– Siento haberte lastimado en la pierna.

Uno de sus pulgares le rozo la mandibula cuando el la miro por encima del hombro. Los oscuros ojos de Joe la contemplaron, la luz del fuego envolvia su rostro con un halo dorado.

– ?Cuando?

– El dia del parque cuando te derribe. Luego fuiste cojeando hasta el coche.

– Esa es una vieja lesion. No fue culpa tuya.

– Ah.

– Suenas decepcionada.

– No. -Abrio los dedos en abanico, moviendo las manos por los costados del torax-. No es decepcion exactamente. Pero fuiste tan horrible que me gustaba pensar que te habia hecho sufrir un poquito.

El sonrio antes de volverse hacia el fuego.

– Bueno, aun ahora, cada vez que entro en comisaria tengo que oir un monton de mierda sobre ti y el bote de laca. Lo mas seguro es que siga sufriendo por tu culpa durante anos.

– Cuando deis por cerrado el caso, todo el mundo se olvidara de mi. -Bajo las manos por los duros musculos hasta las costillas que limitaban el abdomen plano-. Es probable que hasta tu me olvides.

– Eso no ocurrira nunca -dijo el con voz ronca-. Nunca te olvidare, Gabrielle Breedlove.

Sus palabras la complacieron mas de lo que queria admitir. Se le hincho el pecho con orgullo, encendiendose como el resplandor de una vela. Deslizo la mano suavemente por los costados de Joe hasta la cintura, arriba hacia las axilas y luego otra vez hacia abajo.

– Ahora concentrate en los hombros. Inspira profundamente y conten la respiracion. -Ella sintio como encogia el estomago y como se le endurecian los musculos-. ?No retienes la respiracion?

– No.

– Tienes que controlar la respiracion si quieres relajarte completamente.

– Imposible.

– ?Por que?

– Creeme, lo se.

– ?Te ayudaria una copa de vino?

– No bebo vino. -El hizo una pausa antes de hablar otra vez-. Solo hay una cosa que ayudaria.

– ?Que?

– Una ducha fria.

– Eso no suena muy relajante.

El se echo a reir, pero no sono divertido.

– Bueno, hay otra cosa que funcionaria, es algo sobre lo que he estado pensado aqui sentado.

– ?Que? -pregunto aunque sospechaba lo que era.

Sus palabras sonaron graves y roncas cuando dijo:

– Olvidalo. Nos implica a los dos desnudos y eso no puede ocurrir.

Por supuesto que sabia que no podia ocurrir. Eran opuestos por completo. El alteraba su equilibrio. Queria un hombre espiritual, y el lo era tanto como un cavernicola. Creia que estaba chiflada y quiza no andara mal encaminado. Menos de una semana antes habia creido que era un acosador; ahora estaba sentado en su sala de estar mientras lo cubria de aceite como si fuera un bailarin Chippendale. Tal vez si que estaba un poco loca porque le pregunto:

– ?Por que?

– Eres mi colaboradora.

Tal como ella lo veia esa no era una buena razon. El acuerdo de colaboracion que habia firmado solo era un trozo de papel. Un trozo de papel no podia imponerse al deseo. Sin embargo, el hecho de que fueran dos personas completamente diferentes con creencias dispares deberia ser una buena razon para que evitaran cometer el tremendo error de meterse juntos en la cama.

No obstante, mientras miraba el resplandor de la luz del fuego titilar sobre la tersa espalda, sus diferencias no parecieron importar mucho. El movimiento de sus manos se volvio fluido, relajante y sensual. Joe alteraba tanto su equilibrio que se olvido completamente de tocarlo de manera impersonal. Mojo los dedos en el aceite caliente y su roce fue tan ligero como una pluma cuando le acaricio la espalda.

– Conduce tu energia al plexo solar y al abdomen. Toma aire profundamente, luego sueltalo.

Ella cerro los ojos y dejo que sus manos se deslizaran por los contornos flexibles de la parte inferior de su espalda. Luego suavemente recorrio con las puntas de los dedos la columna hacia arriba. El temblo, y sus musculos se tensaron bajo la piel suave y caliente, cuando extendio los pulgares por su espalda flexible. De repente, ella sentia un abrumador deseo de gemir o suspirar, y de inclinarse hacia delante para hincar los dientes en su piel.

– Conduce tu energia a la ingle.

– Demasiado tarde. -El se levanto y se giro hacia ella-. Ya esta toda ahi.

Ella miro hacia arriba, a sus ojos entornados y a la curva de los labios. Una gota de sudor se deslizo por su mejilla, continuo por la mandibula y siguio bajando por un lado del cuello hasta fundirse en el hueco de su garganta bronceada. Ella levanto las manos y las coloco en su abdomen plano. Sus pulgares acariciaron la linea de vello oscuro que rodeaba su ombligo.

Bajo la mirada a la cintura y al inconfundible abultamiento de su ereccion. Curvo los dedos contra su barriga y sintio que se le secaba la boca. Se lamio los labios y dejo vagar la mirada por la cicatriz de su muslo, visible a traves de la abertura de la toalla.

– Sientate, Joe-le pidio, y lo empujo hasta que su trasero toco el asiento. La toalla se subio por el muslo derecho revelando el borde inferior de unos boxers negros-. ?Es aqui donde te dispararon? -pregunto, arrodillandose entre sus piernas.

– Si.

Ella sumergio los pulgares en el aceite, luego los deslizo alrededor de la cicatriz.

– ?Duele todavia?

– No. Al menos no como solia hacerlo -dijo con voz ronca.

Pensar que hubiera padecido tal violencia le rompio el corazon y lo miro a la cara.

– ?Quien te hizo esto?

Mirandola con los ojos entrecerrados espero un rato antes de contestarle, tanto que ella penso que no lo haria.

– Un informador que se llamaba Robby Martin. Probablemente lo verias en los periodicos hace cosa de un ano.

El nombre le sono familiar y solo le llevo un momento recordarlo. Una imagen de un joven rubio cruzo por su mente. La historia habia sido noticia durante mucho tiempo. El nombre del detective que habia hecho el disparo mortal nunca habia sido mencionado o lo habia olvidado, no asi el del chico que habia recibido el disparo, Robby.

– ?Fuiste tu?

De nuevo el se demoro en contestar.

– Si.

Lentamente, ella deslizo los pulgares hacia arriba y abajo por la gruesa cicatriz y aplico un poco de presion. Lo recordaba muy bien porque, al igual que todo el mundo, habia hablado de ello con sus amigos, preguntandose si algunos polis de Boise tenian el gatillo demasiado ligero con los jovenes solo por fumarse unos porros.

– Lo siento.

– ?Por que? ?Por que deberias sentirlo?

– Siento que tuvieras que hacer algo asi.

– Cumplia con mi deber -dijo con cierta dureza.

– Lo se. -Suavemente ella hundio las puntas de los dedos en los musculos del muslo-. Lo siento porque tuviste que pasarlo muy mal.

– ?No crees que soy de los que tienen el dedo rapido?

Ella nego con la cabeza.

– No creo que seas imprudente ni que terminases con la vida de alguien a menos que no tuvieses otra eleccion.

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