por delante a Ronnie y a Kelly.

– Fue la unica persona que nos trajeron -le respondio el agente.

Aquello no queria decir nada. A Ronnie y a Kelly podrian haberlos atendido en el lugar de los hechos o tal vez, Dios no lo quisiese, habian muerto alli mismo. Daisy no habia visto a Ronnie, pero tampoco se habia detenido alli el tiempo suficiente.

Estuvieron con Lily solo unos minutos; luego vinieron a llevarsela. Les dijeron que el doctor acudiria enseguida para hablar con ellas, pero Daisy sabia que ese «enseguida» podia significar unas cuantas horas.

Las llevaron a una pequena sala de espera; era parecida a todas las que Daisy habia visto antes, que eran muchas, y supuso que todos los hospitales elegian mas o menos los mismos colores. Azule, verdes y un toque de granate.

Se sentaron juntas en un pequeno sofa azul. Sobre la mesita que tenian enfrente habia un ejemplar del Reader’s Digest, otro de Newsweek y una Biblia. Habia leido un monton de Reader’s Digest en los dos ultimos anos y medio, y ni siquiera estaba suscrita.

Junto a la puerta, un hombre y una mujer hablaban en susurros como si temiesen perder el control y ponerse a gritar si subian un poco el tono de voz. Daisy conocia esa sensacion. Habia pasado por eso unas cuantas veces: intentaba encontrar distracciones para no echarse a gritar y conseguir no desmoronarse, concentrarse en algo bonito, o incluso en la propia respiracion, para fingir que su marido no se estaba muriendo. Y ahora su hermana yacia en una cama de hospital con su hermoso cabello rubio cubierto de sangre.

Cogio el Reader’s Digest y paso las paginas hasta llegar a la seccion «Humor en uniforme».

– Estaba muy palida -dijo Louella con un ligero temblor en la voz-. Habia mucha sangre.

– El cuero cabelludo sangra mucho, mama -explico Daisy friamente, como si no estuviera temblando por dentro, donde solia guardarselo todo. En lo mas profundo de su ser, donde nadie pudiera encontrarlo. Se habia convertido en una experta en el arte de mantener ocultas sus emociones. No dejaba que las cosas se acercasen demasiado a la superficie, de lo contrario sabia que se le irian de las manos. Como le habia sucedido con Jack esa misma manana.

– ?Como lo sabes? -pregunto Louella.

– Steven -respondio Daisy, y se concentro aun mas en la revista. No queria pensar en Jack. Tendria que lidiar con el, y con las repercusiones de lo que habia hecho, pero no en ese momento. Coloco todo lo relacionado con Jack en el numero dos de su lista de tareas. Lily y la posibilidad de que la acusasen de intento de asesinato ocupaban ahora el numero uno. Se pregunto cuanto costarian las sesiones de un buen psicologo.

– ?Por que no han querido decirnos nada?

– Porque de momento no saben nada -respondio Daisy.

Un policia de uniforme entro en la sala y les pregunto si eran familiares de Lily. Llevaba el pelo cortado al rape y parecia un levantador de pesas. Se identifico como agente Neal Flegel.

– Estudie en el instituto con Lily y Ronnie -anadio.

– Eres el hermano pequeno de Matt. -Daisy le dio la mano-. Fui al baile de la escuela con Matt en el penultimo curso. ?Sigue viviendo en Lovett? -pregunto; al fin y al cabo estaban en Tejas, y los buenos modos eran lo primero.

– Se traslado de nuevo a San Antone. Le dire que has preguntado por el. -Saco su libreta y se puso manos a la obre-. Te aseguro que me dolio mucho ver a Lily en ese coche. -Les dijo que el coche de Lily habia penetrado metro y medio en el salon de la casa de Ronnie. Y mientras Daisy intentaba imaginar una manera sutil de preguntarle si Lily habia matado a Ronnie, Neal Flegel le pregunto-: ?Teneis algun motivo para creer que lo haya hecho a proposito?

Eso era, de hecho, lo primero y lo unico que Daisy habia pensado.

– No -respondio Daisy negando con la cabeza e intentando parecer sorprendida-. Tiene que haber sido un accidente.

– Le resbalaria el pie -anadio Louella, y Daisy se pregunto si su madre se creia lo que acababa de decir-. Y ha sufrido unas terribles jaquecas ultimamente -prosiguio Louella como si se le acabara de ocurrir.

– Hemos hablado con Ronnie y nos ha dicho que se pelearon hace poco -dijo Neal.

– ?Has hablado con Ronnie hoy? -pregunto Daisy a punto de echarse a reir debido al alivio-. ?Despues del accidente?

– Le localizamos en casa de su novia -explico Neal.

– ?Asi que no estaba en casa? -quiso saber Daisy.

– En ese momento, no -preciso Neal.

– ?Gracias a Dios! -exclamo Daisy. Su hermana no seria juzgada por asesinato. Estaban en Tejas. Si uno tenia pesado asesinar a alguien, Tejas no era el mejor estado del pais para hacerlo. Por otra parte, las mujeres de los jurados de Tejas solian simpatizar con la esposa de un perro traidor.

– ?Puede tratarse tal vez de un intento de suicidio? -Pregunto Neal.

Sus palabras hicieron recapacitar a Daisy y a su madre. Lily estaba deprimida y hecha polvo, pero Daisy no creia que quisiese acabar con su vida. Con la de Ronnie ya era otra cosa.

– No -respondio Louella-. Acababa de encontrar trabajo en la charcuteria de Albertsons. Las cosas empezaban a irle bien.

– Yo estuve con ella anoche, y estaba bien -le dijo Daisy al agente. Y era verdad. Lily parecia encontrarse bien. Daisy solo habia tenido que escuchar Earl Had to Die dos veces. Una cuando se dirigian al Slim Clem’s y la otra en el camino de regreso a casa.

Neal les formulo unas cuantas preguntas mas y, cuando se fue, Daisy le dijo a su madre:

– ?Crees que intentaba matar a Ronnie?

– Daisy Lee, tu hermana resbalo, eso es todo. -Y ahi acabo la discusion.

Pero eso no era todo. Al menos para Daisy. Lily estaba en el hospital y cabia la posibilidad de que la acusasen de asesinato, asi que posiblemente no pudiera regresar a Seattle al dia siguiente. A Nathan no iba a hacerle ninguna gracia.

Se excuso y se acerco a las cabinas de telefono que habia junto a las maquinas de refrescos y de dulces. Utilizo su tarjeta telefonica, y cuando Nathan respondio intento mostrarse contenta. Pero ?por que? Se suponia que era lo que tenia que hacer.

– Hola, Nathan.

– Hola, mama.

Aunque estaba nerviosa, fue directa al grano.

– Tengo que decirte una cosa, y no va a gustarte.

Tras una larga pausa, el muchacho pregunto:

– ?De que se trata?

– Tu tia Lily ha sufrido un grave accidente de coche esta manana. Se encuentra en el hospital. Manana no podre estar en casa.

Nathan no le pregunto por Lily. Tenia quince anos y solo le preocupaban sus propios problemas.

– No me hagas eso -le rogo a su madre.

– Nathan, tia Lily esta muy mal -le explico Daisy.

– ?Lo siento, pero me lo prometiste! -le recordo Nathan.

– Nathan, no sabia que Lily iba a incrustar su coche en el salon de Ronnie.

– ?Ya me he cortado el pelo! No es justo. No es justo, mama. No voy a quedarme aqui. Anoche intentaron obligarme a que comiese albondigas.

Con toda probabilidad no habian intentado obligarle, pero Nathan odiaba las albondigas y prefirio ver en ello una conspiracion. Una razon mas para no querer quedarse en casa de la hermana de Steven. Daisy suspiro y se coloco entre la cabina y una de las maquinas de refrescos.

– No se que hacer, Nate. No puedo dejar a mi madre y a Lily ahora. No creas que estoy todo el dia de fiesta mientras tu lo pasas fatal.

– Entonces me voy contigo -dijo Nathan.

– ?Que?

– Mama, no soporto estar aqui prefiero estar contigo.

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