Asi que era el hijo de Lily. Por alguna razon, Jack se sintio aliviado de que no fuese el hijo de Daisy y Steven. Aunque no sabia muy bien por que.
Lily volvio a su sitio y meneo la cabeza.
– Tienes tan buen aspecto como siempre.
– Gracias, Lily. Tu tambien -dijo Jack-. Hola, Rhonda. -Su cunada tenia unas ojeras tremendas: estaba claro que no dormia en condiciones desde hacia por lo menos cinco dias-. ?Te encuentras bien? Billy me ha dicho que has pasado una mala noche.
– Ha sido por Tanya. Tenia dolor de oido, pero hoy le hemos dado su medicina y esta mejor.
Retiro la silla que habia entre Lacy y Rhonda y se sento frente a Daisy y Lily.
– ?Le echaste un vistazo al embrague?
– Tenias razon -respondio Billy-. Hay que cambiarlo.
– Encontre uno en Reno -dijo Jack.
– ?Y que tal por Tallahasee? -le pregunto Daisy.
– ?Cuando has estado en Tallahasee? -quiso saber Billy.
– El ano pasado -respondio Jack.
Daisy entorno los ojos y abrio la boca en cierta actitud de asombro.
– Me mentiste.
Jack sonrio al tiempo que se inclinaba hacia delante para servirse un poco de Dr. Pepper. Ella le miro como cuando eran dos muchachos, como lo habia hecho la otra noche, y despues se volvio hacia su hermano.
– ?Te importa que coja a Tanya?
– En absoluto. -Billy le paso a la nina y Daisy la apoyo en su regazo. Jack esperaba que la nina, de seis meses de edad, se pusiese a gritar, pero en lugar de eso sonrio cuando Daisy le acaricio la mejilla.
– Mira, Pippen -le dijo Daisy a su sobrino, que estaba sentado en una trona a su lado-. ?A que Tanya es dulce como un caramelito?
– ?No!
– ?Puedo abrir el regalo de tio Jack? -pregunto la pequena Lacy.
– Si a tio Jack le parece bien… -respondio Rhonda.
– Adelante -dijo el; pero la verdad era que habria preferido que Daisy no estuviera ahi sentada cuando la nina abriese la caja de esa ridicula gatita. Aunque tampoco acertaba a saber por que tenia eso que importarle lo mas minimo.
Lacy arranco el lazo del paquete y se lo metio bajo el brazo. Rasgo el papel de regalo y fue rompiendolo y dejando que los pedazos cayesen al suelo.
– ?La
– Lo mismo dijiste esta manana cuando abriste el coche de Barbie -le recordo Billy.
Lily se inclino hacia delante sobre la mesa y charlo con Rhonda sobre lo que habian hecho desde que salieron del instituto. Mientras Lacy y Amy Lynn iban sacando los gatitos de la caja, las dos mujeres hablaron de sus hijos y sus respetivas vidas; cuando Lily se refirio a un hombre como «Ronnie, el cabron de mierda», Jack supuso que estaba hablando de su proceso de divorcio. Eso explicaba por que parecia tan hecha polvo.
Jack bebio un buen trago de su Dr. Pepper y se metio un cubito de hielo en la boca. Miro a Daisy, a Tanya y a Pippen. Tanya seguia en su regazo haciendo pedorretas. El nino se echo a reir y Daisy tambien rio. Jack se fijo en sus manos, concretamente en sus unas pintadas de rojo sangre. Una fina pulsera de plata rodeaba su muneca y un diminuto corazon se apoyaba sobre la piel. La pulsera destellaba con la luz; como si hubiera sentido el peso de la mirada de Jack, Daisy alzo la vista. Su sonrisa se desvanecio y fruncio ligeramente el ceno. Daisy clavo en el esos ojos color castano, que a Jack le hacian pensar en el chocolate caliente. Pero eso era cuando tenia diez anos y creia que el chocolate era lo mejor del mundo. Despues crecio y descubrio que habia cosas mejores. Habia algo mas oscuro y matizado en el fondo de aquellos ojos. Jack noto que se le formaba un nudo en el estomago. No podia decir que se tratase de deseo, pero tampoco era precisamente una muestra de desinteres.
Billy agarro la gata madre, le coloco las pilas y la dejo sobre la mesa. Lacy se puso en pie sobre la silla y Jack centro la atencion en su sobrina. La nina coloco a los cachorritos junto a su madre y esta empezo a hacer extranos ruiditos.
– Es una… gatita muy maternal. -Daisy aparto la vista del juguete-. Jack, ?no te parece adorable?
– ?Eso que tiene ahi son pezones? -quiso saber Billy.
– Parecen mas bien corazones -dijo Jack.
– ?Y eso por que? -quiso saber Amy Lynn. En casa tenia una gata de verdad y sabia que lo que tenian ahi no eran corazoncitos.
Ni a Billy ni a Jack se les ocurrio una respuesta. Daisy miro a Amy Lynn y dijo:
– Porque los corazones quedan mejor que los pezones.
En caso de haber estado solos, Jack podria haberle explicado con toda precision por que su explicacion no era correcta. En lugar de eso, apreto con fuerza los dientes para partir el cubito de hielo que tenia en la boca.
– Y tienen gafas de sol, Lacy -senalo Amy Lynn.
El telon del escenario se abrio y aparecieron tres osos mecanicos bailando y fingiendo tocar sus instrumentos. Una cancion acerca de tres ranas felices se adueno del local, y Lacy empezo a dar palmas.
El hijo de Lily grito con todas sus fuerzas. Daisy le paso su hija a Billy y cogio en brazos al nino. Le dijo algo a Lily y se alejo de alli con el pequeno, que seguia gritando a todo volumen. Jack no pudo evitar echarle un vistazo a su espalda y a su trasero enfundado en aquellos cortos pantalones vaqueros.
– ?Viste
Jack veia el programa de vez en cuando, pero Billy era todo un fanatico.
– No, me perdi el ultimo programa.
– ?Te puedes creer que transformaron un autobus escolar en una barca? -dijo, pero el ruido de los osos mecanicos no le permitio seguir con la conversacion.
Jack espero cinco minutos antes de salir tras los pasos de Daisy y su sobrino. Los encontro en una zona de juegos. Le habia limpiado la cara a Pippen y el nino estaba ahora jugando en una piscina de bolas de colores. Ella estaba fuera, observandole mientras se deslizaba entre las bolas como si estuviese nadando contra corriente.
– ?Como te las has ingeniado para invitarte a la fiesta de cumpleanos de Lacy? -le pregunto cuando llego a su lado.
Ella le miro a los ojos.
– Lily, Pippen y yo ya estabamos aqui cuando llegaron.
– Asi que te has llevado una buena sorpresa.
Ella nego con la cabeza y la cola de caballo se balanceo rozandole los hombros.
– No. Sabia que ibas a venir aqui, aunque no esperaba que Billy y Rhonda fuesen a pedirnos que nos uniesemos a ellos.
– ?Que tengo que hacer para que me dejes en paz?
Daisy volvio a fijarse en su sobrino. El nino agarro una bola de plastico y la lanzo. No le do a una nina de milagro.
– Ya sabes lo que quiero.
– Hablar.
– Si. Tengo que decirte algo muy importante.
– ?Que?
Estallaron las sirenas de uno de los juegos y el ruido lo inundo todo.
– Es algo demasiado importante para hablarlo aqui.
– Entonces, ?por que has venido? ?Te gusta acosarnos a mi y a mi familia?
– No te estoy acosando. Solo queria que recordases que sigo aqui y que no me voy a ir hasta que hable contigo. -Se miro los pies-. Tengo una carta que Steven escribio para ti. Pero no la llevo encima.
– ?Y que dice esa carta?
Daisy volvio a negar con la cabeza, despues le miro a los ojos.
– No lo se. No la he leido.
– Enviamela al taller.
