– ?Crees que Kevin nos oyo? -pregunto en un susurro.

Joe camino hasta la barandilla y miro por encima.

– No. Parecia bastante ocupado. -Se enderezo y fue hacia la esquina izquierda de la terraza-. Podemos saltar desde aqui.

– ?Saltar? -Gabrielle se movio al lado de Joe y miro hacia abajo. La parte trasera de la casa de Kevin y toda la terraza estaban en voladizo sobre la ladera de la montana sostenidas por varios pilares. El suelo debajo de ellos estaba escalonado en una sucesion de terrazas de aproximadamente un metro, reforzadas con pequenos muretes de contencion de hormigon armado para impedir la erosion-. Cuando firme el acuerdo, no incluia saltar desde la terraza de Kevin y partirme el cuello.

– No te partiras el cuello. Son solo tres metros, como mucho tres metros y medio. Todo lo que tenemos que hacer es pasar por encima de la barandilla, descolgarnos por el borde y dejarnos caer. Asi sera una caida de poco mas de un metro.

Su hombro rozo el de ella al asomarse un poco mas. Lo hacia parecer muy facil.

– A menos que quieras saltar a la siguiente terraza, entonces anadiras metro y medio mas. -Ella miro su perfil, banado por las primeras sombras de la noche.

– Tiene que haber otra opcion.

– Claro. Siempre podemos entrar e interrumpir a Kevin. Imagino que las cosas se habran puesto realmente calientes en este momento. -La miro por encima del hombro.

– Quiza podriamos esperar un poco y luego salir por la casa.

– ?Y que le vas a decir a Kevin cuando nos pregunte por que nos llevo tanto tiempo recuperar tu bolso? Pensara que estuvimos haciendo el amor en el cuarto de bano todo este tiempo.

– Puede que no piense eso -dijo ella, pero no lo creia.

– Si, lo hara, y tendria que hacerte un buen chupeton en el cuello y mojarte el pelo solo para asegurarme de que piense justo eso. -Se apoyo sobre la barandilla-. Depende de ti. Pero si saltamos es mejor que lo hagamos antes de que oscurezca mas. No quiero quedarme sin luz. -Se irguio, la miro y sonrio ampliamente, como si estuviera pasandolo en grande-. ?Preparada? -pregunto como si no le hubiera dado a elegir entre un chupeton o saltar hacia la muerte.

– ?No!

– ?Estas asustada?

– ?Si! Cualquier persona con dos dedos de frente estaria aterrorizada.

El sacudio la cabeza, y paso una pierna y luego la otra sobre la barandilla.

– No me digas que tienes vertigo. -Estaba de pie sobre el borde exterior de la terraza de cara a ella agarrado a la barandilla metalica.

– No. Tengo miedo de saltar derechita a la muerte.

– Lo mas probable es que no mueras. -Joe miro al suelo y despues otra vez a ella-. Aunque puede que te rompas una pierna.

– Eso no me hace sentir mejor.

Su sonrisa se hizo mas amplia.

– Era una broma.

Ella se inclino un poco mas hacia delante y miro hacia abajo.

– No es un buen momento para bromear.

– Tienes razon. -Le coloco una mano bajo la barbilla para que lo mirara a los ojos-. No dejare que te pase nada, Gabrielle. No dejare que te hagas dano.

Ambos sabian que no podia prometer tal cosa, pero mientras miraba sus intensos ojos castanos, casi creyo que el tenia el poder de mantenerla a salvo.

– Confia en mi.

«?Confiar en el?» No se le ocurria ni una sola razon por la que deberia confiar en el, pero alli apoyada en la barandilla por encima de la ciudad, mirando la altura desde la terraza del jacuzzi descubrio que confiaba en el.

– Esta bien.

– Esa es mi chica -dijo el sonriendo ampliamente. Deslizo las manos hacia la parte inferior de la barandilla descolgandose lentamente hasta que todo lo que pudo ver de el fueron sus grandes manos. Luego desaparecieron tambien, a continuacion oyo un ruido pesado.

Gabrielle miro hacia abajo, a la parte superior de su cabeza y el alzo la vista hacia ella.

– Tu turno -dijo el, levantando la voz lo justo para que lo oyera.

Inspiro profundamente. Podia hacerlo. Podia pasar por la barandilla que estaba a tres metros del suelo y dejarse caer confiando que aterrizaria en la terraza correcta. Sin problemas. Se paso la correa del bolso por encima de la cabeza y el hombro, y lo desplazo hacia la region lumbar. Intento no pensar que aquel salto podia ser mortal.

– Puedo hacerlo -susurro ella y levanto una pierna sobre la barandilla-. Estoy tranquila. -Mantuvo a raya el panico mientras pasaba la otra pierna sobre la barandilla. Un golpe de aire hincho la falda mientras se balanceaba en el borde de la terraza con los talones en el aire. La barra metalica estaba fria bajo sus manos.

– Eso es -la animo Joe desde abajo.

Sabia que era mejor no mirar por encima del hombro, pero no pudo evitarlo. Miro las luces de la ciudad debajo y se quedo helada.

– Venga, Gabrielle. Vamos, carino.

– ?Joe?

– Estoy justo debajo.

Ella cerro los ojos.

– Estoy asustada. No creo que pueda hacerlo.

– Claro que puedes. Eres la misma mujer que me pateo el culo en el parque. Puedes hacer cualquier cosa.

Ella abrio los ojos y miro abajo, hacia Joe, pero estaba oscuro; el quedaba oculto por las sombras de la casa y solo alcanzo a ver su perfil gris.

– Agachate un poco y agarrate a la barra de la parte inferior.

Lentamente hizo lo que el le decia, hasta que estuvo agachada en el borde con el trasero colgando sobre la ciudad. Nunca en su vida habia estado tan asustada.

– Puedo hacerlo -susurro-. Estoy tranquila.

– Date prisa, antes de que te suden las manos.

Senor, no habia pensado en manos sudorosas hasta ese momento.

– No puedo verte. ?Me ves tu?

Su risa suave llego hasta ella que seguia encorvada y aferrada a la barandilla.

– Tengo una vista excelente de esas bragas blancas que llevas.

En aquel momento, que Joe Shanahan le mirara debajo de la falda, era el menor de sus problemas. Deslizo un pie fuera de la terraza.

– Venga, carino -la animo desde abajo.

– ?Y si me caigo?

– Te agarrare. Te lo prometo, solo tienes que dejarte caer antes de que oscurezca tanto que deje de verte las bragas.

Lentamente, deslizo el otro pie fuera de la terraza y quedo completamente descolgada sobre el vacio oscuro.

– Joe -grito ella mientras su pie daba contra algo solido.

– ?Joder!

– ?Que era eso?

– Mi cabeza.

– Ah, lo siento. -Sus manos fuertes le agarraron los tobillos, luego se deslizaron por detras de las pantorrillas hasta las rodillas.

– Te tengo.

– ?Estas seguro?

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