– No puedo hacer eso. Steven me pidio que te la entregase en persona.

– Si es tan jodidamente importante, ?por que no me la dio el mismo? ?Por que te envio a ti de mensajera?

– ?Pippen, no hagas eso! -le dijo a su sobrino antes de volverse hacia Jack. Las luces rojas y azules de un videojuego se reflejaron en su hombro desnudo, en el cuello y en la comisura de su boca-. En un principio, tenia la intencion de hacerlo. Durante el primer ano de su enfermedad, estaba convencido de que superaria el cancer. Sabiamos que nadie habia sobrevivido a un glioblastoma, pero era joven y sano y al parecer los primeros tratamientos estaban dando buen resultado. Lucho con todas sus fuerzas, Jack. -Se volvio hacia Pippen y se agarro a la malla metalica-. Cuando acepto que iba a morir ya era demasiado tarde para hablar contigo en persona. -El pequeno corazoncito de su pulsera se balanceo en su muneca. Jack lo miro, intentando mantener a raya cualquier sentimiento respecto a Steven o a Daisy. No queria ceder ni un centimetro.

Pero tenia que hacerle una pregunta.

– Unos ocho o nueve meses.

Eso suponia. Steven siempre buscaba a alguien que «rompiera el hielo» por el, ya fuese para decirle a Daisy que llevaba un lazo horroroso, para saltar de un tejado o para lanzar tomates podridos a los coches. Cuando era un muchacho a Jack no le importaba, pero habian pasado muchos anos.

– Por tanto, tuvo tiempo de hablar conmigo antes de morir. No tenia por que haberte enviado a ti.

Ella rio con un deje de amargura.

– Obviamente, no has tenido que estar cerca de nadie que esta siguiendo a un tratamiento radical contra el cancer. De lo contrario, no dirias algo asi. -Dejo caer una de sus manos hacia el costado y sus ojos empezaron a llenarse de lagrimas mientras le miraba-. No lo habrias reconocido, Jack. -Una de las lagrimas le recorrio la mejilla. Apreto las manos para no llevarselas a la cara-. En la ultima etapa -prosiguio- habia olvidado incluso como atarse los zapatos, pero insistia en vestirse todos los dias. Asi que le ataba los zapatos… todos los dias. Como si eso tuviese alguna importancia. Supongo que lo hacia porque le aportaba algo de dignidad. Le hacia sentir que seguia siendo un adulto. Un hombre.

A Jack empezo a encogersele el corazon y le costaba respirar.

– Ya basta, Daisy.

– Jack…

– No. -Sabia que no se detendria hasta llegarle a lo mas hondo. Igual que en el pasado. No podia dejar que ocurriese. Por nada del mundo-. No quiero oir nada mas. -Lo sentia por Steven. Lo sentia mas de lo que habia creido tan solo hacia dos minutos, pero no queria que ella siguiese por ese camino.

– No tenia intencion de hablar de esto ahora. -Se enjugo una lagrima de la mejilla-. Quedemos despues para que pueda decirte lo que tengo que decirte.

– La unica palabra que quiero oir de tus labios, Daisy Monroe, es adios -dijo el justo antes de volverse y echar a andar. Regreso al comedor y le dijo a su hermano y a Rhonda que se marchaba. Les dio algo de dinero para las fichas de los juegos de sus sobrinas y se fue. No vio a Daisy al salir, y tampoco hizo el mas minimo gesto de buscarla.

Respiro hondo y siguio caminando. Penso que no conseguiria volver a respirar con normalidad hasta que llegase a casa. Cerro la puerta. Se atrinchero para dejar fuera los recuerdos de Daisy y Steven. Pero los recuerdos se colaron en la casa, Jack se dejo caer en la banqueta del piano de su madre y coloco las manos sobre sus rodillas.

Habia odiado a Steven durante casi tantos anos como lo habia querido. Pero nunca habia deseado su muerte, ni en los momentos en que su rabia habia sido mas intensa. Al menos no de veras. Tal vez hubo un tiempo, cuando todo ocurrio, en que la idea de que Steven desapareciese de la faz de la Tierra le resultaba una idea ciertamente atractiva, pero jamas habia querido que muriese del modo en que Daisy habia descrito. Asi no. Ni siquiera cuando, en el pasado, habia ardido de rabia y dolor.

Bien pensado, nunca habia deseado su muerte. Porque, en el fondo entendia a Steven. Era consciente de que el habia traicionado a Steven en la misma medida en que Steven le habia traicionado a el.

Fue Steven quien le conto que habian dejado plantada a Daisy justo antes del dichoso baile del instituto de su ultimo ano. Los dos pensaron que lo mejor era que Jack fuera al baile con Daisy, puesto que Steven ya tenia cita. En aquel momento le parecio algo muy sencillo. Llevar a Daisy al baile para que no pasase la noche llorando sola en su habitacion. Era facil, pero aquella noche acabo cambiando el discurrir de sus vidas.

Jack casi no se acordaba del baile, salvo de que habia intentado tocarla lo menos posible. Sin embargo, recordaba muy bien el momento del porche. Aquel hiriente deseo que le empujaba hacia Daisy, mientras su cabeza insistia una y otra vez en que tenia que largarse, que lo mejor era que subiera al coche y saliera volando de alli.

Entonces se besaron.

Comparado con los besos que le habian dado otras chicas, no fue gran cosa, se limito a apretar los labios contra los suyos. Sin embargo, algo se activo en el interior de su pecho. Se quedo perplejo y se enfado; entonces la aparto de su lado. Pero Daisy le acaricio el cuello y le miro, y a Jack le parecio ver en sus ojos tanto deseo como el que el sentia por ella. Tanto como el que siempre habia sentido por ella.

– Por favor, Jack -musito. Y cuando ya inclinaba la cabeza para volver a besarla, se dijo que estaba cometiendo un grave error. Incluso mientras la besaba, mientras degustaba el sabor de su boca, se dijo que tenia que dejarlo inmediatamente. Y tambien cuando la atrajo hacia si, y sintio el empuje de sus pechos. Y a pesar de repetirse una y otra vez que no tenia que volver a ocurrir, sabia que no podria evitarlo. La habia deseado durante anos, y esa pequena muestra no resultaria satisfaccion suficiente.

Ni de lejos.

Se dijo que tenia que alejarse de ella, pero por mucho que fuese capaz de ejercer un amplio control sobre su lujuria adolescente, Daisy no iba a permitir que se distanciase. La noche siguiente al baile, en la fiesta de Jimmy Calhoun, ella lo arrastro hasta el interior de un oscuro armario y condujo la mano de Jack hasta su pecho.

– Tocame, Jack -le susurro en la boca, y el estuvo a punto de correrse en los calzoncillos.

Pocos dias despues, Jack le dijo a Steven que no podia salir con el porque no tenia ni un centavo. Se monto en el Camaro, fue a recoger a Daisy a su casa y la condujo hasta una carretera desierta. Aparco y le hablo de Steven, de que ambos se sentian atraidos por ella, y le dijo a Daisy que tenian que acabar con lo que habia empezado en el baile.

Ella dijo que lo entendia. Estaba de acuerdo, pero entonces le beso el lobulo de la oreja y le dijo que Steven no tenia por que saberlo.

– Quiero a Steven. Es mi amigo -dijo Daisy-. Pero no pienso en el del mismo modo que pienso en ti. Estoy enamorada de ti, Jack. Quiero algo mas de ti. Quiero que me ensenes a hacer el amor.

Aquella noche, Jack le quito la camisa y le desabrocho el sujetador. Era de topitos azules. Sus pechos eran la cosa mas hermosa que jamas habia visto, firmes y palidos, y sus pezones rosados parecian a la medida de su boca.

Esa noche no le hizo el amor. No, Jack quiso mostrarse caballeroso. Le dijo que no se enrollaba con virgenes. Se convencio de que mientras no pusiese las manos en sus bragas todo iria bien. Se dijo que iria paso a paso, pero sus propositos duraron muy poco, tanto como un caramelo en las manos de un nino. Entonces decidio que no pasaria nada mientras dejase intacto su himen.

Despues de dos semanas de caricias y besos, la recogio en su coche y se la llevo a un hotel en las afueras de Amarillo. Pasaron la noche juntos, y Jack aprendio la diferencia entre practicar el sexo y hacer el amor. Aprendio la diferencia entre el sexo que solo implica los genitales y el sexo que tiene que ver con el alma. Aprendio que estar dentro de Daisy Lee encendia una especie de hoguera en lo mas profundo de su pecho. Ni por un momento dudo de que lo que hacian estaba mal. Sabia que Steven queria a Daisy tanto como el, pero acabo convenciendose de que Daisy tenia razon: todo iria bien siempre que Steven no lo supiese.

En publico, Daisy y Jack se comportaban como lo habian hecho siempre, como amigos, aunque no les resulto facil. A Jack ver a Daisy y no poder tocarla le hacia subirse por las paredes. Verla paseando por los pasillos del instituto o dando saltitos con su minifalda de animadora despertaba en el unos celos enfermizos.

Aunque no era el unico a quien desquiciaba la situacion. Daisy siempre habia querido a Jack tanto como el a ella, peor cuando el no podia quedar, lo cual sucedia muy de vez en cuando, ella le acusaba de no quererla lo suficiente. Le acusaba de ir con otras chicas. Le decia entonces que ya no estaba enamorada de el, pero a la minima oportunidad se arrancaban la ropa el uno al otro y satisfacian sus deseos con total entrega.

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