un poco sobre su tostada-. La gente enseguida chismorrea sobre las viudas. Diran que estas desesperada.
El padre de Daisy habia muerto cuando ella tenia siete anos, pero nunca habia oido decir a nadie que su madre estuviese desesperada.
– No me importa. -Cubrio la una del indice con esmalte rojo y despues volvio a cerrar el frasco.
– Pues deberia importarte. -Louella cogio el plato con la tostada y la taza de cafe y se sento en la mesa, frente a su hija-. No creo que te guste la idea de que la gente piense que andas buscando plan.
Daisy se soplo la una para evitar echarse a reir. Hacia dos anos que no mantenia relacion alguna con nadie, y ya ni siquiera estaba segura de saber como se hacia. Tras el diagnostico de Steven y la primera operacion, intentaron mantener una vida marital normal, pero al cabo de unos pocos meses todo se complico demasiado. Al principio echo de menos hacer el amor con su marido. Pero a medida que fue transcurriendo el tiempo se fueron pasando las ganas. Y lo cierto es que ahora practicamente no pensaba en ello.
– ?Como se te ha ocurrido poner esos flamencos en el jardin? -pregunto Daisy para cambiar de tema.
– Me parecieron bonitos -respondio su madre. En el pasado, a Louella le habia gustado todo lo relacionado con Walt Disney. Blancanieves y los Siete Enanitos y unos cuantos personajes de
Daisy sintio que la invadia la oleada de aburrimiento de la que tantas veces habia sido victima de pequena. Su madre siempre habia tenido la costumbre de divagar sin descanso sobre gente a la que Daisy no conocia, que nunca habia conocido, y que no le importaba lo mas minimo. En el pasado, ella y Lily habian sido victimas involuntarias de esa tendencia, obligadas a escuchar cotilleos picantes relacionados con el restaurante, que habitualmente acababan por no ser tan picantes. De poco servia que tanto ella como su hermana declarasen de vez en cuando lo poco que les importaba quien se habia comprado un Buick, quien tenia artritis o quien preparaba unas galletas malisimas; Louella era como un disco rayado y no podia parar de hablar hasta que consideraba que habia llegado al final.
Daisy nego con la cabeza y respondio en voz baja:
– No.
– Seguro que si -dijo su madre-. Tenia los dientes muy grandes. Parecia un castor.
– Ah, si -rectifico Daisy; seguia sin tener ni idea de quien era, pero al oeste de Tejas habia unas cuantas muchachas con los dientes grandes.
Daisy se fue deslizando por el banco y se puso en pie. Mientras su madre le hablaba de Amanda y sus ideas sobre decoracion de jardines, Daisy se acerco al fregadero y enjuago su taza. Levanto los ojos hacia los cristales emplomados verdes y rojos que formaban destellos de colores sobre el alfeizar. Se fijo en una foto enmarcada y la cogio. En ella aparecian Steven y Nathan en su cuarto cumpleanos. Daisy habia utilizado un gran angular para distorsionar el enfoque corto. Ambos llevaban sombreros de fiesta y reian como lunaticos escapados de un manicomio, con los ojos muy abiertos. Daisy hizo aquella foto cuando empezo el curso de fotografia; todavia estaba experimentando. Todos eran muy felices por aquel entonces.
Empezo a fruncir el ceno y acabo apartando la vista. No queria pensar en el pasado. No queria verse atrapada por una marea de emociones. Dejo la taza en el lavaplatos y poso la mirada en la lista de la compra que colgaba de una pinza del recetario.
– … Pero entonces tu ya no vivias aqui -prosiguio su madre-. Fue el ano en que un tornado se llevo el trailer de Red Cooley.
– ?Vas a ir a comprar? -pregunto Daisy interrumpiendo a su madre.
– Necesito algunas cosas -respondio mientras se levantaba de la mesa y guardaba el pan-. Lily Belle y Pippen vendran a comer manana despues de misa. Pense que necesitamos algo de jamon.
Lily era tres anos menor que Daisy, y Pippen era su hijo de dos anos. El marido de Lily se habia fugado con una vaquera, por lo que estaban sumidos en un desagradable proceso de divorcio. Estaba pasando una mala epoca, de ahi que Lily tuviese a los hombres, a todos los hombres, en el punto de mira.
– Ya ire yo a comprar a Albertsons -se ofrecio Daisy. De ese modo, podria escoger algo mas que jamon. Nunca le habia apasionado el cerdo y, despues del funeral de Steven, un monton de gente bienintencionada le habia obsequiado con jamon cocido. Todavia le quedaba un poco en la nevera, en Seattle.
Se dio una ducha y se puso unos vaqueros y una camiseta azul. Se seco el pelo y se maquillo un poco. Con la lista de la compra en el bolsillo trasero del pantalon, monto en el Cadillac de su madre. El coche tenia varios rasgunos a ambos lados, todos debidos a lo mismo: la miopia de su madre. Un ambientador con forma de flamenco colgaba del retrovisor, y al coche le chirriaban las ruedas cuando tomaba las curvas.
En el hilo musical del supermercado Albertsons sonaba la cancion
– Eh, Daisy. Habia oido que estabas en el pueblo.
Daisy aparto la mirada de las costillas. La mujer que tenia enfrente le resultaba familiar, pero no recordaba de quien se trataba. Tenia el pelo recogido con unos enormes rulos de color rosa y llevaba una lata de Super Hold Aqua Net en una mano y un paquete de horquillas en la otra.
A Daisy le costo unos cuantos segundos asociar aquel rostro a un nombre.
– Eres Shay Brewton, la hermana pequena de Sylvia, ?verdad? -Ella y Sylvia habian sido companeras en el equipo de animadoras del instituto Lovett. Fueron buenas amigas, pero perdieron el contacto cuando Daisy y Steven se fueron del pueblo-. ?Como esta Sylvia?
– Bien. Vive en Houston con su marido y sus hijos.
– ?En Houston? -Daisy dejo la carne en su sitio y coloco un pie en la barra trasera del carrito-. Vaya. Lamento que se mudase. Esperaba verla antes de marcharme.
– Pasara aqui el fin de semana; ha venido a mi boda.
Daisy sonrio.
– ?Te casas? ?Cuando? ?Con quien?
– Jimmy Calhoun, en la iglesia baptista. Esta tarde, a las seis.
– ?Jimmy Calhoun? -Habia ido a la escuela con Jimmy. Era pelirrojo y llevaba aparatos en los dientes. Los Calhoun eran seis hermanos, todos ellos problematicos. Si hubiese tenido que apostar, habria asegurado a que todos ellos estaban viviendo ahora en Huntsville con el cuerpo cubierto de tatuajes carcelarios.
Shay solto una risotada.
– No me mires como si hubiese perdido la chaveta.
Daisy no se habia dado cuenta de que tenia la boca abierta, y la cerro de golpe.
– Enhorabuena. Estoy segura de que seras muy feliz -dijo.
– Pasate despues por la fiesta. Es en el club de campo. Empezara a las ocho.
– ?Justo despues de la boda?
– Sera una fiesta por todo lo alto. Habra mucha comida y bebida, y hemos contratado a Jed y los Rippers para que toquen para nosotros. Estara Sylvia, y se que le encantara verte. Tambien estaran mama y papa.
La senora Brewton habia sido una de las entrenadoras del equipo de animadoras. El senor Brewton tenia su propia destileria en el cobertizo de su casa. Daisy sabia por propia experiencia que aquel licor podia agujerearte el esofago.
– Tal vez me pase un rato.
Shay asintio.
– Bien. Le dire a Sylvia que te he visto y que pasaras por la fiesta. Le encantara.
Daisy no se habia traido ropa adecuada para asistir a una boda. El unico vestido que tenia alli era blanco, muy poco apropiado para semejante evento. Tal vez podria enviarle un regalo.
– ?Tienes lista de boda en algun sitio?
– Oh, no te preocupes por eso. -Sonrio-. Pero si, tengo lista en Donna’s Gift, en la Quinta.
Por supuesto. Todo el mundo tenia su lista de boda en Donna’s.
– Bueno, pues nos vemos esta noche -dijo Shay mientras se alejaba.
Daisy la vio desaparecer tras una esquina y volvio a sonreir. La pequena Shay Brewton iba a casarse con Jimmy Calhoun. En su epoca en el instituto, pocos muchachos estaban tan chiflados como Jimmy y sus
