camarera y dependia de las ayudas del gobierno, y la familia de Jack tenia un taller mecanico que no parecia muy prospero. Lily y ella tenian que encargarse de la limpieza de la casa y de empezar a preparar la cena, en tanto que Jack ayudaba en el negocio familiar-. ?Y el coche funciona? -pregunto.
– Todavia no.
Claro.
– Hola, Daisy -dijo Steven mientras se acercaba-. ?Que haces aqui tan tarde?
– Estaba preparando los carteles del baile. ?Iras al baile?
– Si. Habia pensado pedirle a Marilee Donahue que fuese conmigo. ?Crees que aceptara? -Steven sonrio. No habia duda alguna de que Marilee aceptaria.
Daisy se encogio de hombros.
– ?Tu vas a ir, Jack? -le pregunto, aunque estaba casi segura de conocer la respuesta.
– Para nada. Ya sabes que solo me pongo traje cuando mi madre me obliga a ir a catecismo o si voy a algun funeral. -Cerro la parte de atras de la camioneta y se dirigio al asiento del conductor-. Ademas, no me gusta bailar.
Daisy sospechaba que no se trataba tanto de que no le gustase, como de que no sabia. Era de ese tipo de personas que cuando no saben hacer algo, no se atreven a probarlo.
– Podrias ponerte simplemente una camisa bonita y una corbata -le dijo ella. Pero, por alguna razon, el hecho de que Jack no llevase a ninguna chica al baile le agrado mas de lo que deberia, teniendo en cuenta que habia superado su anterior confusion.
– Ni hablar. -Montaron todos en la vieja camioneta y Jack arranco.
– ?Y a ti ya te lo ha pedido alguien? -le pregunto Jack a Daisy, como siempre, sentada entre los dos, mientras salian del aparcamiento.
– Si. -Les extrano tanto que alguien la hubiese invitado a ir al baile que ella no quiso decirles nada mas.
– ?Quien? -pregunto Steven.
Ella tenia la vista clavada al frente, por encima del salpicadero.
Steven alzo una ceja.
– Vamos, Daisy Lee. ?Quien te lo ha pedido?
– Matt Flegel.
– ?Vas a ir con Bicho?
– Ya no le gusta que le llamen asi.
Jack miro a Steven por encima de la cabeza de Daisy.
– ?Que tiene de malo Bicho… quiero decir, Matt? -Daisy levanto la mano antes de que tuvieran tiempo de responder-. Retiro la pregunta. No me importa lo que penseis ninguno de los dos. Me gusta Matt.
– No para de salir con una y con otra.
– No es el chico adecuado para ti -anadio Jack.
Daisy se cruzo de brazos y permanecio en silencio hasta que llegaron a su casa. Esta si que era buena, tanto uno como el otro habian salido con montones de chicas, asi que no estaba dispuesta a escuchar su opinion; ademas, si habia algun «chico inadecuado» con el que ella o cualquier otra chica podia salir, ese era Jack. Y entonces se alegro todavia mas de no estar enamorada de el.
Daisy se paso el resto del curso saliendo con chicos que ni Jack ni Steven aprobaban, pero a ella no le importaba. Como la mayoria de muchachas de su edad, no tardo en aprender lo que le gustaba a los chicos. Y lo que era aun mas importante, aprendio a parar las cosas antes de llegar demasiado lejos. Como resultado, se gano cierta reputacion de chica facil; aunque ella opinaba que era del todo injusto. Los muchachos la besaban. Ella tambien los besaba. Por lo que habia podido ver, las chicas eran mojigatas, las que no soltaban ni un timido beso, o faciles, las que besaban y tal vez algo mas, o «guarras». Y todo el mundo sabia lo que eso significaba.
Aquel verano dejo que Eric Marks le tocase los pechos por encima de la camiseta. La cosa llego a oidos de Jack y Steven, que no tardaron en presentarse en su casa para hablar con ella. Daisy se puso hecha una furia y les cerro la puerta en las narices.
Menudos hipocritas.
Se hizo animadora universitaria en el ultimo ano de instituto. El pelo le llegaba hasta los hombros y se habia hecho la permanente. Steven seguia jugando a baloncesto y a futbol americano y, por descontado, seguia siendo el delegado de clase. Jack recorria con su Camaro las llanas carreteras de Tejas y Daisy seguia diciendose a si misma que no se sentia atraida por el, que le queria pero que no estaba enamorada de el, que el corazon no le dolia cuando veia pasar a Jack en su coche acompanado de alguna chica. Era su amigo, como siempre lo habia sido. Nada mas. Y ella no iba a permitirse el lujo de sentir otra cosa por el.
Todo cambio pocas semanas antes de las vacaciones de Navidad de ese ultimo curso, cuando J.T. Sanders le pidio a Daisy que la acompanase al baile del instituto. J.T. era un muchacho guapo y tenia un Jeep Wrangler. Negro. Daisy trabajaba por las noches en el restaurante Wild Coyote, y ahorro el dinero suficiente para comprarse el vestido perfecto. Era de raso blanco. Sin mangas y con pidrecitas brillantes en el corpino y la falda. Era lo mas bonito que habia tenido jamas. La noche antes del baile recogio el vestido durante un descanso en el restaurante. Cuando llego a casa, J.T. la llamo para cancelar la cita. Le dijo que su abuela habia muerto y que tenia que ir al funeral en Amarillo. Todo el mundo sabia habia empezado a salir con otra chica justo una semana antes. Habian dejado a Daisy en la estacada.
Y todo el mundo se entero.
El dia del baile, Daisy trabajo en el Wild Coyote en el turno de comidas. Mantuvo la compostura y actuo como si no la hubiesen humillado. Fingio no estar triste ni dolida y bromeo con sus companeras: al fin y al cabo J.T. no era mas que un perdedor.
Ninguna de ellas le creyo. Lo peor que podia ocurrirle a una chica era que la dejasen colgada la noche antes de un baile esgrimiendo una excusa absurda.
Y eso todo el mundo lo sabia.
Cuando acabo su turno se fue a casa y se encerro en su habitacion. Colgo el vestido de la puerta del armario y se tumbo en la cama a llorar. A las cuatro, su madre asomo la cabeza por la puerta y le pregunto si queria un poco de helado de chocolate con menta. Le respondio que no. Lily le habia preparado su bocadillo preferido, pero tampoco se lo comio.
A las cinco y media Jack llamo a la puerta de su habitacion, pero ella no lo dejo entrar. Tenia la cara y los ojos hinchados, y no queria que la viese asi.
– Daisy Lee -grito desde el otro lado de la puerta-. Sal de ahi.
Ella se sento en la cama y saco un panuelo de papel de la caja.
– Vete, Jack.
– Abre.
– No -dijo sonandose la nariz.
– Tengo algo para ti.
Ella miro hacia la puerta.
– ?Que es?
– No puedo decirtelo. Tendras que verlo.
– Tengo una pinta horrible.
– No me importa.
«De acuerdo», penso ella. Se levanto de la cama y entreabrio la puerta. Saco la mano.
– ?De que se trata?
El no respondio y ella se vio obligada a echar un vistazo por la rendija de la puerta. Jack estaba en el pasillo, iluminado por la luz proveniente de la habitacion de su hermana, y parecia un angel, o al menos un muchacho del coro de la iglesia. Llevaba su traje azul marino de los domingos y una camisa color crema. De su cuello colgaba una corbata roja.
– ?Que sucede, Jack? ?Has tenido que ir a un funeral?
El se echo a reir y saco la mano que ocultaba a la espalda. En ella llevaba un ramillete de rosas blancas y encarnadas.
– ?Querrias venir al baile conmigo?
– Tu odias los bailes del instituto -dijo con la puerta todavia entreabierta.
