su taller vestido de un modo mas adecuado no le habria dado trabajo. Tener alli al hijo de Daisy seria poco menos que una pesadilla. Verle no dejaria de recordarle a Daisy. Y no importaba lo dulces que pudieran ser ahora esos recuerdos, lo mejor era olvidarlo todo.

– Tu padre y yo fuimos muy buenos amigos durante un tiempo. Me dolio mucho saber que habia muerto -dijo Jack.

Nathan apoyo un extremo del monopatin sobre su zapatilla de deporte negra y desplazo el peso de su cuerpo sobre esa pierna. Tras un examen mas detallado, se apreciaba que en la cara inferior del monopatin habia dibujada una enfermera mas bien escasa de ropa.

– Si. Fue un buen padre. Lo echo mucho de menos -admitio Nathan.

Jack habia perdido a sus padres siendo no mucho mayor que Nathan. Sabia a que se referia. Explicarle a aquel muchacho alguna anecdota no le haria ningun mal.

– ?Te hablo alguna vez de los lios en que soliamos meternos? -le pregunto Jack.

Nathan asintio con la cabeza y el arete que llevaba en el labio brillo bajo la luz del fluorescente.

– Me dijo que robabais tomates y que los lanzabais a los coches -le explico Nathan.

Steven habia sido rubio como un surfista de California. Tal vez era por el peinado que llevaba, pero aquel muchacho no se parecia en nada a Steven cuando tenia su edad. Ni siquiera un poquito. Tampoco es que se pareciese mucho a su madre. Tal vez la boca si. Bueno, excepto el piercing.

– Construimos una casa en un arbol en ese jardin. ?Te lo conto? -le pregunto Jack.

Nathan nego con la cabeza y Jack prosiguio:

– Tardamos todo un verano. La hicimos con madera y con viejas cajas de carton. -Jack sonrio al recordar como acarreaban con todo ello desde kilometros de distancia-. Tu madre tambien nos ayudo. Y justo cuando acabamos, un tornado F2 la echo abajo.

Nathan rio y, senalando hacia la puerta con el menton, pregunto:

– ?Eso que hay ahi fuera es un Cuda 440?

– Si. Lleva un motor Hemi 426 original -respondio Jack.

– Vaya. Cuando tenga trabajo voy a comprarme un Dodge Charger Daytona con un Hemi 426.

Ahora fue Jack el que no pudo evitar reir. Se sento en la punta del escritorio, junto al reloj del Buick Riviera. No tenia ganas de aguarle la fiesta al muchacho, pero sabia que solo se habian construido unos setenta Daytona con un motor Hemi 426. Si conseguia encontrar uno, tendria que invertir unos sesenta mil dolares para hacerse con el.

– Con cuatro velocidades, ?verdad? -le pregunto Jack.

– Asi es.

Bebio un sorbo de cafe. Como no. El chaval reducia todavia mas sus posibilidades con ese requisito, pues Dodge solo habia sacado a la venta veinte automoviles con caja de cuatro velocidades.

– Una vez vi uno en una exposicion de coches en Seattle -explico Nathan; tuvo que tragar saliva, la voz le temblaba por la excitacion-. El Daytona mantuvo el record de velocidad en circuito durante trece anos. Ni los Ford ni los Chevrolet pudieron hacerle sombra.

Dios, era como Billy; tambien se parecia al padre de Jack, Ray. Le cegaba la velocidad. A Jack tambien le gustaban los coches rapidos, pero no como a ellos. ?Como se las apanaron Steven y Daisy para traer al mundo a un loco de la velocidad?

– ?Ves el programa Monster Garage? -le pregunto Nathan a Jack.

– De vez en cuando. -Era Billy el autentico seguidor del programa.

– ?Viste cuando transformaron un coche de carreras en una de esas maquinas que barren las calles?

– No, ese programa me lo perdi -admitio Jack, pero Billy le habia contado todos los detalles.

– ?Fue un trallazo! -exclamo Nathan.

?Trallazo? Jack supuso que queria decir que habia estado bien.

Billy asomo la cabeza por la puerta y dijo:

– Tenemos un problema con el rotor delantero de la derecha del Plymouth.

Siempre surgian problemas, asi que Jack habia aprendido a no tomarse las cosas a la tremenda.

– Pasa, Billy. Deja que te presente a Nathan, el hijo de Steven y Daisy.

Billy entro en el despacho. Llevaba su camisa azul oscuro abotonada hasta arriba, con el distintivo de Clasicos Americanos Parrish en el bolsillo de la pechera. Jack los presento y se dieron un apreton de manos.

– Lamento mucho lo de tu padre -dijo Billy-. Era un buen tipo.

Nathan bajo la vista y musito:

– Si.

– A Billy le encanta Monster Garage -dijo Jack, y acto seguido ambos empezaron a discutir sobre cuales habian sido los mejores programas.

– Convertir aquel PT Cruiser en un triturador de madera fue una pasada -dijo Nathan.

– Jesse James, el presentador, no se acerco hasta que empezaron a meter animales disecados en el triturador -anadio Billy.

– Si. Je, je, je -rio Nathan, echando la cabeza hacia atras-. Salieron trozos disparados por todas partes.

– ?Te fijaste en la Barbie que quedo atrapada dentro? -pregunto Billy con los ojos brillantes, y tambien se puso a reir.

Jack estaba anonadado. Por fin Billy habia encontrado a alguien que disfrutaba tanto como el viendo aquel programa.

– ?Viste el capitulo de la segadora? -pregunto Billy con interes.

– Si, habria sido genial si hubiese funcionado -opino Nathan.

Billy sacudio la cabeza y anadio:

– Quemaron la primera correa y la bomba se calento demasiado, asi que no pudieron poner en marcha los cilindros ni tampoco mover los brazos hidraulicos.

– He oido decir que el coche funebre estaba encantado y que por eso fallaron -dijo Nathan.

– Fallaron porque fallo la hidraulica -aseguro Billy.

– ?Viste a Jesse cuando se incendio la ambulancia? -pregunto Nathan con los ojos resplandecientes-. Fue total.

– Ese es mi capitulo favorito -se apresuro a decir Billy.

– ?Te fijaste en como le gritaba su mujer?

Ambos estallaron en una sonora carcajada al unisono. La voz de Billy era mas grave, pero Jack se percato de que la risa de ambos era muy similar. Tambien los dos echaban la cabeza hacia atras al reir. Cuanto mas los miraba, el uno junto al otro recordando conjuntamente los mejores momentos de Monster Garage, mas abstraccion hacia del peinado y el piercing de Nathan y mayor protagonismo adquirian sus rasgos.

Entonces, de pronto, en solo unas decimas de segundo, todo cambio para Jack. Se le erizo el vello de la nuca. El tiempo se detuvo y el mundo se le vino abajo.

Hasta hacia solo medio segundo su vida marchaba mas o menos bien, pero ahora todo habia cambiado. Tras darse cuenta de que su hermano y Nathan tenian exactamente la misma risa, de pronto se dio cuenta de que el muchacho era la version adolescente de su propio padre, Ray Parrish. Se levanto del escritorio de un brinco, y el cafe caliente que quedaba en su taza acabo encima de su camisa.

– ?Mierda! -exclamo Jack.

– ?Que pasa? -pregunto Billy.

Jack no le quitaba los ojos de encima a Nathan. Estudio la forma de su rostro y el perfil de su nariz. Ya no habia vuelta atras. Estaba observando la viva imagen de su padre. Le parecia tan obvio que ahora no entendia como habia tardado tanto en darse cuenta.

– No has venido a buscar trabajo, ?Verdad? -le pregunto Jack.

La sonrisa se esfumo del rostro de Nathan, que mientras recogia su monopatin respondio:

– No.

De repente, todo adquirio pleno sentido. La insistencia de Daisy para que hablase. La cantidad de veces que le habia dicho que tenia que decirle algo. Algo que no podia contarle por telefono ni en la pizzeria Showtime. Algo importante…, como un hijo. Sintio como si le hubiesen dado un punetazo en el estomago.

– ?Cuando es tu cumpleanos? -le pregunto Jack con urgencia.

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