Mientras extendia la locion por sus manos le echo un vistazo a la habitacion. Era su antiguo dormitorio, pero no quedaba de el mas que la cama. Sus diplomas de la escuela de fotografia, las placas que habia recibido como animadora y el poster de Rob Lowe, que ella habia clavado a la pared cuando acababa de estrenarse
Se puso en pie, fue hasta el armario y lo abrio. No habia en el mas que unos cuantos vestidos que habia llevado en bailes de graduacion del instituto, un par de viejas botas vaqueras con corazoncitos blancos y una enorme caja que llevaba su nombre escrito en letras negras. Arrastro la caja hasta dejarla junto a la cama, se sento y se quedo mirandola durante un buen rato. Sabia lo que iba a encontrar alli dentro. Retazos de su vida, recuerdos que habia mantenido enterrados durante mucho tiempo. Durante el banquete de boda habia conseguido mantener a raya todos esos recuerdos, pero ahora iba a enfrentarse a ellos. ?Realmente le apetecia hacer un repaso del pasado?
A decir verdad, no, no mucho.
Retiro la cinta y abrio la caja.
Encima de todo vio un ramillete de flores secas, el bonete de su graduacion y unas cuantas etiquetas que rezaban HOLA, MI NOMBRE ES DAISY. No recordaba el motivo por el que habia guardado todas esas etiquetas, pero si reconocio el ramillete. Toco los capullos secos y amarillentos que en su momento habian sido rosaceos y blancos. Se los acerco a la nariz y aspiro profundamente. Olian a polvo y a viejos recuerdos. Lo dejo sobre la cama, a su lado; saco entonces de la caja una mantita de bebe y la toga bautismal. Lo siguiente fue una caja con forma de corazon que contenia el collar que su abuelo le habia regalado y los anuarios del instituto. Busco el del decimo curso y lo abrio. Fue pasando paginas y se detuvo al ver una fotografia en la que aparecian los profesores frente a la puerta principal. Esa foto la habia tomado ella durante su primer curso de fotografia, antes de aprender todo lo necesario sobre composicion e iluminacion.
Llego a las instantaneas del equipo de animadoras, en las que aparecia Sylvia y tambien ella. Iban con sus uniformes dorados y azules, y estaban dando saltos y volteretas. Fue el ano en que ella se corto el pelo al estilo de la princesa Diana de Gales. Pero si bien a Diana le quedaba estupendo, ella parecia un chico con minifalda plisada.
Se fijo en la foto de su clase y se le encogio el corazon. Llevaba ortodoncia y tenia manchas oscuras debajo de los ojos debido a todo el maquillaje que se habia puesto.
Paso unas cuantas paginas hasta llegar a las hileras de fotos de alumnos. Se detuvo a contemplar la de Steven. La rozo con los dedos y sonrio. Siempre le habia parecido el tipico ejemplo de muchacho americano, guapo y con pelo rubio ondulado, chispeantes ojos pardos y aquella sonrisa tejana tan suya, como si no tuviese preocupacion alguna en la vida. Jugaba a futbol americano y a baloncesto, y habia sido delegado de su clase durante el ultimo ano.
Daisy tuvo que pasar unas cuantas paginas mas hasta llegar a la foto de Jack. Al contrario que Steven, Jack siempre estaba serio. No es que fuese mas serio que Steven, simplemente no deseaba gastar energia riendo sin ton ni son.
Aquel ano acababa de cumplir los dieciseis, un ano mas que Nathan en la actualidad. Ambos tenian el mismo color de pelo y de piel, y la forma de su nariz tambien le parecia similar. Pero Daisy no encontro ningun otro punto en comun.
Ese ano, Jack dejo el equipo de futbol americano porque su padre necesitaba que trabajase en el taller despues de clase. Jack habia sido el
Ese fue el ano en que ella se enamoro de Jack. Siempre habia sentido algo por el, en el mismo sentido en que lo habia sentido por Steven, pero de repente empezo a mirarlo de un modo distinto.
El dia en que todo cambio, Jack estaba esperando a que Steven acabase su entrenamiento sentado en la parte de atras de la vieja camioneta de su padre. Daisy se habia quedado en el instituto despues de clase para hacer los carteles del proximo baile y al salir lo vio en el aparcamiento, contemplando a sus companeros en lugar de entrenar con ellos.
Quiza no fue mas que la luz de la tarde, esos rayos dorados que le iluminaban el rostro, pero a Daisy le parecio mas guapo de lo habitual. No se trataba solo de las pestanas, mas largas que las suyas, ni de su barba incipiente en el menton. No era solo el relieve de sus biceps, tan visibles cuando cruzaba los brazos: Jack no levantaba pesas, levantaba motores de coche.
– Que tal -le dijo Jack mientras le indicaba que se sentara a su lado.
– ?Que estas haciendo? -le pregunto tras sentarse. Apoyo los libros en su regazo y miro hacia el campo: los Mustangs de Lovett habian acabado de entrenar y se dirigian a los vestuarios.
– Estoy esperando a Steven.
– ?Echas de menos jugar, Jack?
– Que va, lo que echo de menos son las chicas bonitas. -Era cierto que los jugadores acostumbraban a salir con las chicas mas guapas, pero que no echase de menos jugar no lo era.
– Ahora tienes que conformarte con las feas -dijo burlandose de el y le miro por el rabillo del ojo.
– Daisy, ?acaso no sabes que no hay chicas feas en Tejas?
El siempre insistia en eso.
– ?Quien te lo ha dicho?
Jack se encogio de hombros.
– Es un hecho. Como El Alamo o Rio Grande, eso es todo. -Le tomo la mano y le acaricio los nudillos mientras examinaba sus dedos-. Ademas, tu seguiras viendote conmigo, ?verdad?
Ella volvio la cabeza y lo miro fijamente. Estuvo a punto de darle una respuesta ingeniosa, pero cuando se encontro con sus ojos verdes algo la detuvo. Por un instante, el modo como la miro le hizo pensar que la respuesta era importante para el. Como si se sintiese inseguro. Le sorprendio apreciar en el interior de Jack algo en lo que nunca se habia fijado. Quiza finalmente habia cosas que le afectaba, quiza tenia sentimientos como todo el mundo. O incluso mas.
Pero entonces sonrio y todo volvio a la normalidad.
– Por supuesto, Jack -respondio Daisy-. Seguire viendome contigo.
– Sabia que podia contar contigo, florecita. -Por primera vez, su voz le llego al corazon y la emociono. Quedo anonadada ante lo increible y fantastico que resulto todo. Pero era algo imposible. No podia enamorarse de Jack. Era su amigo, y no queria perderlo. Y aun cuando no hubiese sido su amigo, habria sido una idiotez permitir que ocurriese.
El le apreto la mano y se puso de pie.
– ?Quieres que te lleve a casa?
Daisy levanto la mirada y le vio alli, delante de ella, con las manos metidas en los bolsillos de sus Levi’s. Asintio. Jack Parrish tenia muchas cualidades, pero la fidelidad no era una de ellas. Le romperia el corazon como si fuese de cristal. Y si eso ocurria no podrian seguir siendo amigos. Y ella le echaria muchisimo de menos.
En ese momento, Steven salio del vestuario con el pelo humedo peinado hacia atras y Daisy se dijo a si misma que no cederia al impulso de enamorarse de Jack. Habia tenido un momento de confusion, eso era todo. Como cuando eran ninos y se pasaban demasiado rato en el tiovivo. Jack lo hacia rodar con tanta rapidez que Daisy no podia pensar o ver con claridad.
Pero ahora ya estaba bien. Podia pensar con claridad de nuevo. Gracias a Dios.
– ?Vais a ir a algun sito? -les pregunto.
– Vamos a ir a Chandler -respondio Jack refiriendose a un pueblo del tamano de Lovett a unos setenta kilometros al oeste.
– ?Por que?
– Hay un Camaro Z-28 del 69 al que quiero echarle un vistazo.
– ?Del 69? -Nunca habia entendido la fascinacion que sentia Jack por los coches viejos. O «clasicos», como el los llamaba. Ella preferia los coches nuevos, con una tapiceria que no le desgarrase las medias. Esa tendencia de Jack no tenia mucho que ver con la escasez de dinero. Aunque, obviamente, tenia mas bien poco. En ese sentido, Daisy tenia mas en comun con Jack que con Steven. El padre de Steven era abogado y su familia vivia con holgura. La maxima responsabilidad de Steven era mantener sus notas. La madre de Daisy, en cambio, era
