– Yo creo que si lo sabes -aseguro Jack. Daisy tenia una pinta horrible. Parecia asustada, pero, por alguna razon, lo unico que asustaba a Jack en esos momentos era lo mucho que seguia deseandola-. Dimelo, Daisy.
Daisy le dio un largo trago al vaso de agua y, despues, apoyo el frio cristal en su mejilla y reconocio:
– Me da mucha verguenza.
Y se puso roja como un tomate.
– Cuentamelo de todos modos. -En lugar de mantener cierta distancia tal como deberia de haber hecho, Jack se inclino hacia ella.
Daisy alzo la vista, le miro por el rabillo del ojo y se fijo entonces en la caja con la imagen del Monstruo de las Galletas que habia sobre la encimera.
– ?El Monstruo de las Galletas? -pregunto Daisy.
– Las hijas de Billy me la regalaron las pasadas Navidades junto con una bolsa de galletas Oreo. Pero no cambies de tema.
Daisy mantuvo la vista clavada en la caja, respiro hondo y admitio:
– Habia olvidado lo que era el sexo. -Se encogio de hombros y luego prosiguio-: Tu me lo has recordado.
– ?Eso es todo? -Pregunto Jack, que estaba convencido de que tenia que haber algo mas.
– Bueno, no ha estado mal -dijo Daisy.
– Daisy, ha estado mejor que bien. -La corrigio Jack.
Habian hecho el amor con la urgencia de dos hambrientos en un buffet libre. Las bocas, las manos enfebrecidas, dominadas por un ansia insaciable. Daisy se habia mostrado mucho mas excitada que cualquiera de las mujeres con las que habia estado, y lo habia arrastrado a el hasta un orgasmo que le atraveso el cuerpo de arriba abajo.
Era una suerte que Daisy se fuera al dia siguiente, porque a pesar de que se repetia una y otra vez que no iria tras ella de nuevo, no podia asegurar que no se estuviese mintiendo.
– Decir que ha estado bien es como decir que Rio Grande es solo un rio. Decir eso es no decir nada. -Jack le cogio la barbilla y la obligo a mirarle. Se le habian pegado las pestanas. La acaricio con las puntas de los dedos y despues aparto la mano-. ?Por que has pasado tanto tiempo sin practicar sexo?
A Daisy le subieron todavia mas los colores y espeto:
– Eso no es asunto tuyo.
– No has hecho nada en dos anos, pero te has enrollado conmigo. Creo que eso lo convierte en asunto mio.
Daisy fruncio el ceno y dejo el vaso sobre la encimera. Cuando Jack creia que ya no iba a contestar, ella dijo:
– Durante el ultimo anos y medio de su vida Steven no pudo hacerlo.
Eso sorprendio a Jack, que pregunto:
– ?Y tu no buscaste nada por ahi?
– Por supuesto que no. ?Vaya pregunta! -dijo Daisy algo ofendida.
Tampoco habia dicho algo tan extrano. Al fin y al cabo, quince anos atras Daisy se habia casado con Steven a pesar de estar acostandose con Jack.
– Algunas mujeres lo habrian hecho -aseguro el.
– Yo no. Siempre le fui fiel a Steven.
– Murio hace siete meses -le recordo Jack.
– Casi ocho -preciso Daisy.
– Ocho meses es mucho tiempo sin mantener relaciones -aseguro Jack.
Daisy se quedo mirando la boca de Jack y luego paso los ojos por su garganta, hasta detenerse en su pecho.
– Tal vez para algunas personas si -dijo entonces Daisy.
– Para algunas no, para la mayoria.
Daisy aparto la vista y dijo:
– Ya sabes lo que dicen: «Si no lo haces te olvidas.» Es cierto.
– Pues esta claro que tu no te has olvidado.
Daisy cogio el vaso y lo llevo al fregadero. Miro por la ventana, hacia el jardin, y dio un largo trago de agua. Bajo el vaso, apoyo las manos en la encimera, y dijo:
– Durante un tiempo, lo olvide. Cuando vives con alguien que se esta muriendo el sexo deja de ser una prioridad. Creeme. Tu vida se centra en visitas a medicos y busqueda de nuevas terapias. Intentas encontrar la medicacion adecuada para combatir los ataques y el dolor.
Jack observo detenidamente a Daisy. No queria conocer todos esos detalles, no queria sentir lastima por Steven, pero aun asi no pudo evitar preguntar:
– ?Sufrio mucho?
Daisy se encogio de hombros.
– Nunca he querido admitirlo, pero si. Cuando le preguntaba se limitaba a agarrarme del brazo y decirme que no me preocupase por el. -Dejo escapar una risotada mas bien amarga-. Yo fingia no preocuparme y el, que todo iba bien. A el se le daba mejor.
– Steven siempre fue mejor que nosotros fingiendo -recordo Jack. Durante anos Steven habia aparentado que Daisy era solo una amiga para el. Su colega. Steven habia sabido montarselo mejor que Jack.
Ella asintio.
– Fingio hasta el ultimo momento -dijo-. Entro en coma y esa misma noche murio. Estaba en casa. -Volvio ligeramente la cabeza y sus miradas se encontraron-. Nathan y yo le vimos soltar el ultimo suspiro. Ser testigo de algo asi te cambia para siempre. Ves con mayor claridad cuales son las cosas realmente importantes. -Trago saliva con dificultad-. Te das cuentas de que hay cosas que deben hacerse bien.
Jack estaba inmovil, tenia un nudo en el estomago. Las palabras de Daisy le habian afectado mucho mas de lo que habria esperado. No habia visto morir a sus padres, y estaba agradecido por ello. Ya tenia suficientes recuerdos desagradables.
– ?Sabias que el interior de algunos ataudes esta recubierto de un acolchado? -pregunto Daisy.
– Si -respondio Jack. Billy y el habian tenido que elegir dos. En aquel momento, Jack no disponia de dinero suficiente como para afrontar un gasto excesivo. Sus padres fueron enterrados en ataudes baratos pero con unas bonitas almohadas de raso-. Lo sabia.
– Oh, claro -exclamo Daisy mientras volvia a mirar por la ventana-. Recuerdo el entierro de tus padres. Eras demasiado joven para tener que pasar por algo asi. En ese momento no me di cuenta de lo duro que puede llegar a ser. Ahora lo se.
Jack camino unos pasos hasta colocarse a la espalda de Daisy y alzo las manos con la intencion de cogerla por los brazos. Pero antes de llegar a tocarla se lo penso mejor y volvio a bajar las manos.
Daisy saco el sobre del bolsillo de su horrible vestido y lo dejo junto al fregadero.
– Esta es la carta de Steven de la que te hable -le dijo.
Jack no queria leerla y se sentia mal por ello. Sin embargo, se negaba a rememorar el agujero negro que habia sido su pasado.
– Steven y yo nunca quisimos hacerte dano, Jack -dijo ella-. Eramos buenos amigos, y nuestra amistad jamas deberia haber acabado de ese modo. Eramos jovenes y estupidos. La noche que vinimos a verte sigue siendo uno de los recuerdos mas negros de mi vida. -Daisy hizo una pausa y anadio en un susurro-: Aquella noche tambien llevabas una camiseta blanca.
Si. Era una noche de luna llena. Le habia pedido a Daisy que no lo abandonase. Le habia pegado una buena paliza a su mejor amigo, y ahora ese amigo estaba muerto. Algo en su interior tambien murio aquella noche. Por alguna razon, hablar de ello esa manana lo hacia mas real de lo que lo habia sido durante muchos anos.
– Ya basta, Daisy. -Jack la agarro de los brazos, por debajo de las mangas de la camiseta-. No digas nada mas.
– Tengo que hacerlo Jack. -Daisy le miro por encima del hombro y prosiguio-: Cuando me dijiste que necesitabas que nos separasemos durante un tiempo, me asuste. No supe que hacer. Tienes que entender lo asustada que estaba…
El le alzo la barbilla con los dedos y la beso, silenciando de ese modo sus palabras. La atrajo hacia su pecho
