el borde del maletero-. Y quiero que me veas.

Daisy se sumergio en los profundos ojos verdes de Jack, tan familiares para ella.

– Te estoy viendo -le dijo cuando Jack la agarro por los muslos.

La penetro con un movimiento suave pero directo que le llego al cervix. Jack apreto los muslos con mas fuerza y ella arqueo la espalda. Daisy grito de placer y dolor, no estaba segura de cual de las dos sensaciones era mas aguda.

– Mierda -dijo Jack entre dientes, y despues enmarco con sus manos la cara de Daisy-. Lo siento. -La beso en la mejilla y en la nariz y susurro junto a su boca-: Lo siento, Daisy. Lo siento. Ahora no te hare dano. Te lo prometo. -Se retiro y volvio a entrar con mas cuidad.

Daisy penso en lo bien que cumplia Jack sus promesas. Muy despacio, le proporciono un increible placer mediante cuidadosas embestidas.

La miro a los ojos sin dejar de moverse y le pregunto:

– ?Mejor ahora?

– Mmm, si.

– Dimelo -le pidio el.

– Magnifico, Jack. -Se adueno de ella una sensacion de ingravidez y se agarro a los hombros de Jack-. No pares. Hagas lo que hagas, no pares.

– No tengo intencion -le aseguro el mientras iba inclinando la pelvis hacia arriba sin dejar de entrar y salir.

Una oleada de calor que nacia en el punto en el que ambos cuerpos se unian recorrio la piel de Daisy, y apreto los dedos con fuerza. Ese ritmo pausado la estaba poniendo a cien.

– Mas. Dame mas, Jack.

La beso en la frente y su aliento le acaricio la sien. Empezo a embestir mas rapido, con mas fuerza. Adentro, afuera… Llevandola hacia el climax.

– Daisy Lee.

El nombre de Daisy en los labios de Jack sono a pregunta, como si desease que ella se acercara todavia mas. Daisy no atendia mas que a su creciente placer, hasta que abrio la boca y solto un grito. El sonido se ahogo en su garganta mientras las oleadas de satisfaccion se sucedian en su interior. Sus musculos se contrajeron, atrapando a Jack con fuerza.

No se detuvo, sino que siguio bombeando. El calido aliento continuo acariciando su sien hasta que, finalmente, Jack la embistio con tal fuerza que Daisy fue a parar a la parte de arriba del maletero. Grito su nombre y el de Dios en una sola e indescifrable sentencia. La apreto contra su pecho, como si desease absorberla y la penetro una ultima vez. Un profundo sonido resono en su garganta, un sonido a medio camino entre un grunido y una exclamacion.

Daisy vio manchitas al cerrar los parpados y empezaron a zumbarle los oidos. Iba a perder el sentido. Encima del Custom Lancer. Iba a pasarle. Tal como Jack le habia dicho, y no le importaba lo mas minimo.

Sin embargo no se desmayo. En realidad, no. Pero estaba tan mareada que temia moverse. Hacia tanto tiempo que no practicaba el sexo que habia olvidado lo bueno que podia llegar a ser. Y, por descontado, en esta ocasion lo habia sido. Aunque, en el punto donde seguian unidos, todavia sentia un hormigueo. Eso lo habia olvidado. O tal vez nunca le habia ocurrido antes.

Jack permanecio dentro de su cuerpo, con el pecho apretado contra sus senos y la frente recostada en el coche, junto a su oreja derecha. Podia sentir el latido de su corazon.

Daisy abrio los ojos y observo el lucernario sobre sus cabezas. Jack Parrish la habia llevado a un lugar en el que jamas habia estado. Le habia proporcionado un orgasmo devastador que le habia hecho contraer los dedos de los pies y casi le habia hecho perder la conciencia. No sabia que pensar. De hecho, apenas podia pensar. Estaba completamente anonadada.

Jack se alzo apoyandose en los antebrazos y la miro a la cara. Una lenta sonrisa de satisfaccion fue dibujandose lentamente en su rostro.

– Vaya. Eres incluso mejor que a los dieciocho -dijo Jack asombrado.

Daisy observo aquellos ojos verdes tan seductores y volvio a sentirse viva. Pues habia estado muerta interiormente durante mucho tiempo y ni siquiera lo habia sabido hasta ese momento. Fue como ver la luz del sol despues de haber estado atrapada en la oscuridad. Una emocion incontrolable la invadio, e hizo lo peor que podia hacer.

Se echo a llorar.

Capitulo 10

Nadie habia llorado nunca delante de Jack. Al menos justo despues de hacer el amor con el. Por Dios, pero si Daisy ni siquiera habia llorado la noche en que el le arrebato la virginidad.

Dejo la camiseta sobre la encimera de la cocina y miro de medio lado a Daisy, que estaba al otro lado de la habitacion, con los brazos cruzados, mirandose los dedos de los pies. Jack recordo la noche que habia vuelto a verla tras su regreso, con su chubasquero amarillo. Ahora llevaba un ridiculo vestido con dibujos de Winnie the Pooh, el mismo que le habia ayudado a ponerse hacia unos minutos.

Esa mujer iba a volverle loco. Hacia solo unos instantes estaba disfrutando, jadeando, aranandole de placer y pidiendole cada vez mas. Y ahora lloraba como una magdalena. ?Que demonios habia ocurrido?

Jack se habia excusado y la habia dejado unos segundos para ir a tirar el preservativo al lavabo de empleados, y cuando regreso Daisy se estaba peleando con el vestido, buscando sin exito el agujero por donde meter la cabeza. Jack estaba convencido de que si hubiese podido vestirse con rapidez Daisy ya se habria ido. Y tal vez habria sido lo mejor.

Estaba tan nerviosa que tuvo que ayudarla a ponerse el vestido, a pesar de que lo que a el le habria gustado hubiese sido tirarlo a la basura. Le coloco el bolso en el hombro y, en lugar de dejar que se marchase, tal como habria actuado con cualquier otra mujer histerica que se le hubiese puesto a llorar, la llevo a su casa. No sabia decir por que. Tal vez debido a que le habia prometido que hablarian despues de hacer el amor.

Si, era por eso, pero ahora que tenia la mente despejada no le apetecia en absoluto escuchar lo que ella pudiese decirle. A menos que tuviese que ver con el hecho de haber hecho el amor.

Jack creia que el deseo que sentia por Daisy desapareceria una vez hubiesen hecho el amor. No fue asi, y eso le molesto porque no queria ponerse a pensar lo que eso podia significar. No queria sentir nada por Daisy. Ni siquiera deseo.

Abrio la nevera y saco un carton de leche. Antes de que su mente empezase a especular con la posibilidad de llevarla a su dormitorio, se detuvo y se dijo a si mismo que Daisy estaba alterada, hecha un mar de lagrimas y, sobre todo, que era Daisy Monroe. Tres razones de peso para quedarse en la cocina y meterse las manos en los bolsillos.

– Antes de disculparme -dijo Jack mientras cerraba la puerta de la nevera con el pie- me gustaria saber de que tengo que disculparme.

Daisy le miro. Tenia dos borrones oscuros bajo los ojos enrojecidos y la cara hecha un desastre.

– No has hecho nada, Jack.

El tampoco creia que hubiese hecho nada malo, pero cuando se trataba de mujeres uno nunca podia estar seguro del todo. Si no habia ningun problema, lo inventaban.

– ?Quieres beber algo? -Le ofrecio Jack, pero Daisy nego con la cabeza y el, sin dejar de observarla, se llevo el envase de la leche a la boca. Dejo de beber y se enjugo los labios. Tal vez habia sido demasiado rudo. Habia olvidado que Daisy llevaba mucho tiempo sin hacer el amor-. ?Te he hecho dano?

Ella se paso la m ano por las mejillas y dijo:

– No.

Jack dejo la leche sobre la encimera y abrio un armario. Lleno un vaso con agua y hielo y cruzo la cocina para darselo. Le rozo los dedos al pasarselo y le pregunto:

– ?Por que lloras, Daisy?

– No lo se -respondio ella.

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