– No, no lo sabes. Nadie te ha roto nunca el corazon. Steven murio, no se fugo con una mujer rompiendote el corazon.

Daisy retiro la mano del hombro de su hermana.

– ?Acaso crees que ver morir a Steven no me rompio el corazon?

Lily se volvio hacia Daisy y se enjugo las lagrimas.

– Supongo que si. Pero es diferente. Steven no te dejo por voluntad propia. -Inspiro por la nariz, tomo aliento, y luego anadio-: Tuviste suerte.

– ?Que? Acabas de decir algo horrible.

– No quiero decir que tuvieses suerte porque Steven muriese, solo que no tienes razones para imaginarte a Steven haciendo el amor con otra mujer. No tuviste que preguntarte si la estara besando o tocando o abrazando.

– Tienes razon. Tengo razones para imaginarmelo muerto en el suelo. -Daisy se cruzo de brazos y miro a su hermana-. No voy a tener en cuenta tus palabras porque se que tienes un mal dia. -Pero en realidad no estaba preparada para dejarlo correr, asi que anadio-: se que no pretendes comportarte como una ninata insensible, pero eso es justo lo que has hecho.

– Y yo estoy segura de que no pretendes comportarte como una egoista, pero eso es exactamente lo que haces.

Daisy abrio la boca de par en par. Estaba sentada en el coche de su hermana con la intencion de evitar que esta hiciese alguna estupidez y resulta que ella era la egoista.

– Si, es cierto, y he venido aqui a vigilar el apartamento de Ronnie porque no tengo nada mejor que hacer.

– ?Acaso piensas que me apetecia mucho ir ayer por la tarde al Showtime para que tu pudieses acosar a Jack Parrish?

– No es lo mismo. Sabes muy bien que es fundamental que hable con Jack. -Volvio la cabeza y al mirar por la ventanilla vio a una anciana con un abrigo rosa paseando a su perro por la acera-. No le estaba acosando.

– No creo que el opine lo mismo.

No, seguro que no. Y despues de lo que habia pasado la tarde anterior tenia que darle la razon. Ir al Showtime y aparecer en la fiesta de su sobrina no habia sido una de sus ideas mas brillantes, pero el tiempo jugaba en su contra. Solo disponia de unos pocos dias mas, y si Jack no le hubiese mentido respecto a su viaje fuera de la ciudad no habria perdido cuatro dias. Estaba contra la espada y la pared y los nervios empezaban a hacer acto de presencia.

– ?Viste como se comportaba con las hijas de Billy? -pregunto Daisy. Cuando lo vio acercarse con las dos ninas sintio una sorpresiva punzada en el corazon-. Es muy bueno con ellas, y las ninas le quieren de verdad. Los ninos no fingen acerca de esas cosas.

– ?Y eso te hizo pensar que no deberias haberte casado con Steven?

Daisy se hundio en su asiento y miro hacia el frente.

– No, pero me hizo comprender que cuando le cuente lo de Nathan probablemente se enfadara mucho mas de lo que habia creido. No es que pensase que no iba a irritarse, pero habia una parte de mi que esperaba que, en el fondo, lo entendiese. -Se saco la pinza del cabello y recosto la cabeza en el asiento-. Jack no estaba preparado para tener familia. Acababa de perder a sus padres, no habria podido asumir el hecho de que estuviese embarazada. Hice lo correcto.

– Pero… -inquirio Lily.

– Pero nunca me he permitido preguntarme que clase de padre habria sido. -Dejo la pinza sobre el salpicadero-. Nunca he querido pensar en eso.

– ?Y ahora si lo piensas?

– Si. -Aunque sin duda habria sido mejor no hacerlo, no podia evitar pensar en ello.

La puerta de uno de los apartamentos se abrio y aparecio Ronnie con una mujer morena del brazo. Daisy solo habia visto a Ronnie en un par de ocasiones, cuando Lily y el habian ido a visitarla a Seattle, pero lo reconocio al instante. Era un hombre atractivo, con el cabello rubio estudiadamente despeinado y una de esas sonrisas seductoras que hacen perder la cabeza a algunas mujeres. Al contrario que a Lily, a Daisy nunca le habria impresionado, y mucho menos hacerle perder la cabeza.

– Apaga el motor -le dijo Daisy a su hermana. Esa manana, el sombrero vaquero de Ronnie dejaba su rostro y la parte superior de su camisa roja en la sombra. Llevaba un cinturon con una hebilla del tamano de una bandeja y unos pantalones tan cenidos que parecia que le hubieran pintado las piernas de azul.

– No voy a atropellarlo.

– Apagalo, Lily. -La pareja estaba demasiado lejos para poder ver el rostro de Nelly con claridad, pero incluso a esa distancia Daisy pudo apreciar que se habia recogido el pelo en lo alto de la cabeza en una cola de caballo y que llevaba su considerable trasero enfundado en unos pantaloncitos negros de deporte.

El motor dejo de sonar y Daisy alargo la mano para hacerse con las llaves. Agarro a Lily del brazo para evitar que abriese la portezuela.

– No vale la pena, Lily.

La pareja monto en una camioneta Ford blanca con llamas de un color rojo metalizado pintadas en los costados. Ronnie ayudo a «Nelly, esa alimana» a subir a su asiento, despues puso en marcha la camioneta y se fueron. Cuando ya salian del aparcamiento, sintio un brote de ira en el estomago. Lily se cubrio la boca con la mano, peor un agudo gemido se le escapo entre los dedos. Daisy se inclino hacia su hermana y la atrajo hacia si para abrazarla con todas sus fuerzas.

– Lily, ese tio no se merece que llores por el -le dijo acariciandole el pelo.

– Sigo enamorada de el. ?Por que ya no me quiere? -Lily lloraba. Mientras, Daisy la tenia entre sus brazos y sintio que se le desgarraba el corazon. ?Que clase de tipejo era capaz de abandonar a su mujer y a su hijo? ?Que clase de hombre amoral se iba a vivir con otra mujer y vaciaba las cuentas bancarias para no tener que entregar el dinero de su hijo? Cuantas mas vueltas le daba, mas se irritaba. De algun modo, Ronnie pagaria por el dano que le estaba haciendo a su hermana.

– Carino, ?te has planteado la posibilidad de iniciar una terapia? -le pregunto a su hermana.

– No quiero hablar de eso con extranos. Es demasiado humillante. -A partir de ahi su discurso se hizo incoherente; su voz parecia el grito de un delfin angustiado.

– Deja que conduzca yo -dijo Daisy. Lily asintio y mientras Daisy rodeaba el coche, Lily se sento en el asiento del acompanante-. ?Te apetece una Dr. Pepper? -pregunto mientras salian del aparcamiento-. Te ayudara a despejarte la garganta.

Lily se limpio la nariz con la manga y asintio.

– Vale -fue todo lo que pudo decir.

Daisy condujo hasta un supermercado Minute Mart y aparco frente a la puerta. Se metio las llaves en el bolsillo por si acaso a Lily se le pasaban ciertas ideas por la cabeza, saco cinco dolares de su bolso y cogio las gafas de sol del salpicadero.

– Ahora mismo vuelvo -dijo tras abrir la puerta. Una vez dentro de la tienda, lleno un vaso grande con Dr. Pepper, lo cerro con su correspondiente tapadera y cogio una pajita. Cuando Lily se calmase un poco, hablaria con ella de su abogado: queria saber lo que estaba haciendo por ella.

– Buenos dias -dijo el dependiente; estaba tan delgado que el uniforme verde parecia colgar de una percha. En su tarjeta de identificacion ponia «Chuck» y «Tenga usted un buen dia». Daisy dudaba que eso fuese posible.

– Buenos dias. -Al entregarle al muchacho el billete de cinco dolares, vio que una camioneta Ford blanca con llamas rojas en los costados se detenia en el aparcamiento a escasos metros del Ford Taurus de Lily. Vio que Ronnie y Nelly salian de ella y vio tambien que se avecinaba una catastrofe-. Oh, no.

La puerta del acompanante del Taurus se abrio como movida por un resorte y Lily salio disparada. Se coloco frente a la pareja cuando alcanzaron la hacer, frente al supermercado. Daisy pudo oir los gritos histericos de Lily a traves de las cristaleras, y estaba segura que la gente que estaba repostando en la gasolinera era testigo de un buen espectaculo.

Daisy dejo la pajita sobre el mostrador y, con la mano alzada, dijo:

– Vuelvo enseguida.

En el momento en que Daisy salio por la puerta, Lily le estaba llamando «puta» y «culo gordo» a Nelly, y esta,

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