Pero ahora que podia pensar con algo mas de claridad, dudaba que hubiese abrazado a cualquier mujer unos cuantos minutos mas de lo necesario como lo habia hecho con ella. Al menos no del mismo modo, apretandola con fuerza contra su pecho. Y dudaba seriamente que hubiese frotado la mano de cualquier otra mujer con el pulgar. Tambien dudaba que fuera consciente de lo que estaba haciendo.
Ella estaba tan concentrada en lo que pasaba a su alrededor que no se habia percatado de que el roce de Jack habia sido mas personal de lo que dictaban las normas de comportamiento del buen samaritano y lo habia mantenido durante algunos segundos mas.
Se dio cuenta en ese momento, y el mero recuerdo de su roce le hizo contener el aliento. Cuando Daisy subia las escaleras camino de su dormitorio, su madre la llamo para que bajara a ayudarla.
– Ya voy -respondio; despues cerro la puerta a su espalda. Se apoyo en ella al tiempo que sentia una fuerte punzada de calor en el vientre y entre los muslos. El calor se extendio por todo su cuerpo y lo noto especialmente en los pechos. No habia sentido nada parecido desde hacia mucho tiempo, pero sabia de que se trataba. Deseo. Deseo sexual. Anos atras aquel impulso la habia dominado.
Cerro los ojos. Tal vez rememoro el roce de Jack. Tal vez no fueron mas que fantasias, pero no pudo evitar imaginar lo estupendo que seria sentir otra vez el cuerpo solido y fuerte de un hombre. Era maravilloso sentirse protegida. Era maravilloso sentir el pecho de un hombre contra la espalda, sus brazos alrededor de la cintura. Que dios se apiadase de ella, pero echaba de menos esa sensacion. La echaba tanto de menos que deseo fundirse con Jack. Se pregunto que habria sucedido si se hubiese dado la vuelta y le hubiese besado en el cuello. Que habria pasado si le hubiese recorrido el cuello con la lengua mientras le acariciaba con las manos su fornido pecho. Desnudo, como lo estaba en la cocina de su casa la noche en que volvio a verlo. Medio desnudo, con los pantalones colgando despreocupadamente de sus caderas, como preparados para que ella pudiera introducir en ellos las manos despues de deslizarlas por su vientre plano, arrodillarse ante el y hundir su rostro en la bragueta.
Daisy abrio los ojos. Jack era el ultimo hombre de la Tierra con el que tenia que tener fantasias sexuales. El ultimo hombre del planeta que deberia hacerle pensar en el sexo.
«Ha pasado mucho tiempo, eso es todo», se dijo alejandose de la puerta. Abrio un cajon y saco unas bragas y un sujetador. Tenia treinta y tres anos, y antes de la enfermedad de Steven su vida sexual habia sido muy activa. A Daisy le gustaba el sexo y lo echaba de menos. Habia supuesto que solo era cuestion de tiempo que su deseo de intimidad volviese a adquirir protagonismo. Pero que sucediese en ese preciso momento no tenia nada de bueno. Y lo peor de todo era que fuera Jack el desencadenante. Por razones obvias, que Jack y ella se enrollasen tenia que estar fuera de consideracion.
Daisy fue hasta el bano que habia al otro extremo del pasillo. Sin embargo, acostarse con cualquier otro hombre empezaba a ser una posibilidad. Solo habia estado con dos hombres en toda su vida; tal vez hubiera llegado el momento de experimentar. Disponia de dos dias y medio antes de regresar a Seattle. Quiza fuera el momento de vivir alguna experiencia antes de volver a casa para ejercer de madre. Tal vez deberia anadir «acostarse con alguien» a su lista de tareas.
De pronto se sintio culpable. Steven estaba muerto, ?por que tenia entonces la sensacion de que iba a serle infiel a su marido? No lo sabia, pero asi era. El sentimiento de culpa estaba ahi, y sabia que muy probablemente le impediria llevar a cabo accion alguna.
Era una lastima, porque le habria apetecido disfrutar del sexo sin ataduras: enrollarse con alguien y no volver a verlo en la vida.
Abrio el grifo de la banera y coloco la mano bajo el chorro de agua. Pero quiza, si llevase a cabo su plan, ese sentimiento de culpa se disipara para siempre. Tal vez fuese como volver a perder la virginidad. La primera vez fue la mas dificil. Despues todo se hizo mas sencillo. Y mucho mas divertido.
Obviamente, no disponia de candidato alguno. Tal vez podria ligarse a algun tipo en un bar. Alguien que se pareciese a Hugh Jackman o al protagonista del anuncio de Coca-Cola light. No, esos hombres le recordaban demasiado a Jack. Tendria que escoger a alguien totalmente diferente. Alguien parecido a Viggo Mortensen o a Brad Pitt. No, mejor Matthew McConaughey.
Oh, si.
Pero ni hablar de Jack. Nunca jamas. Eso seria poco menos que un suicidio.
«Aunque tal vez -le susurro una suave voz en su interior- seria la bomba.» Se quito los pantalones cortos y la camiseta. Tenia la sensacion de que, si no se andaba con mucho cuidado, aquella vocecita interior podia meterla en serios problemas.
Capitulo 8
Los fines de semana por la noche el Slim Clem’s reunia a gente procedente de lugares tan alejados como Amarillo o Dalhart. La banda del local tocaba musica
Desde las estanterias que habia colgadas en la parte superior de las paredes, todo tipo de mamiferos y reptiles disecados observaban a la gente con sus ojos de cristal. Si el Road Kill era el sueno de un taxidermista, el Slim Clem’s era su sueno erotico. Aunque, la verdad, es un misterio que alguien pueda enorgullecerse de tener una mofeta colgada en la pared.
En la penumbra del Slim Clem’s imperaban los pantalones vaqueros -Wranglers, Rockies y Lee-. Las mujeres los llevaban ajustados y en todos los colores imaginables y sabian combinarlos con camisas vaqueras llenas de flecos y caballos estampados en la espalda. Las camisetas con caracolas y plumas, y los bajos recortados para que pareciesen flecos eran otra de las prendas predilectas, asi como las faldas con grandes volantes o vestidos de franela con cuello redondo. Los peinados iban desde los cardados tipicamente tejanos, banados en laca hasta la mismisima raiz y rigidos como un casco, hasta las cabelleras sueltas, lisas y largas hasta la cintura o incluso hasta las rodillas.
Los hombres se decantaban por los Wranglers o los Levi’s de color azul o negro, y algunos los llevaban tan cenidos que era inevitable preguntarse como habian conseguido meter alli sus partes nobles. A pesar de que algunos hombres llevaban camisas vaqueras almidonadas con llamas estampadas o con la bandera estadounidense, las camisetas ganaban por goleada. La mayoria lucia anuncios de cerveza o de tractores John Deere, aunque las habia que llevaban otro tipo de mensajes. El omnipresente «No te metas con Tejas» podia leerse por todas partes, en tanto que la leyenda «Si, estoy borracho, pero tu sigues siendo feo» competia en dura pugna con la esperanzadora «Vamos a darnos el lote».
Las botas tejanas se movian al ritmo de la banda, y las hebillas de algunos cinturones eran tan grandes que podrian haber sido consideradas armas letales y destellaban bajo las luces multicolores de la pista de baile.
Daisy nunca habia estado en el Slim Clem’s. Cuando vivia en Lovett era demasiado joven para que le permitiesen entrar. Pero habia oido hablar mucho de el. Todo el mundo habia oido hablar de el, de hecho, y se dijo que era el momento de vivir la experiencia por su cuenta.
Ese mismo viernes, por la tarde, Lily encontro trabajo en una charcuteria de los grandes almacenes Albertsons, y las dos decidieron ir a celebrarlo al Slim. Daisy no habia llevado consigo ropa adecuada para ir a uno de esos lugares, pero en el fondo de su antiguo armario encontro sus viejas botas vaqueras. Se las probo y, aunque le apretaban un poco, no le iban del todo mal. Durante su ultimo ano de instituto habia ahorrado durante meses para comprarse unas botas rojas con corazoncitos blancos. Por suerte, las botas de vaquera nunca pasaban de moda en Tejas.
De la caja en la que guardaba los anuarios del instituto, saco el cinturon de su padre con la hebilla plateada que habia ganado en el rodeo Top’O Texas pocos meses antes de que un toro acabase con su vida.
Se puso su vestido blanco de algodon que se cerraba por delante con ocho pequenos corchetes, y se coloco el cinturon de rodeo de su padre alrededor de la cintura. En el cuero, por la parte de atras podia leerse «Pendenciero». La hebilla era bastante grande y se le acercaba un poco hacia delante, pero era el atuendo perfecto para una tarde vaquera como el Slim Clem’s.
