soportar la presion de tener un hijo en ese momento de tu vida. Tambien deje que lo creyese. Le dije que tenia razon, que no podrias soportarlo, pero sabia que no era verdad. Yo sabia que podrias llevar adelante cualquier cosa que te propusieses. Asi que me case con ella y me la lleve muy lejos de tu lado. Se que deberia arrepentirme por haber hecho lo que hice, pero no me arrepiento. No me arrepiento de ninguno de los dias que he pasado con ella y con Nathan. Pero si me arrepiento de como hicimos las cosas y de no haberte contado antes lo del nino.

Nathan es un chico estupendo. Se parece mucho a ti. No le tiene miedo a nada, es impaciente y se lo guarda todo para si. Se que Daisy hara todo lo que este en su mano para criarlo, pero creo que te necesitara. He disfrutado inmensamente cuidando de el, y lo que mas lamento, y tengo muchas cosas de las que lamentarme en mi vida, es no poder ver como se convierte en un hombre. Me habria encantado ser testigo de ello.

Para finalizar, te pido que me perdones, Jack. Se que posiblemente sea pedir demasiado, pero te lo pido de todos modos. Lo que deseo es que seas capaz de dejar a un lado la amargura y que puedas seguir adelante con tu vida. Egoistamente, te ruego que me perdones con la esperanza de poder morir con la conciencia tranquila. Y cuando nos veamos en el otro barrio, espero que podamos darnos un abrazo y volver a ser amigos. Si no pudieses perdonarme, lo entenderia. No se si yo podria llegar a perdonarte si estuviese en tu lugar. Me lleve una gran parte de tu vida, Jack. Pero tal vez puedas echar la vista atras algun dia y reirte de vez en cuando al recordar los buenos ratos que pasamos juntos.

STEVEN

Mientras Jack intentaba recuperar el aliento, la carta y la foto de su padre se le cayeron de las manos y acabaron sobre la encimera. Sintio que algo en su interior se rompia en mil pedazos, tal como le habia ocurrido quince anos atras.

– ?Es tu hijo? -le pregunto Billy.

Jack asintio.

– Joder -dijo Billy-. Que cabrona.

Durante anos se habia sentido traicionado por su mejor amigo porque le habia robado a su novia. Pero ni siquiera habia sido consciente de la mitad del asunto. Jamas se le habria ocurrido imaginar que al marcharse se estaban llevando con ellos a su hijo. No podria haberse imaginado una traicion de tal magnitud.

– ?Que vas a hacer?

Jack se desabrocho la camisa y se la saco de los pantalones.

– Hablar con Daisy -le respondio a su hermano.

– Bueno, pero no te pongas hecho una furia con ella.

– Creia que habias dicho que era una cabrona.

– Y lo es -admitio Billy-. No voy siquiera a preguntar si deseas formar parte de la vida de Nathan, porque te conozco. Se quien eres. Se que te sientes herido y estas furioso, y tienes todo el derecho a estarlo. Pero ella es su madre y puede hacer la maleta y llevarselo bien lejos.

Durante anos habia cerrado sus recuerdos con doble llave. Habia levantado una muralla alrededor de su dolor y su ira. Desde que Daisy habia vuelto todo se le habia ido de las manos. Pero nada igualaba lo que acababa de ocurrir esa manana. Esa manana la muralla habia quedado reducida a cenizas.

– Jack, prometeme que no te pondras como un energumeno -le rogo Billy.

Jack no tenia la intencion de prometer absolutamente nada.

Capitulo 12

Daisy dejo a Pippen sobre la cama de su madre y entrecerro la puerta de la habitacion. Su pequeno mundo era ahora totalmente caotico y debia de estar completamente agotado por todo lo sucedido. Daisy habia llevado al nino al hospital esa misma manana para que viese a su madre y no habia querido irse. Estaba asustado y contrariado y no dejo de llorar en todo el trayecto de vuelta a casa, aunque finalmente, cuando ya casi habian llegado, el sueno lo vencio. La madre de Daisy se habia quedado en el hospital con Lily: queria hablar con el medico para saber cuando le daria el alta medica a su hija.

Daisy se puso una camiseta verde botella sin mangas y unos pantalones cortos de color caqui. Se recogio el pelo a la altura de la nuca con un pasador negro muy grande. Estaba exhausta y necesitaba con urgencia una buena dosis de cafeina. Podria haberse echado junto a Pippen, pero Nathan no estaba en casa y no queria que la encontrara dormida cuando regresase.

Bajo las escaleras y saco una Coca Cola de la nevera. En la puerta, bajo un iman con la forma del estado de Tejas, habia una nota de Nathan. En ella decia que habia salido a dar una vuelta con su monopatin. No especificaba cuando iba a volver. Tendria que haberle recordado a su hijo que siempre debia decirle la hora en que pensaba volver para no preocuparla sin motivo.

Aunque aquello era Lovett, se dijo. No habia mucho de lo que preocuparse alli. No existian muchas posibilidades de meterse en problemas. Aunque si algo habia aprendido del hecho de tener un hijo es que cuando no habia problemas los muchachos se los inventaban. Si encontraban un charco, se metian en el. Si veian una piedra la convertian en un arma arrojadiza. Si tropezaban con una lata de Coca Cola la hacian pedazos, y si tenian que bajar unos cuantos escalones lo hacian en monopatin, se caian de bruces y acababan con algunos puntos en la cabeza.

Sono el timbre de la puerta justo cuando Daisy estaba abriendo la lata de Coca Cola. Bebio un buen trago camino del salon. Habia un cuenco de cristal con frutos secos sobre una mesita de madera y dejo la lata junto a el. Abrio la puerta esperando que Nathan le hiciese alguna de sus absurdas bromas. Queria que lo tratasen como a un adulto, pero a veces no podia evitar comportarse como un nino. Quien habia llamado a la puerta, sin embargo, no era su hijo.

Jack estaba alli plantado en el porche de su madre, banado por el sol. Las sombras que proyectaba su sombrero le cubrian la mitad del rostro. Daisy sintio que le daba un vuelco el corazon y, antes de poder articular palabra, esbozo una sonrisa.

– Que tal.

– ?Estas sola? -le pregunto Jack borrando de golpe su sonrisa con el tono frio de su voz.

«Lo sabe»; ese fue el primer pensamiento de Daisy, aunque lo rechazo al instante. No tenia modo de saberlo.

– Pippen esta arriba durmiendo -explico Daisy.

– ?Donde esta Nathan? -pregunto el.

«Oh, Dios mio.» La inquietud empezo a abrirse paso en su interior.

– Dando una vuelta con su monopatin.

Jack no espero a que le invitase a pasar.

– No. Te equivocas -le corrigio Jack adentrandose en la casa y dejando a su paso el aroma de aquella calida manana tejana. Le tendio a Daisy el monopatin de Nathan al pasar a su lado.

Daisy se hizo con el y lo abrazo contra su pecho. La cenida camiseta de Jack marcaba los musculos de su pecho y de sus brazos, parecia mas grande y mas fiero de lo habitual.

– ?Donde esta? -pregunto.

Jack se volvio y la miro a los ojos durante unos interminables y silenciosos segundos.

– No lo se.

– ?Por que tienes tu su monopatin?

– Vino a verme esta manana.

– ?En serio? -Que Nathan fuese al taller de Jack no era fruto de la coincidencia. Daisy no se lo esperaba, pero tampoco le sorprendio: Nathan era de ese tipo de chicos que primero saltaban del tejado y despues se paraban a pensar. Igual que Jack a su edad.

– Se olvido del monopatin al marcharse -explico Jack.

No creia que le hubiese dicho nada a Jack sobre su paternidad biologica. Pero, por otra parte, tampoco se le habria ocurrido jamas pensar que su hijo pudiese presentarse por su cuenta en el taller.

– ?Que te dijo? -quiso saber Daisy.

– Hablo de Steven y de Monster Garage.

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