Sam salto sobre una percha y Joe cerro la puerta alambrada-. Pero nunca lo he visto comportarse como hizo contigo. Normalmente tiene celos de las mujeres que traigo a casa y trata de echarlas.

– Entonces supongo que tuve suerte -dijo ella, preguntandose cuantas mujeres habria llevado a casa y por que eso deberia importarle.

– Bueno, quiere dormir contigo. -Se giro y la miro-. No puedo decir que le culpe.

Como cumplido no era genial, pero por alguna extrana razon las palabras le llegaron al corazon y se le acelero el pulso.

– Eres el rey de los piropos, Shanahan.

El sonrio como si lo supiera de sobra y le indico la puerta.

– ?Quieres que pare en algun sitio de camino a tu casa? ?Quieres comprar la cena?

Ella se levanto y lo siguio.

– ?Tienes hambre?

– No, pero pensaba que tu si.

– No, comi antes de la fiesta de Kevin.

– Ah. -La miro por encima del hombro-. De acuerdo.

Durante el recorrido a casa de Gabrielle, sus pensamientos volvieron una y otra vez al tipo de mujer que Joe llevaria a su casa. Se pregunto como serian y si se parecerian a Nancy. Suponia que si.

Joe parecia tan distraido como Gabrielle y ninguno de los dos intento conversar hasta que estuvieron a tres manzanas de casa de Gabrielle.

– Kevin dio una fiesta interesante. -Estaba segura de que ese tema daria mucho de si.

El no la secundo. Simplemente solto una especie de grunido y dijo:

– Kevin es un estupido.

Gabrielle se dio por vencida y recorrieron el resto del camino en silencio. El tampoco dijo nada mientras la acompanaba por la acera ni cuando tomo las llaves de su mano. La luz rosada del porche acaricio su perfil y los rizos suaves por encima de su oreja mientras se inclinaba hacia delante y abria la puerta. Se enderezo y movio su hombro como si todavia le molestara.

– ?Te lastimaste ayudandome esta noche? -pregunto.

– Sufri un tiron en un musculo el otro dia moviendo los estantes de la tienda, pero sobrevivire.

El se puso derecho y ella lo miro, su cara ya tenia otra vez la sombra de la barba y la tension le arrugaba la frente.

– Puedo darte un masaje -sugirio ella rapidamente antes de pensarlo mejor y cambiar de opinion.

– ?Sabes hacerlo?

– Por supuesto. -Una imagen de Joe con nada mas que una toalla cruzo por su mente y le calento la boca del estomago-. Soy casi profesional.

– ?De la misma forma en que eres casi vegetariana?

– ?Estas burlandote de mi otra vez? -Ella habia tomado clases de masaje y, aunque no tenia el titulo, se consideraba toda una profesional.

Su risa resono en el silencio de la noche y se vio envuelta en la profundidad del sonido masculino.

– Por supuesto -admitio sin pizca de verguenza.

Al menos era honesto.

– Te apuesto lo que quieras a que hago que te sientas mejor en menos de veinte minutos.

– ?Que quieres apostar?

– Cinco pavos.

– ?Cinco pavos? Que sean diez y trato hecho.

Capitulo 12

Joe le echo una mirada a la pequena toalla que ella le habia dado y la puso sobre el sofa. Le gustaba la libertad que proporcionaban los boxers. Le gustaba que los calzoncillos dejaran sitio a sus ninos, pero no iba a quitarselos para ponerse una toalla y correr el riesgo de que sus bienes mas preciados se izaran bajo ella formando un tipi.

Cambio el peso de pie y apoyo las manos en las caderas. Diablos, ni siquiera deberia estar en la sala de estar de Gabrielle. Deberia estar en su casa durmiendo. Tenia una reunion a las ocho de la manana para informar sobre las antiguedades robadas que habia visto en la habitacion de invitados de Kevin. Necesitaba estar descansado y tener la cabeza despejada cuando hiciera el informe para obtener la orden de registro. La redaccion debia ser clara, sucinta y tan dificil de meterle mano como a una virgen en el asiento trasero de un coche. En caso de que no fuera asi corria el riesgo de que cualquier prueba que aportara fuera descartada mas tarde en el juicio. Ademas, tenia que hacer mas cosas esa noche. Por ejemplo, la colada, y llamar a Ann Cameron para decirle que no podrian verse por la manana. Habia pasado por el bar esa manana antes de ir a trabajar para desayunar con ella. Era una chica realmente agradable y tenia que anular la cita.

Sin embargo, en vez de hacer cualquiera de esas cosas, estaba en casa de Gabrielle observando como ella vertia aceite en un pequeno cuenco y encendia las velas que habia colocado en la repisa de la chimenea y en las mesas de alrededor, casi como si estuviera preparando un sacrificio. En lugar de marcharse, ladeo la cabeza y observo el feo vestido sin forma, lo que le llevo a recordar el suave interior de sus muslos. Puso freno a sus pensamientos y se forzo a regresar de la tierra de la fantasia.

Ella apago las luces. Acciono el interruptor al lado de la chimenea y una llama anaranjada salio de los respiraderos del gas iluminando los lenos falsos. Observo como se recogia el enmaranado pelo con una cinta y discutio consigo mismo si debia contarle o no que el ajedrez de marfil del dormitorio de Kevin, con aquellos escandalosos peones tan bien dotados, habia sido robado de una casa de River Run el mes anterior.

Desde que la observo bajar de la terraza, habia pensado en decirle la verdad. Habia pensado sobre ello en el coche camino de su casa, mientras hablaba con Walker por telefono y despues de colgar. Lo habia pensado mientras estaba parado en el porche de la casa de Gabrielle con las llaves en la mano mirando sus candidos ojos verdes. Y seguia pensando en ello al aceptar que le diera un masaje que sabia, con absoluta certeza, que era una mala idea.

El capitan no queria que informara a Gabrielle de nada, pero Joe creia que merecia saber la verdad sobre Kevin y sobre las estanterias cargadas hasta los topes con muchas de las antiguedades que figuraban en el archivo policial.

Hasta hacia una hora, Joe habria estado completamente de acuerdo con Walker. Pero eso habia sido antes de que ella hubiera hecho guardia mientras el registraba el cuarto de invitados. Antes de que la hubiera mirado a los ojos y le hubiera pedido que confiara en el. Antes de que hubiera saltado sobre la barandilla de la terraza porque confiaba en el. Hasta hacia una hora no habia estado seguro de su inocencia, ni le importaba. No era cosa suya. Hasta ahora.

– Ire por la mesa de masajes para que te pongas comodo.

– Prefiero sentarme en una silla. Una de las sillas del comedor estara bien. -Una silla dura e incomoda que no dejara que se relajara lo suficiente como para olvidar que era su colaboradora y no una mujer a la que queria conocer en profundidad.

– ?Estas seguro?

– Si.

Cuando la habia visto subir a la barandilla, claramente aterrada, algo habia cambiado dentro de el; habia cambiado su opinion de ella, lo que sentia en lo mas profundo del corazon. Al verla acuclillada sobre su cabeza mostrandole las braguitas blancas, el corazon se le habia subido a la garganta. Cuando la vio colgar por encima de el, habia sabido que lo pasaria realmente mal si se caia y habia sabido, como que habia infierno, que no la dejaria caer. Y en ese momento se habia convertido en mucho mas que su colaboradora, se habia convertido en alguien a quien queria mantener seguro. Alguien a quien proteger.

Tambien habia sentido otra cosa. Al abrazarla y besarla en el cuello, estando ya fuera de peligro, habia sentido una aguda opresion en el pecho. Tal vez fuera lo que quedaba del miedo, o la tension latente. Si, tal vez,

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