– Hace un calor de mil demonios ahi dentro -dijo para justificar el rubor de sus mejillas.

– Eso parece -dijo Daisy, y, tras tirar las toallitas a la papelera, abrio la puerta para salir.

Jack la esperaba apoyado en la pared de enfrente, y cuando la vio se incorporo al instante.

– ?Cuando vuelves a casa, Daisy? -le dijo dando un paso hacia ella.

Daisy miro por encima del hombro de Jack hacia la barra atestada de gente y respondio:

– Cuando Lily quiera.

La voz de Jack se hizo algo mas grave para aclarar la pregunta.

– ?Cuando vuelves a Seattle?

Jack la miro con los ojos entornados. Ella retrocedio un par de pasos para no tener que inclinar la cabeza hacia arriba al mirarlo y respondio:

– El domingo.

El dio un paso hacia delante.

– O sea, pasado manana… -preciso Jack.

– Si.

– Estupendo.

– Por eso tenemos que hablar manana -anadio Daisy dando otro paso hacia atras.

El la siguio.

– Porque quieres que seamos amigos y charlemos sobre el pasado.

– Entre otras cosas -aclaro Daisy; sus hombros toparon entonces con la puerta, y Jack alargo la mano hacia la derecha y agarro el tirador. La puerta se abrio y la obligo a salir al exterior. La calida brisa acaricio el rostro y la nuca de Daisy y le revolvio el pelo. Jack tambien salio y cerro la puerta a su espalda.

La luz que habia encima de la puerta paso entre los cabellos de Jack e ilumino sus ojos verdes y tambien su sonrisa.

– Tu tienes tan pocas ganas de hablar como yo -dijo Jack.

– No es cierto -replico Daisy.

Ella intento alejarse de el pero, de algun modo, acabo atrapada contra la valla de madera que delimitaba los dominios del Slim. Se quedaron entre las profundas sombras del edificio y un enorme contenedor de basura de color azul. Gracias a Dios, en el bar no servian comidas, y el unico olor preveniente del contenedor cerrado era el de la cerveza y el polvo.

Jack apoyo las manos en la pared del edificio a ambos lados de la cabeza de Daisy, que quedo atrapada entre el cuerpo de el y el contenedor.

– Nunca has sabido mentir -afirmo Jack, e inclino la cabeza hacia ella y le dijo casi en un susurro-: No me importa que lo hayas negado toda la noche, Daisy, pero yo se lo que quieres.

Daisy apoyo las manos en su pecho para detenerle, pero al instante supo que habia cometido un error. A traves de la suave tela vaquera de su camisa y de los recios musculos de su pecho pudo notar el latido de su corazon: se le calentaron las palmas de las manos y el pulso se le acelero. Volvio la cara hacia un lado para poder respirar, pero no tuvo fuerzas para bajar las manos. Ya no.

– No lo creo -dijo Daisy.

El le agarro el mento suavemente con dos dedos y la obligo a mirarle.

– Quieres que te lleve a casa, o que nos echemos en el asiento trasero de mi coche, o que hagamos el amor contra esta pared, ahora mismo. -Jack le rozo los labios con los suyos, y a Daisy se le corto la respiracion-. Como en los viejos tiempos.

Uno de sus dedos se enredo con la camisa de Jack. Oh, si. Deseaba a Jack con todas sus fuerzas, pero tambien le gustaba comer pastel de chocolate todos los dias, y no por eso cedia a ese impulso.

– Eso no estaria bien, Jack -dijo ella.

– No, Daisy. Estaria muy bien.

Durante unos segundos recordo que habia tenido ese mismo pensamiento no hacia muchas horas. Entonces volvio a rozarle con los labios y ella se estremecio. No pudo evitarlo. No estaba en su mano detener lo que parecia que iba a ocurrir. Deslizo las manos por el pecho de Jack, hacia arriba, hasta llegar a sus hombros, despues descendio de nuevo hasta su vientre y la cintura de sus pantalones. Tenia tan cerca la cara de Jack que sus narices se tocaban. No podia ver con claridad sus ojos, pero sentia el peso de su mirada. Y entonces la beso. La suave presion de sus labios hizo que le flaqueasen las rodillas. Daisy abrio la boca y sus lenguas se tocaron, calientes y humedas; y con eso basto para que sus sentidos se colapsasen. El calor, el deseo y la gula recorrieron todo su cuerpo como una exhalacion, y ella ya no podia hacer nada para detener aquel flujo. Lo unico que podia hacer era seguir adelante.

Los pectorales de Jack se tensaron cuando ella deslizo las manos de nuevo hacia los hombros. Correspondio al beso apasionado de Daisy, y ella le devoro. Una lujuria sin cortapisas se abrio camino en el vientre de Daisy, empujandola a tocar el cuerpo de Jack con ansia, como si desease engullirlo primero y preocuparse por ello despues. Sabia tan bien… Era un hombre sano y excitado. Aquel beso encendio todos los resortes de su naturaleza mientras le acariciaba sin descanso, enredando los dedos en su pelo y desabrochandole los botones de la camisa.

Se aparto de ella unos centimetros y la miro a la cara. Respiraba con dificultad, como si hubiese corrido diez kilometros.

– Daisy -susurro Jack antes de enterrar el rostro en su cuello. Un profundo gemido hizo que su pecho se estremeciese y deslizo la boca hacia un costado del cuello. Bajo la mano hacia su cintura y despues rodeo el cinturon. Paso la mano por debajo del vestido hasta tocar su muslo y no tardo en alcanzar sus bragas de seda.

– Alguien podria vernos -le advirtio Daisy con un hilo de voz, en forma de tenue protesta.

Jack hizo que se pusiera de puntillas y le pregunto con voz rasposa:

– ?Acaso te importa?

Parecia que no, pues acababa de abrirle la camisa y apoyar las manos en su vientre plano. La piel de Jack estaba caliente al tacto y tambien un poco humeda debido al sudor; un destello de deseo y testosterona recorrio las puntas de los dedos de Daisy y ascendio por sus brazos directo hasta su cabeza. La calida y humeda boca de Jack se poso en el hueco de su garganta y Daisy cerro los ojos. Hacia mucho tiempo que no se sentia arrastrada por el deseo. Por el empuje febril y el dolor carnal. Ahora podia sentirlo, borrando por completo cualquier otra sensacion o pensamiento.

Jack hizo que Daisy pasase la pierna alrededor de su cintura, por lo que ella pudo sentir la presion de su ereccion contra su entrepierna a traves de las capas de tela del vestido y las bragas. Jack agarro el otro muslo, lo alzo y abrazo con el su cintura mientras apoyaba a Daisy en la pared. La miro a los ojos y presiono la pelvis.

– Hace mucho tiempo -gimio ella.

Con la mano libre, Jack desabrocho la pechera de su vestido. La miro fijamente y le pregunto:

– ?Cuanto? -Suavemente, paso el reverso de los dedos por el escote de Daisy, acaricio el saten de su sujetador y percibio la turgencia de sus senos. El vestido se abrio por completo y Jack dejo caer la mirada y la dejo clavada en los pechos de Daisy. Sin alzar la vista, pregunto de nuevo-: ?Cuanto tiempo, Daisy?

Todas las sensaciones que embargaban su cuerpo provenian de los puntos en que el posaba sus dedos. Daisy acaricio su pecho desnudo y, mientras le pasaba de nuevo los dedos por el pelo, le pregunto:

– ?A que te refieres?

– ?Cuanto tiempo ha pasado desde la ultima vez que hiciste el amor? -preciso Jack.

Daisy no tenia ninguna intencion de confesarlo en voz alta, y respondio:

– Bastante.

Jack abarco con la mano uno de sus pechos e insistio:

– ?Cuanto es bastante?

Pero ya era demasiado tarde para echarse atras.

– Dos anos -admitio finalmente Daisy.

Jack le paso los dedos por la parte de los senos que el sujetador dejaba al descubierto, y susurro:

– No podemos pasar de aqui.

Ella dejo escapar un gemido y apreto los muslos. Jack doblo las rodillas y apoyo las manos contra la pared a ambos lados de la cabeza de Daisy para sostenerse. Separo los pies y ella noto de nuevo su ereccion.

– No llevo condones, y tampoco tengo en el coche -dijo Jack; la beso en la frente y anadio-: Ven conmigo a mi

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