– Sueltate.
– ?Estas seguro?
– Si, sueltate.
Ella inspiro profundamente y conto hasta tres, luego solto la barra. Y cayo, deslizandose dentro del circulo de sus poderosos brazos. La apreto contra el y el pichi se le enrollo en torno a la cintura mientras seguia bajando por su pecho. Joe deslizo las manos por sus piernas, sujetando los muslos desnudos. Gabrielle miro hacia abajo, a su cara oscura a solo un centimetro de la de ella.
– Lo hice.
– Lo se.
– Tengo la falda enrollada en la cintura -dijo.
Sus dientes se vieron muy blancos cuando sonrio.
– Tambien lo se.
Con lentitud, la fue soltando hasta que sus pies tocaron el suelo. Las palmas de las manos de Joe se detuvieron en su trasero.
– No solo eres guapa, ademas tienes un par de
Gabrielle podia decir sinceramente que nunca ningun hombre habia escogido aquellas palabras para halagarla. Normalmente eran fieles a la adulacion comun y hacian comentarios sobre sus ojos o sus piernas.
– Estabas muerta de miedo, pero saltaste de todos modos. -Sus calidas manos le quemaron la piel a traves de la ropa interior-. ?Recuerdas que anoche me dijiste que no te besara mas?
– Lo recuerdo.
– ?Querias decir en los labios?
– Por supuesto.
El bajo la boca y le beso un lado de la garganta.
– Eso deja un monton de lugares muy interesantes -dijo, mientras le apretaba el trasero con las manos.
Gabrielle abrio la boca, pero volvio a cerrarla. ?Que podia decir a eso?
– ?Quieres que los encuentre ahora o mas tarde?
– Esto… Probablemente sea mejor mas tarde. -Tiro del dobladillo de la falda, pero Joe tenia atrapada la tela contra su espalda.
Su voz era baja y ronca cuando pregunto:
– ?Estas segura?
En absoluto. Estaba sobre la escalonada ladera de la montana, con el culo al aire y sin estar completamente segura de no querer estar exactamente alli. Envuelta en la oscuridad, aprisionada contra el solido pecho de Joe.
– Si.
El bajo la bastilla del vestido y lo aliso sobre la curva de su trasero.
– Avisame cuando lo estes, ?vale?
– Lo hare. -Se alejo de la tentacion de su voz y del calor de su abrazo-. ?Como esta tu cabeza?
– Vivire.
Giro y comenzo a subir los niveles de las terrazas de contencion. Ella miro alrededor, el le cogio la mano y la hizo subir detras de el. Subieron tres terrazas mas y todo resulto muy facil.
La noche se habia tornado realmente fria cuando llegaron al viejo Chevy y Gabrielle estaba deseando llegar a casa para darse un largo bano caliente. Pero quince minutos mas tarde se encontraba sentada en el sofa beis de Joe, los brillantes ojos amarillos y negros de su loro la mantenian inmovil en el asiento. Joe paseaba por la sala de estar de un extremo a otro con el soporte del telefono colgando de una mano y el receptor en la otra. Hablaba lo suficientemente bajo para que no lo oyera, luego entro en el comedor con el largo cordon deslizandose detras de el.
–
Gabrielle se sobresalto y devolvio toda su atencion a
– ?Perdon?
El loro agito sus alas dos veces, luego volo al brazo del sofa. Se balanceo sobre los pies, inclino la cabeza y la estudio.
–
Supuso que tenia sentido que el loro de Joe imitara a
– Lorito bonito -dijo ella suavemente y miro en direccion a Joe. Aun estaba en el comedor dandole la espalda mientras apoyaba todo su peso sobre un pie. Sostenia el telefono entre el hombro y la oreja mientras se masajeaba el otro hombro con la mano libre. Durante un segundo se pregunto si se habria lastimado ayudandola a bajar de la terraza, pero entonces
–
– Joe -grito ella, mirando fijamente el pico negro de
–
Gabrielle nunca habia tenido aves alrededor y, ni muchisimo menos, sobre su hombro. No sabia que hacer o decir. No sabia nada sobre el comportamiento de los pajaros, pero tenia claro que no queria que se enfadara. Habia visto el clasico de Alfred Hitchcock muchas veces y la imagen de Suzanne Pleshette con los ojos picoteados cruzo como un relampago por su mente.
– Lorito bonito -dijo, y miro desesperada al otro lado de la habitacion-, Socorro.
Joe finalmente la miro sobre el hombro con su ya habitual semblante cenudo mientras seguia hablando por telefono. Despues de algunas frases mas, colgo y volvio a la sala de estar.
–
El loro restrego suavemente la cabeza contra Gabrielle, pero no se bajo de su hombro.
– Vamos,
–
– Caramba. -Joe se puso las manos en las caderas y ladeo la cabeza-. Le gustas.
Ella no estaba muy convencida.
– ?En serio? ?Como lo sabes?
Se coloco frente a ella.
– Te acaba de besar -dijo, luego se inclino hacia delante y coloco la mano debajo de los pies de
– ?Yo?
– Aja. -Su mirada bajo a su boca, luego regreso al loro-. Da un pasito,
–
– ?Yo? No soy yo quien ando restregando la cabeza contra una chica guapa para besarla. Se como comportarme. Bueno, esta noche al menos. -Sonrio a Gabrielle y luego llevo al loro a la enorme jaula situada delante de un gran ventanal.
Gabrielle se levanto y lo observo acariciar suavemente las plumas de
– ?Cree de verdad que soy su novia?
– Probablemente. Ha estado picando papel de periodico y colocando sus juguetes en el. -
