– Me importa una mierda lo mucho que lo sientas. Porque no es ni siquiera la mitad de lo que vas a sentirlo a partir de ahora.

– ?A que te refieres? -pregunto Daisy.

Jack le solto las munecas, deslizo las manos hasta los hombros de Daisy, y dijo:

– Escogiste a Steven en lugar de a mi porque yo era un chico pobre con las manos sucias de grasa que trabajaba en el taller mecanico de su padre…, pero ahora las cosas son diferentes. Ya no soy pobre, Daisy. Puedo permitirme un buen abogado, y eso es lo que voy a hacer. Luchare contra ti.

– No vamos a luchar.

– Quiero conocer a mi hijo -dijo Jack.

– Ahora podras conocerle. Yo tambien lo deseo. Y cuando nos vayamos…

– Cuando tu te vayas -la interrumpio Jack-. El se queda.

– Eso es ridiculo. No va a quedarse aqui contigo. Vive conmigo en Seattle.

– Ya lo veremos.

– Se que estas enfadado. No te culpo.

– Que consuelo saber que no me culpas -dijo Jack en tono ironico. La solto y se dirigio hacia la puerta.

– Tendria que haberte hablado de Nathan hace muchos anos -admitio Daisy-, pero no hay razon para que lo castigues a el por mi culpa. -Siguio a Jack hasta el porche-. Ha tenido que pasar por un mal trago. Perdio a su padre y ahora esto…

Jack se volvio tan deprisa que Daisy choco con el.

– No ha perdido a su padre. Steven Monroe no era su padre -puntualizo Jack.

Daisy prefirio no anadir que para Nathan su padre siempre habia sido Steven y que lo queria con locura.

– Nathan ha sufrido lo suyo estos dos ultimos anos. Necesita un poco de calma en su vida -explico Daisy sin admitir que a ella tambien le convenia-. Hablare con el. Vere que es lo que quiere hacer y te llamare.

– No voy a esperar a que me llames, Daisy Lee -dijo Jack mientras seguia caminando en direccion al mustang que estaba aparcado junto a la acera-. Cuando hable con Nathan sere yo quien te diga como van a ser las cosas -anadio mientras e alejaba, con el sol banando su sombrero y sus anchos hombros.

– ?Espera! -exclamo Daisy bajando las escaleras a toda prisa-. No quiero que hables a solas con el. Yo soy su madre. A ti no te conoce.

Jack rodeo el coche y metio la llave en la cerradura de la portezuela del conductor.

– ?Y quien tiene la culpa de eso? -le pregunto a Daisy.

Ella le miro por encima del coche y dijo:

– Yo estare presente.

Jack se echo a reir.

– ?Como lo estuve yo estos quince anos?

Daisy cogio la manija de la otra portezuela para subir al coche, pero estaba cerrada con llave. Se acordo entonces de Pippen y comprendio que, aunque lograse meterse en el Mustang por la fuerza, no podia irse con Jack.

– Nathan es mi hijo. No puedes excluirme.

– Ve acostumbrandote.

– Arreglaremos esta situacion. Se que podemos hacerlo. -Daisy no tenia ni idea de como hacerlo, pero estaba decidida a evitar que el asunto se les fuese de las manos-. Tendria que habertelo dicho. Lo se; no puedo entregarte a mi hijo, pero hare todo lo posible para subsanar mi error.

– ?El que? ?Echarte encima del maletero de un coche? -Jack abrio la puerta del Mustang-. No me interesa.

No iba a ser facil evitar que las cosas se pusiesen feas.

Nathan estaba sentado en el patio del instituto Lovett, con la espalda apoyada en la canasta de baloncesto. El tablero y el aro proyectaban en la pista una sombra oblonga que alcanzaba hasta la linea de tiros libres.

Miro hacia las pistas de tenis, mas alla del campo de futbol americano. No habia imaginado como seria Tejas, tal vez como Montana, se habia dicho. Pero su padre y el habian estado en una ocasion en Montana, y Tejas no se parecia en absoluto. Tejas era llana. Y hacia mucho calor. Y todo era de color marron.

Tejas no se parecia en nada a Seattle.

Se apoyo en los pies y, deslizando la espalda por el poste de la canasta, se levanto. Se coloco bien la cadena que le rodeaba el cuello y le echo un vistazo al edificio del instituto. «Instituto», balbuceo en tono burlesco. No tenia ni siquiera el tamano de la escuela primaria en la que el habia estudiado. Probablemente todos alumnos llevaban gorros de vaquero y llegaban a la escuela montados a caballo. Probablemente todos escuchaban musica country y mascaban tabaco. Probablemente nadie montaba en monopatin ni escuchaba a los Korn o los Weezer, ni jugaba a Sniper Fantasy con la XBOX.

Nathan se subio los pantalones, y ni siquiera noto que volvian a deslizarse hasta su cadera. Tenia problemas mucho mayores con los que lidiar. El monopatin le habia resbalado de los dedos en el taller de Jack Parrish y habia salido de alli corriendo como un nino atemorizado.

No le gustaba haber reaccionado asi, pero cuando Jack le agarro tan fuerte del brazo se asusto. Y tambien cuando le miro de ese modo. Estaban alli tranquilamente riendose y de pronto, sin ton ni son, Jack le agarro con fuerza y le clavo los ojos con tanta intensidad que estuvo a punto de mearse encima. Nathan no sabia si Jack se lo habia imaginado todo en ese mismo momento, pero por la expresion le parecio probable que fuera asi. De modo que, sin pensar en lo que hacia, Nathan echo a correr como un nino pequeno.

Sin duda Jack debia creer que estaba zumbado.

Nathan se encogio de hombros y se dijo que le importaba un comino lo que pudiese pensar. Su padre le habia contado un monton de historias sobre Jack. Se lo habia pintado como un tipo muy guay, alguien a quien querria parecerse. Pero lo cierto es que Jack no le habia gustado mucho. Preferia a Billy. A Billy tambien le gustaba Monster Garage. Billy si que era guay.

Agarro una piedra del suelo y la lanzo contra el tablero de la canasta. Le asesto un buen golpe, reboto, y poco le falto para que le diera en la cabeza. Estaba claro que su madre no habia hablado aun con Jack. Nathan habia supuesto que su madre ya se lo habia contado todo; de no ser asi no habria ido al taller esa misma manana. Al fin y al cabo, ese era el motivo por el que su madre habia vuelto a Lovett. Iba a hablarle de el a Jack. O al menos eso era lo que ella le habia dicho en Seattle.

Cruzo la cancha en direccion a la puerta de la valla metalica. Estaba enfadado con su madre, y se sentia estupido. Ademas, tendria que ingeniarselas de algun modo para recuperar su monopatin. Quiza lo mejor seria dejar que Jack se lo quedase; no queria ir al taller y pedir que se lo devolviese. No de momento.

Sus zapatillas negras resbalaron al pisar la hierba y supuso que los aspersores habian estado encendidos no hacia mucho. La piel de sus zapatillas deportivas estaba recubierta de gotitas y se fijo en como iban deslizandose por la superficie a medida que avanzaba. Su madre ya debia de haber vuelto del hospital. Tenia que contarle donde habia estado. Cabia la posibilidad de que se enfadase con el, pero no le importaba. Cuanto mas pensaba en ello, mas enfadado se sentia el con ella. Si su madre hubiese hablado ya con Jack, o al menos le hubiese aclarado que no se lo habia contado todavia, no habria hecho el gilipollas de aquel modo.

Cuando alzo la vista vio a una chica que caminaba hacia el desde el otro lado de la valla. A traves del entramado metalico aprecio el brillo de su cabello oscuro y se fijo en que estaba bastante morena, como si tomase el sol a menudo. Alcanzaron la puerta de la valla al mismo tiempo, y Nathan se hizo a un lado para dejarla pasar primero. Ella, sin embargo, se detuvo y le miro a los ojos.

– Tu no eres de por aqui. Conozco a casi todo el mundo y a ti nunca te habia visto -dijo con un marcado acento tejano, arrastrando las palabras. Tenia unos enormes ojos de color castano y, bajo un brazo, llevaba varios rollos de cartulinas de colores.

– Soy de Washington -le dijo a la chica.

– ?De Washington D.C.? -Pronuncio «Washington» del mismo modo en que lo hacian su madre o su abuela. Como si hubiese una erre en la silaba «Wash». Llevaba una camiseta azul con las palabras «Ambercrombie and Fitch» en brillantes caracteres plateados. Era una empollona, y a el no le gustaban las empollonas. Chicas que compraban en Ambercrombie and Fitch y en The Gap. Chicas buenas.

– No, del estado de Washington -le explico el.

– ?Has venido de visita?

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