavo. Daisy se fue a trabajar al rancho de su tia en El Paso, y, cuando regreso, traia consigo un par de pechos perfectos. Ya no se parecia a la nina que, delgada y lisa como una tabla, habian conocido: parecia otra. Sus piernas eran mas largas. Tenia los pechos mas grandes que las manos, los labios muy carnosos. Incluso su cabello parecia mas brillante.
En aquella epoca, a Jack no le hacian falta estimulos para tener una ereccion. Les ocurria a todos los chicos en esa edad, asi, sin mas, y resultaba de lo mas embarazoso; a veces en lugares tan excitantes como la clase de geometria o cuando estaba cortando el cesped.
Pero aquel verano, cuando le puso la vista encima a Daisy, su cuerpo reacciono de forma muy clara ante aquellas dos poderosas razones que se destacaban bajo su camiseta. Todos sus pensamientos se centraron en su entrepierna; fue tanta la sangre que bajo a aquella zona de su cuerpo que su cerebro casi se quedo sin riego. Daisy habia ido a visitarle para hablarle del rancho de su tia, y mientras la tenia sentada a su lado, contandole que habia montado a caballo y todo lo demas, el se esforzaba de lo lindo para no mirarle las tetas. ?Menudos melones!
Aquel verano, tanto Steven como el supieron, sin necesidad de mediar palabra, que la atraccion que sentian por Daisy habia dejado de ser inocente. Podian notarlo. Por primera vez su amistad se enfrentaba a un serio problema. Un problema que no podria solucionarse con una disculpa o regalando una babosa.
Tiempo despues hablaron de ello, de lo que sentian por Daisy. Decidieron que ninguno de los dos la tendria. Prometieron no intentar nada con ella por el bien de su amistad. Daisy quedaba fuera de su jurisdiccion. Jack rompio la promesa, pero Steven fue el que acabo quedandosela.
La puerta principal del club se abrio. Como si sus pensamientos la hubiesen conjurado, Daisy salio al aire libre. Se coloco bien la cadena del bolso en el hombro y miro a su alrededor como si no recordase exactamente donde habia dejado el coche. Sus miradas se encontraron, y ella dejo los ojos clavados en el, en la distancia. La luz proveniente del club iluminaba parte de su rostro; el resto quedaba en la penumbra.
– Shay va a lanzar su ramo de novia dentro de un minuto -dijo como si se lo hubiese preguntado-. Y no tengo la mas minima intencion de competir por el.
– ?No quieres volver a casarte?
Al negar con la cabeza, el pelo le acaricio los hombros.
Jack no le pregunto por que. Le daba lo mismo. Centro la mirada en la curva de sus pechos, que presionaban la tela roja de su vestido, y lentamente la dejo caer por los botones que se sucedian a un lado.
– Esta manana recorde mi primer dia en la escuela primaria -dijo dando un paso hacia el-. ?Te acuerdas?
El se incorporo y la miro directamente a los ojos.
– No.
Los labios de Daisy se curvaron ligeramente hacia arriba.
– Me dijiste que el lazo que llevaba en el pelo era ridiculo.
Y entonces rompio a llorar.
– Mi madre me obligo a llevarlo.
Jack paso la mirada por su rostro, por su piel suave y perfecta, su nariz recta y sus carnosos labios rojos. Seguia siendo tan guapa como antes, tal vez incluso mas, pero consiguio ahogar todo tipo de sentimiento. Ni rabia. Ni deseo. Nada.
– ?Que estas haciendo aqui?
Ella se acerco un poco mas. Si Jack hubiera alargado el brazo habria podido tocarla. Daisy se lo quedo mirando fijamente con sus grandes ojos castanos y contesto:
– Shay me invito a la fiesta esta manana cuando me la encontre en Albertsons.
No era eso a lo que Jack se referia.
– ?Por que has venido a Lovett? ?A desenterrar el pasado?
Ella dejo caer la mirada hasta su pecho, pero no respondio.
– ?Que es lo que quieres, Daisy?
– Quiero que seamos amigos.
– No.
– ?Por que, Jack? -Volvio a alzar la vista-. Hubo un tiempo en que fuimos amigos.
El dejo escapar una risotada.
– ?En serio?
Ella asintio.
– Si.
– Yo creo que fuimos algo mas.
– Lo se, pero me refiero a antes de todo eso.
– ?Antes del sexo?
A Jack le dio la impresion de que Daisy se sonrojaba.
– Si.
– ?Y tambien antes de que te acostases con mi mejor amigo? -Cruzo los brazos. Tal vez si sentia algo. Tal vez todo aquello le desagradaba mas de lo que habia creido, pues anadio-: ?Has vuelto para empezar otra vez desde el principio? ?Para seguir donde lo dejamos?
Ella aparto la vista.
– No.
– Se que no deberia darme coba, pero ?estas segura de que no quieres darte un revolcon en el asiento trasero de mi coche? -Vio que ella negaba con la cabeza, pero el no se detuvo-. ?Ni por los viejos tiempos?
Daisy le miro a los ojos.
– Jack… -Levanto la mano y coloco los dedos sobre los labios de el-. No digas nada mas.
El roce de los dedos de Daisy le pillo con la guardia baja. Capto el aroma de su perfume, pero tambien el de su piel. Daisy podia ponerse todo el perfume que quisiese y estar ausente durante quince anos, pero su aroma no cambiaba. Incluso a los diecisiete anos, cuando trabajaba en el restaurante The Wild Coyote, bajo el olor a patatas fritas y aceite, emanaba su aroma a brisa calida de verano.
Mientras Daisy le tapaba la boca con los dedos el la miro sin moverse durante unos segundos. A veces habia
