Daisy penso en Jack.

– No puedes hacerme esto -insistio Nathan. Daisy noto que se le quebraba la voz a pesar de sus esfuerzos por evitarlo-. Por favor, mama.

?Que posibilidades habia de que el muchacho topase con Jack antes de hablar con el? Practicamente ninguna. Lo mas probable era que se quedase viendo la television en casa de su abuela. Y en caso de que se encontrasen de manera accidental, ?que pasaria? No se parecian fisicamente. No se reconocerian el uno al otro. Nathan nunca habia preguntado por Jack, y dudaba de que recordase siquiera su apellido.

– Si eso es lo que quieres de verdad, hare una llamada y te reservare un billete -le dijo Daisy.

Nathan solto un suspiro de alivio.

– Te quiero, mama.

– Es curioso que solo me lo digas cuando te sales con la tuya -dijo Daisy con una sonrisa en los labios-. Dile a tia June que quiero hablar con ella.

Despues de haber hablado con la hermana de Steven, Daisy llamo para reservar el billete de avion de Nathan. Salia a las seis de la manana del dia siguiente, y tardaba tres horas y cuarenta minutos en llegar a Dallas, y no llegaria a Amarillo hasta las cinco de la tarde. Se le ocurrio ir a busca a Nathan a Dallas en coche. Era un viaje de seis horas, solo ida. Tal vez pudiesen pasar la noche en la ciudad. Ir a Fort Worth y a Cow Town a hacer una barbacoa. Cuanto mas pensaba en ello mas le gustaba la idea. Necesitaba unas vacaciones de sus vacaciones, pero cuando volvio a llamar a Nathan su hijo le dijo que preferia esperar tres horas en el aeropuerto de Dallas que comer carne a la parrilla y montar seis horas en coche al dia siguiente. Era un precio demasiado alto por apartarse del caos. En cualquier caso, penso Daisy, por muy tentador que resultase, no podia dejar solas a su madre y a su hermana en ese momento.

Asi que reservo el billete de avion y, de camino hacia la sala de espera, se pregunto si su familia siempre habia estado tan loca o si habian empezado a estarlo hacia poco para simplificarle un poco mas la vida.

Cuando llego a la sala de espera, el doctor estaba sentado en el sofa junto a su madre. Daisy se coloco al lado de Louella.

– ?Ha despertado? -pregunto su madre.

– Desperto hara unos quince minutos. El escaner no revela danos en el cerebro ni en los organos internos. Por suerte, llevaba puesto el cinturon de seguridad y el coche iba equipado con airbag. -El doctor miro a Daisy y prosiguio-: Tiene el tobillo roto y habra que operarla para poner los huesos en su sitio. Hemos llamado a un cirujano ortopedista de Amarillo.

Cuando el doctor se fue, Louella se quedo con Lily en el hospital y Daisy fue a cuidar de Pippen. Le puso a hacer la siesta y ella se quito el dichoso vestido de su madre con dibujos de Winnie the Pooh. Como no tenia otra cosa en la que ocupar su mente, se puso a pensar en Jack. «Incluso con ese ridiculo vestido me pones a cien», le habia dicho, lo que parecia absurdo.

Se puso una falda caqui y una blusa blanca y busco en la cocina algo para comer. Se preparo un bocadillo caliente de queso y se sirvio algo de sopa de tomate y un vaso de te helado. Lo llevo todo a la mesa de los desayunos, cuyo color amarillo brillaba bajo la luz del sol.

Hacer el amor con Jack encima del maletero de un coche habia sido un error. No, haber hecho el amor con el no habia sido un error. El problema habia sido su total falta de voluntad incluso para ponerle una timida objecion. Sabia que se arrepentiria, pero eso no la detuvo.

Mojo el bocadillo en la sopa y le dio un bocado. Habia hecho el amor con Jack. No habia estado nada mal. No, si habia estado mal. El sexo habia estado bien. Fabuloso, de hecho. Tanto que se habia echado a llorar y le falto poco para morirse de verguenza. Se ruborizaba solo de recordarlo… O al recordar el deseo que expresaban los ojos de Jack cuando la miraba mientras acariciaba cada rincon de su cuerpo. Pensar en ello la excitaba.

Soplo la sopa. Le fastidiaba admitirlo, pero si su madre no hubiese llamado por telefono probablemente habrian acabado en la cama. Tal vez todavia estarian alli.

Bebio un sorbo de te. ?Y ahora que? No tenia ni idea, y, dado que todos los demas aspectos de su vida estaban en el aire, lo mejor era no pensar en Jack hasta que las cosas se hubiesen calmado un poco.

Cuando Pippen se desperto de su siesta Daisy le hizo unas cuantas fotografias en el jardin de su madre. Lo retrato cogiendo flores y caminando entre los flamencos rosas. Durante ese corto espacio de tiempo, mientras contemplaba el mundo a traves del objetivo de su camara, los problemas pasaron a un segundo plano.

Mas tarde, cuando Louella llego a casa, Daisy habria jurado que su madre era diez anos mayor que esa misma manana. Las arrugas que rodeaban sus ojos parecian mas profundas, y sus mejillas estaban mas palidas. Daisy preparo algo de sopa y un par de bocadillos para su madre y Pippen, y despues se fue al hospital.

Su hermana dormia cuando ella entro en la habitacion. El corte de la frente estaba cerrado y vendado. La mitad de su cara seguia hinchada, y debajo de sus ojos se extendian unas sombras negras y azuladas: los restos de sangre, sin embargo, habian desaparecido.

Daisy queria preguntarle a su hermana que habia sucedido aquella manana, pero Lily estaba totalmente sedada. Cada vez que se despertaba empezaba a llorar y a preguntar donde estaba. Daisy ni siquiera intento indagar sobre el accidente.

Lo hizo al dia siguiente.

– ?Has hablado ya con la policia? -le pregunto a su hermana mientras ojeaba la revista People que habia traido consigo.

Lily se humedecio el labio hinchado. Su voz apenas era un aspero susurro cuando pregunto:

– ?Acerca de que?

Daisy se puso en pie y lleno un vaso de plastico con agua. Acerco la pajita a la boca de Lily y dijo:

– Acerca del accidente de coche.

Lily trago y a continuacion dijo:

– No. Mama me ha dicho que he destrozado el Taurus.

– ?No lo recuerdas? -le pregunto Daisy.

Lily nego con la cabeza e hizo una mueca.

– En cualquier caso, odiaba ese coche.

– ?No te ha dicho mama contra que te estrellaste?

– No. ?Me salte un stop? -pregunto Lily.

– Lily, estampaste el Taurus contra la casa de Ronnie -le explico Daisy.

Lily miro a su hermana y parpadeo. No parecia tan sorprendida como Daisy habria esperado.

– ?En serio? -le pregunto a Daisy.

– La policia le pregunto a mama si tenias intencion de suicidarte.

– No me suicidaria chocando contra Ronnie Darlington -dijo Lily con frialdad.

– ?Intentabas matar a Ronnie? -quiso saber Daisy.

– No.

– Entonces, ?en que estabas pensando? ?Ocurrio algo?

Lily se puso entonces nerviosa, aparto la mirada y respondio:

– No lo se.

Daisy tuvo la sensacion de que en realidad lo sabia y sufria una curiosa amnesia selectiva. Habia ocurrido algo, pero Lily no queria hablar de ello en ese momento. Muy bien. Siempre podrian hablar al dia siguiente.

Despues de dejar a Lily, Daisy condujo hasta el pueblo y le compro a Pippen una silla para el coche. Su otra silla todavia estaba en le Taurus.

Cuando se detuvo ante el semaforo de la Tercera con Main, oyo un rugido y vio el Mustang de Jack. Ella iba dos coches por detras de el y dudaba que hubiese descubierto su presencia. Pero el mero hecho de haberlo entrevisto entre el trafico hizo que sintiera un nudo en el estomago, como si volviese a ser una estudiante de bachillerato que le esperaba junto a su taquilla. Sus sentimientos hacia el eran una confusa mezcla de viejas emociones y nuevos deseos… Algo que seria mejor dejar de lado.

A las tres y media de la tarde, Daisy monto a Pippen en el Cadillac de su madre y se encaminaron hacia Amarillo en busca de Nathan.

Pippen llevaba unos pantalones cortos vaqueros, botas tejanas y una camiseta en la que podia leerse NO TE METAS CON LOS TIRANOSAURIOS DE TEJAS. Daisy le tuvo en brazos mientras esperaban en la zona de recogida de equipajes. La media hora que estuvieron alli se le hizo eterna, pero cuando vio el familiar rostro de Nathan fue como si el sol hubiese decidido ponerse a brillar tras una semana de lluvias.

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