que bailaria conmigo. -Lo miro con aire de suplica-. ?Verdad?
– Si tu lo dices… -musito Jack.
– Si -afirmo ella.
Jack tenia dos opciones: dejar a Daisy en manos de Tucker o bailar con ella. Dejo la cerveza en la barra y le paso el brazo por la cintura hasta alcanzar el codo.
– Me temo que me falla la memoria -dijo. La agarro del brazo y la llevo hacia la pista.
La banda ataco un tema lento de los Georgia Satellite,
– ?Vas a irte con Gooch? -le pregunto Jack.
– Me lo ha pedido. -Ella apoyo ligeramente la mano sobre el hombro de Jack-. Pero no, no voy a irme con el.
Jack se sintio aliviado, y eso no le gusto nada.
– No se de donde habra sacado la idea de que podria aceptar su proposicion -se pregunto Daisy.
Pasaron junto al escenario y las luces rosas destellaron en el cabello de Daisy, acariciaron su frente y sus mejillas y se adentraron por la fina abertura que habian dejado sus labios.
– Tal vez porque llevas un vestido muy cenido -le aclaro Jack.
– No es tan cenido.
Jack la aparto de si un poco y despues volvio a acercarla sin perder el ritmo. Sus pechos estaban a pocos centimetros de distancia, y Jack se dijo que si queria concentrarse en sus palabras, lo mejor era no acercarse mas. Acaricio con los pulgares la tela del vestido y le dijo al oido:
– Es tan cenido que he podido verte el sujetador -confeso Jack.
– ?Y por que tenias que mirarme el sujetador, Jack?
– Aburrimiento, supongo -explico el.
– Ah, no. -Daisy se separo lo suficiente como para mirar a Jack a los ojos-. Estas intentando imaginarme desnuda.
Jack sonrio mientras la banda cantaba algo sobre el amor verdadero y el pecado.
– Florecita, ya se que aspecto tienes desnuda.
Entre las sombras de la sala de baile, Jack vio que le subian los colores. Se puso colorada desde el cuello a las mejillas.
– Es curioso, yo no recuerdo que aspecto tenias desnudo.
Daisy le miro a los ojos durante un segundo y despues aparto la vista e intento centrar la mirada en cualquier cosa que no fuera Jack.
A Daisy nunca se le habia dado bien mentir. Jack no recordaba que eso le hubiera incomodado nunca antes, pero, por alguna razon, en ese momento lo hizo.
– ?Sabias que iba a estar aqui? -le pregunto Jack.
Ella volvio a mirarle a los ojos y respondio:
– No. -No sabia si el le creia-. ?Estaras en tu casa manana?
– ?Por que? -pregunto el.
– Porque tenia pensado pasar a verte.
Jack contemplo el rostro de Daisy. La
– No recuerdo haberte invitado -espeto Jack.
– Antes dijiste que tienes mala memoria -le recordo Daisy.
– Para ciertas cosas, tal vez. Para otras, sin embargo, tengo una memoria estupenda -puntualizo el-. Por ejemplo, me acuerdo perfectamente de tus botas.
Daisy sonrio y deslizo la mano por el hombro de Jack.
– Lo se -dijo ella-. Es alucinante que todavia me entren. ?Te acuerdas de cuando las llevaba con mis Wranglers de color rojo?
?«Wranglers de color rojo»? El le hizo dar unas cuantas vueltas rapidas con la intencion de marearla un poco. El pensaba en su sujetador y no podia borrar de su mente el recuerdo de aquellas botas rozandole las orejas, pero ella solo pensaba en cosas que a el no le interesaban en absoluto y de las que no tenia intencion de hablar.
La apreto contra si y ella dijo:
– ?Y te acuerdas de aquella falda de campesina color fucsia? Dios mio, la moda de entonces era como una pesadilla.
?«Falda de campesina»? ?Ya basta de tonterias! Solo por lo que acababa de decir iba a darle vueltas y mas vueltas hasta hacerla caer al suelo. No hacia mas que hablar de bobadas para sacarle de sus casillas. Como si ella no estuviese pensando tambien en sexo puro y duro. Como si la atraccion sexual que existia entre ellos solo fuera cosa de Jack, cuando el sabia perfectamente que ella tambien la sentia.
– Ah, si, la falda de campesina color fucsia -dijo Jack sin estar seguro de lo que era una falda de campesina. La estrecho contra su pecho todavia un poco mas, hasta que sus pechos se apretaron contra el, y entonces dijo-: Recuerdo como te quedaba cuando te la levantabas hasta la cintura.
Daisy fallo el paso y se retiro un poco para mirarle a la cara. En su boca empezo a dibujarse una sonrisa, y dijo:
– No quiero hablar de sexo.
Por lo general, a el tampoco le gustaba hablar del tema. Era un hombre mas bien reservado.
– Que lastima -empezo a decir Jack mientras deslizaba la mano hacia el final de la columna de Daisy-. Ya que tu quieres hablar conmigo, sere yo el que escoja el tema a tratar.
– En la vida hay cosas mas importantes que el sexo -replico Daisy.
Jack tambien lo creia, pero en ese momento no podia pensar en nada mas.
– Dime una -le pidio Jack.
– La amistad -respondio ella.
– Cierto -admitio el-. Muy propio de una chica.
– No, muy propio de un adulto -lo corrigio Daisy.
Se estaba quedando con el. Hasta que volvio a aparecer por el pueblo, Jack habia ido tirando con su propia vida. Ya habia ingerido una elevada dosis de lo que suponia ser adulto siendo bien joven. Tras la muerte de su padre, habia tenido que criar a su hermano y sacar a flote el negocio. Y ahora alli estaba Daisy, con sus botas rojas y su vestido blanco, removiendo el pasado.
– El sexo fue una parte importante de nuestro pasado, Daisy, pero por lo visto no quieres hablar de ello.
– No fue una parte tan importante, Jack.
– Ya, claro.
La cancion llego a su fin y ella se aparto de el.
– Tal vez para ti si lo fue. Pero para mi no represento lo mas importante -dijo Daisy; despues volvio y se alejo de su lado.
Daisy irguio el menton y se encamino al lavabo de senoras. Una vez dentro, humedecio una toallita de papel y se la paso por las mejillas. El corazon le latia en la garganta y observo su rostro en el enorme espejo que colgaba encima de los lavabos. Sus ojos brillaban tal vez en exceso. Estaba demasiado colorada. Su piel parecia extremadamente sensible; cada una de sus celulas habia respondido a los roces de Jack. El la habia atraido hacia su cuerpo y ella se habia sentido tan bien al sentir la fuerza de su pecho… Habia sido un fastidio tener que prescindir de esa sensacion tan pronto, pero Jack se estaba empenando en recordarle cosas que ella preferia mantener en el olvido. Le recordaba, por ejemplo, el tiempo que hacia que no se acostaba con un hombre, o lo que era sentir aquella punzada de lujuria, caliente y vital, en los pechos y entre los muslos. Y no era solo porque hubiese hablado de sexo, ero por el, por el contacto de sus manos, por sus pulgares rozandole la cintura, por el tono profundo de su voz junto al oido, por el aroma de su piel. De no haber acabado la cancion justo cuando acabo, Daisy podria haberse consumido alli mismo, en medio de la pista de baile.
Una mujer en camiseta con flecos negros se acerco hasta donde estaba Daisy para maquillarse frente al espejo.
