tenido que esforzarse para captar su aroma tras el olor a aceite, pero siempre habia acabado encontrandolo. Por lo general, en la base de su cuello. Jack la agarro de la muneca y dio un paso atras.

– ?Que quieres de mi?

– Ya te lo he dicho. Quiero que seamos amigos.

Tenia que haber algo mas.

– Eso nunca sera posible.

– ?Por que?

El le solto el brazo.

– Te casaste con mi mejor amigo.

– Tu habias roto conmigo.

No, le habia dicho que necesitaba tiempo para pensar.

– Y, para vengarte, te casaste con Steven. -No fue una pregunta, sino una constatacion de los hechos.

Ella nego con la cabeza.

– No lo entiendes. No fue asi.

Fue exactamente asi.

– Nosotros eramos amantes. Lo haciamos a todas horas. Pero entonces te casaste con mi mejor amigo la misma semana en que tuve que enterrar a mis padres. ?Que se supone que es lo que no entiendo?

Entre sombras, vio que Daisy fruncia el ceno.

– Fue una epoca horrible.

Jack rio con amargura.

– Si.

– Lo siento, Jack. -Parecia realmente arrepentida.

A el le daba lo mismo que lo sintiera o no.

– No lo sientas. Fue la mejor solucion.

– He vuelto porque tengo que hablar contigo.

Jack no estaba interesado en oir absolutamente nada de lo que ella pudiese decirle.

– Ahorrate el esfuerzo, Daisy -dijo mientras pasaba junto a ella camino del puente que separaba la entrada del aparcamiento.

– Esa es la razon de que este aqui -dijo mientras Jack se alejaba.

– Entonces has perdido el tiempo.

– No me obligues a ir detras de ti.

Al oir esas palabras Jack se detuvo y se volvio para mirarla. Daisy tenia las manos apoyadas en las caderas y, a pesar de que no podia ver con claridad sus rasgos, distinguio su mirada. Era como mirar a la antigua Daisy.

– Estoy intentando hacerlo lo mas facil posible, pero tu no me estas dando ninguna opcion. Vas a escucharme. Y si te pones desagradable, tal como tu mismo me dijiste anoche, me convertire en la peor de tus pesadillas.

Ahi estaba la antigua Daisy. Era una mujer de caracter, peleona, con el aspecto de una chica dulce. Jack tuvo que esforzarse para no sonreir.

– Demasiado tarde, florecita -dijo mientras se daba la vuelta-. Te convertiste en la peor de mis pesadillas hace anos.

Capitulo 4

Daisy guardo el vestido en el armario y se puso una camiseta roja y los pantalones cortos del pijama. Despues se lavo la cara. Eran poco mas de las diez y su madre ya estaba durmiendo.

Se sento en el borde de la cama y llamo a Seattle para hablar con su hijo. En el estado de Washington eran solo las ocho de la noche; estaba segura de que Nathan no se habria ido a dormir todavia.

Estaba en lo cierto.

– Hola, madalenita -dijo cuando Nathan respondio al otro lado de la linea tras cuatro tonos.

– Ah, mama…

De acuerdo, no era un gran principio para una conversacion, pero era estupendo escuchar su voz.

– ?Como va todo?

– Estupendamente.

– Te echo de menos.

– Entonces vuelve a casa.

– Estare ahi dentro de poco mas de una semana.

– Mama, no quiero quedarme aqui una semana mas.

Habia mantenido la misma conversacion con su hijo justo antes de marcharse. Junie y Oliver no eran sus parientes favoritos. No es que le pareciesen horribles, simplemente eran aburridos. Especialmente para un chaval de quince anos.

– Vamos, no puede ser tan malo.

– ?Como lo sabes? ?Alguna vez has vivido con la tia Junie y el tio Olly el «sabelotodo»?

– Nathan, ?van a oirte! -Por desgracia, Oliver era uno de esos hombres a los que les gusta impresionar a los demas con sus limitados conocimientos sobre cualquier materia humana. Fue Steven el que empezo a llamarlo Olly, el «sabelotodo».

– No pueden oirme. No estan aqui. Me han dejado a Michael Ann y a Richie para que les haga de canguro.

Daisy aguanto el telefono entre el hombro y la barbilla.

– Michael Ann solo tiene un ano menos que tu.

– Lo se. Y es como un grano en el culo. Me sigue a todas partes y no deja de preguntarme tonterias.

– Lo que creo es que esta enamorada de ti.

– ?Oh, Dios mio! Eso seria horrible, mama -respondio Nathan indignado-. ?Como puedes decir eso? Es mi prima.

– Esas cosas pasan -dijo Daisy para molestarle.

– ?Pero si no sabe ni atarse los zapatos!

Daisy se echo a reir y la conversacion se centro en la escuela. Solo faltaban cinco dias para las vacaciones de verano. Habia cumplido quince anos en diciembre y estaba contando los dias que le quedaban para poder aprender a conducir desde primero. Todavia le faltaba un ano, pero ya habia elegido su futuro coche. Al menos el futuro coche preferido de esa semana.

– Tendre un Nova Super Sport. Y tambien un cuatro por cuatro. Nada de esos trastos con tres marchas. ?Para que, sino puedes quemar neumatico? Sera genial. -Daisy ni siquiera fingio saber de que estaba hablando. Era un fanatico de los coches. De eso no habia duda. Su madre suponia que lo llevaba inscrito en el ADN. Es mas, era altamente probable que hubiese sido concebido en el asiento trasero de un Chevrolet. Nathan estaba condenado a ser un amante de la velocidad.

– ?De que color? -le pregunto, no porque creyese que iba a conducir un Nova SS o a quemar neumaticos. Nathan no trabajaba.

– Amarillo con la capota negra.

– ?Como un abejorro?

Nathan espero unos segundos antes de contestar:

– Blanco con la capota negra.

Hablaron durante unos cuantos minutos mas, acerca del tiempo y de adonde irian de vacaciones cuando ella regresase. Nathan acababa de ver una de esas peliculas eroticas de adolescentes, asi que penso que Ford Lauderdale estaria bien. O tal vez Hawai.

Para cuando colgaron el telefono, se habian decidido por Disney World; aunque Daisy sabia que Nathan podia haber cambiado de opinion la proxima vez que hablara con el. Daisy se unto los brazos con un poco de locion con aroma de almendra. En el dedo anular de la mano izquierda, donde habia llevado el anillo de casada durante quince anos, le habia quedado una pequena marca blanca. Habia metido las dos alianzas en el bolsillo del traje con el que enterraron a Steven. Penso que lo mas apropiado era que descansasen junto a su corazon.

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