hijo tenia la cabeza gacha. Dijo algo, y ambos salieron del coche. Cerraron las portezuelas al mismo tiempo y Jack espero a que Nathan rodease el coche. Daisy sintio el sol de Tejas calentandole los hombros. Le costo dios y ayuda mantener el control y no echarse a correr hacia su hijo.

Jack y Nathan ascendieron el camino de entrada al mismo ritmo. Nathan, con las manos en los costados, se esforzaba por conferir a su andar un aire de aparente tranquilidad. Sin embargo, sus ojos azules expresaban cautela: no sabia si le esperaba una bronca o un abrazo.

Jack llevaba una mano metida en el bolsillo de sus Levi’s y la otra colgada despreocupadamente de un costado. Como siempre, caminaba sin prisa, como si no tuviera especial interes por llegar a ninguna parte.

– ?Donde has estado, Nathan? -le pregunto su madre cuando se detuvo frente a ella. Tuvo que refrenar el impulso de abrazarle y tranquilizarle como si fuese todavia un nino pequeno-. Estaba muy preocupada. Sabes que no me gusta nada que te vayas por ahi y no me digas cuando vas a volver.

– Hemos ido a dar una vueltecita -le dijo Jack.

Nathan fruncio el ceno y Daisy le pregunto:

– ?Estas bien?

– Si.

Pero no parecia estar bien. Parecia cansado y molesto, y tenia las mejillas enrojecidas debido al calor.

– ?Tienes hambre?

– Un poco -admitio Nathan.

– Entra y dile a la abuela que te prepare algo de comer.

Nathan se volvio hacia Jack y le dijo:

– Supongo que nos veremos.

– Cuenta con ello -respondio Jack-. Te llamare cuando haya hablado con Billy.

– Genial. -Nathan subio los escalones con los pantalones a la altura de las caderas acompanado del tintineo de sus cadenas.

– ?Donde lo encontraste? -quiso saber Daisy en cuanto su hijo cerro la puerta.

– En el instituto. Estaba hablando con una chica -respondio Jack.

– ?Adonde lo has llevado? -pregunto Daisy mientras se volvia para mirarle a la cara. El ardiente sol penetraba por el fino tejido del sombrero de Jack y le cubria el rostro de pequenos puntitos de luz.

– Por ahi.

– Por ahi, ?donde? -insistio Daisy.

Jack sonrio y dijo:

– Simplemente por ahi.

Ella se llevo la mano a la frente para protegerse del sol. Jack lo estaba pasando de maravilla con todo aquello.

– ?De que habeis hablado? -le pregunto Daisy.

– De coches.

– ?Y?

– Va a trabajar para mi este verano -le explico Jack.

– Imposible -dijo Daisy haciendo un amplio gesto con la mano-. Tenemos planes.

– Cambialos. Nathan dice que quiere trabajar para mi este verano.

Daisy le miro fijamente a los ojos, esos ojos verdes rodeados por largas y oscuras pestanas, y le dijo:

– ?Piensas que voy a creerme que todo eso se le ha ocurrido a el solito?

Jack nego con la cabeza y un monton de puntitos de luz se pasearon por sus labios.

– No importa a quien se le haya ocurrido. Es lo que queremos los dos.

– No podemos quedarnos aqui todo el verano -dijo Daisy mientras una gota de sudor descendia entre sus pechos-. Ya he pasado aqui mas tiempo de que tenia pensado.

– No hay razon alguna para que te quedes. De hecho, tal vez sea mejor que te vayas -opino Jack.

– No voy a dejar a mi hijo aqui contigo -le aseguro Daisy-. Lo conoces desde hace una hora y ya le has manipulado para que quiera quedarse.

– Sencillamente le he ofrecido un trabajo: ayudar a Billy a reparar un motor Hemi 426. La idea le ha encantado.

Daisy alzo las manos y exclamo:

– ?Pues claro que le ha encantado! Ese nino ha dormido con sabanas de la NASCAR la mayor parte de su vida y escogio su primer coche a los tres anos. Un Porche 911.

– ?Por todos los santos! -exclamo Jack a su vez-. ?Dejaste que mi hijo eligiese una de esas mierdas europeas?

En cualquier otra circunstancia Daisy se hubiese echado a reir, pero se limito a preguntar:

– ?Que demonios importa eso?

– Es un Parrish. -Jack se saco el sombrero y se enjugo la frente con la corta manga de su camiseta-. A nosotros nos importa. -Se paso la mano por el pelo y volvio a colocarse el sombrero-. Si hubiese sido educado como Dios manda, sabria apreciar la diferencia -anadio.

?Como se atrevia a criticar el modo en que habia educado a Nathan? Tal vez no habia sido siempre la madre perfecta, pero habia hecho todo lo que estaba en su mano para serlo. Habria matado a cualquiera que hubiese querido hacerle dano a su hijo.

– Si hubiese sido educado como Dios manda -prosiguio Jack-, no llevaria un anillo en el labio ni cadenas de perro por todas partes.

Fue la gota que colmo el vaso, y en menos de un segundo se olvido por completo de su decision de llevarse bien con Jack por el bien de Nathan. En ese preciso instante habia dejado de importarle que Jack tuviera derecho o no a estar enfadado; habia cruzado la linea, habia insultado a su hijo.

– Es un muchacho estupendo -dijo Daisy apoyando el dedo indice en el pecho de Jack-. El aspecto no es lo que importa, lo que importa es el interior.

Jack observo el dedo de Daisy y despues volvio a mirarla a los ojos.

– Parece un erizo.

– Muchos chicos lo parecen donde nosotros vivimos -dijo Daisy golpeandole a Jack con el dedo dos veces mas-. ?Paleto!

Jack abrio mucho los ojos y despues los entrecerro. La agarro por la muneca y le aparto la mano.

– Te has convertido en una yanqui, has olvidado los buenos modales y tienes un acento horrible -le dijo Jack.

Daisy se aclaro la garganta, dispuesta a saltarle a la yugular. Se afianzo sobre los pies y dijo:

– Lo tomare como un cumplido viniendo de un mecanicucho de segunda como tu.

– Zorra vanidosa. -La agarro por los hombros como cuando tenian diez anos y discutian para dejar claro quien tenia la mejor bicicleta. Se quitaban la palabra el uno a la otra, gruian y se ensenaban los dientes, pero jamas alzaban la voz-. Siempre has creido que el sol sale y se pone por tu propio culo.

– Y tu siempre has creido que tenias un regalo de Dios entre las piernas. -Daisy le coloco las manos sobre el pecho y le empujo, pero el no se movio-. Pero te dire una cosa, en nombre de todas las mujeres, lo que tienes ahi abajo no es nada del otro mundo.

– Pues no parecias opinar lo mismo el sabado pasado, sentada sobre el maletero del Custom Lancer. De hecho, lo que tengo entre las piernas te hizo disfrutar tanto que incluso te pusiste a llorar.

– No te hagas ilusiones. Hacia mucho tiempo que no tenia relaciones. Me habria pasado lo mismo con cualquiera. -Daisy sonrio, estaba demasiado enfadad para que eso pudiera incomodarla-. Podria haber sido Tucker Gooch -anadio, consciente de lo poco que a Jack le gustaba Tucker.

Jack se carcajeo y dijo:

– Tucker no tiene lo que hay que tener para hacerte respirar como si estuvieses teniendo una experiencia mistica.

La puerta de la casa se abrio y Louella asomo la cabeza.

– Estais ofreciendo un buen espectaculo a los vecinos.

Jack solto los hombros de Daisy y se las ingenio para parecer contrito.

– Buenas tardes senora Brooks.

– Hola, Jackson. Hace calor, ?eh?

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