– Tal vez tengo la sangre tan fria como decian los periodicos. ?Como puedes saberlo?
Ella contesto con lo que sabia que era verdad en su corazon.
– Porque conozco tu alma, Joe Shanahan.
Joe miro esos claros ojos verdes y casi creyo que ella podia ver en su alma, que lo conocia mejor de lo que el se conocia.
Ella se lamio los labios y el observo como deslizaba la punta de la lengua por la comisura de los labios. Luego ella hizo algo que le detuvo el corazon, provocando que un torrente de pura lujuria se estrellara contra su ingle: inclino la cabeza y le beso el muslo.
– Se que eres un buen hombre.
Se quedo sin respiracion y se pregunto si ella todavia pensaria que era un buen hombre si le pedia que subiera un poco mas la boca para besar su otro musculo. El miraba hacia abajo, a la coronilla, mientras tenia una fantasia realmente buena que incluia la cara de Gabrielle en su regazo, pero ella miro hacia arriba y lo arruino todo. Lo contemplo como si realmente pudiera ver su alma. Como si viera un hombre mejor de lo que el creia ser.
Joe se puso de pie y le dio la espalda.
– No me conoces, joder -dijo, moviendose a la chimenea y apoyando la mano en la repisa-. Tal vez me guste derribar las puertas a patadas y usar mi cuerpo como un saco de golpes.
– Ah, eso no lo dudo. -Se levanto, se puso a su lado y anadio-: Eres un tipo muy visceral. Pero tampoco dudo que no tuvieras otra opcion.
La miro por encima del hombro, luego desvio la vista a las velas encendidas encima de la repisa.
– Tenia otra opcion, no tenia por que perseguir a un vendedor de drogas por un callejon oscuro. Pero soy policia y eso es lo que hago. Persigo a los malos y, una vez que me involucro en algo, llego hasta al final. Y creeme, perseguia a Robby. -Queria conmocionarla. Dejarla sin habla. Borrar esa mirada de sus ojos-. Estaba realmente cabreado con el. Era mi colaborador y me habia traicionado, queria ponerle las manos encima. -La recorrio con la vista otra vez, pero ella no parecia conmocionada. Se suponia que era pacifista. Se suponia que odiaba los hombres como el. Se suponia que no debia mirarle como si sintiera lastima por el, por el amor de Dios-. Vi como Robby me disparaba -continuo-, y le vacie el cargador en el pecho antes de darme cuenta siquiera que habia sacado mi arma. No necesite verle para saber que le habia dado. Una vez que oyes algo asi, lo sabes. Y nunca lo olvidas. Mas tarde, me entere que habia muerto antes de tocar el suelo. Y no se como se supone que deberia sentirme ante eso. Algunas veces me parece que soy una mierda y otras, simplemente, me alegra haber disparado mejor que Robby. Es un infierno saber que has quitado la vida a un hombre robando todas las posibilidades que tenia. -Se aparto de la repisa de la chimenea-. Tal vez perdi el control.
– Dudo que hayas perdido el control alguna vez.
Ella estaba equivocada. De alguna manera, lo habia obligado a contarle mas sobre el tiroteo que a ninguna otra persona. Lo unico que habia tenido que hacer era mirarlo con aquellos ojos grandes, como si realmente creyera en el, para ponerse a balbucear como un idiota. Bueno, habia hecho algo mas que hablar. Durante la media hora anterior, habia estado sentado sobre esa incomoda silla preguntandose como encajarian sus senos en las palmas de sus manos. Con una rugiente ereccion que le instaba a agarrar una de esas manos suaves que habia deslizado por todo su cuerpo y bajarse de golpe los calzoncillos para que pudiera acariciar algo mas interesante que su codo.
El la tomo entre sus brazos y le cubrio la boca con la suya. Reconocio el sabor de sus labios dulces y carnosos como si fueran amantes. Como si la hubiera conocido desde siempre. Inclino la cabeza hacia un lado y su boca se abrio para el, sus calidos y humedos labios le dieron la bienvenida. La sintio estremecerse cuando le toco la lengua con la suya. Gabrielle le rodeo el cuello con los brazos pegandose a el. El peto de su vestido le rozo el pecho desnudo, sus caderas se arquearon contra el presionando la durisima ereccion. Joe la asio por la cintura y, en lugar de alejarla, encajo su pelvis en la de ella. El placer fue exquisito y doloroso. Agonia y extasis. En ese momento queria de ella algo mas que un beso.
Las manos se movieron al cierre de los tirantes del pichi, abriendolos con facilidad. El peto cayo sobre su cintura y desabrocho con la misma rapidez los botones de la blusa blanca. La abrio y, por fin, lleno sus manos con los turgentes senos cubiertos por el sujetador. Los labios de Gabrielle temblaron y se quedo sin aliento cuando sus pulgares le rozaron una y otra vez los pezones duros y erectos. Joe se echo hacia atras y le escruto la cara. Gabrielle abrio los ojos y susurro su nombre, el sonido lo lleno igual que el deseo que retorcia el nudo doloroso de su estomago. El hambre hacia brillar los ojos de Gabrielle, y saber que lo deseaba de la misma manera que el la deseaba a ella hizo que la sangre le hirviera en las venas. Ella era hermosa por dentro y por fuera. Era pura pasion, deseo y fuego bajo sus manos y, ciertamente, el no podia resistirse a jugar con fuego durante un rato mas.
Joe trago aire y exhalo lentamente mientras su mirada viajaba del pelo castano rojizo, que le enmarcaba la cara con los rizos rebeldes, a los labios humedos e hinchados por el beso, y siguio bajando por la garganta hasta sus manos colmadas con los senos turgentes.
– Ahora es tu turno -dijo el, y volvio a mirarla a los ojos.
Ella le sostuvo la mirada mientras el le quitaba la blusa de los hombros. La tela blanca se deslizo por sus brazos y cayo al suelo. Gabrielle permanecio de pie ante el, con el peto del pichi caido sobre las caderas y el sujetador cubriendo sus senos. En el centro de cada copa los pezones, duros y rosados, pujaban contra la tela blanca. El giro ligeramente la cintura y sumergio los dedos en el aceite caliente. Luego toco la base de su garganta y, con suma lentitud, deslizo las puntas de sus dedos hacia abajo, entre sus pechos firmes. Su piel, increiblemente suave, rozo el dorso de sus manos mientras soltaba el cierre delantero del sujetador. Se abrio de golpe y sus senos escaparon de las copas tan bellos y perfectos que se le seco la boca. Joe subio las manos a sus hombros y deslizo los tirantes del sujetador por sus brazos hasta que cayo al suelo junto a la blusa. Luego cogio el pequeno cuenco y lo levanto entre ellos. Lentamente lo inclino hasta que el poco aceite que quedaba se derramo sobre la piel blanca, deslizandose rapidamente sobre los senos, bajando por el estomago hasta el ombligo. Sin apartar la mirada de ella vacio el cuenco y lo puso en la silla de madera. Una gota relucio en el pezon y la toco con un dedo.
El abrio la boca para decirle que tenia unos pechos grandes y bonitos, pero todo lo que salio fue una ristra de juramentos mientras esparcia el aceite por la punta del pezon y alrededor de la areola arrugada.
Gabrielle se removio y le rodeo la nuca con una mano. Apreto los labios humedos contra los de el y le succiono suavemente la lengua. Joe esparcio todo el aceite por sus tersos senos y su vientre suave. La deseaba. Nunca habia deseado nada como ceder a la lujuria dolorosa que latia en su ingle. Movio las manos a los lados de la garganta y volvio a mirarla, los senos brillando a la luz del fuego, los picos brillantes y humedos como si la hubiera besado alli. Nunca habia deseado nada como dejar caer los boxers alrededor de los tobillos para tomar a Gabrielle de una embestida contra la pared, o sobre el sofa, o en el suelo; donde fuera. Deseaba arrodillarse entre sus muslos suaves -envuelto en la dulce fragancia de las velas- para enterrarse profundamente en ella y quedarse alli. Busco un pezon con la boca mientras se deslizaba por su cuerpo caliente y resbaladizo. Ella lo deseaba tanto como el. Entonces, ?por que diablos no les daba a ambos lo que deseaban?
Pero no podia hacer el amor con ella. Aunque no fuera su colaboradora, el no era uno de esos tios que llevaban condones en la cartera y casi se echo a reir por el alivio.
– No llevo condones.
– Hace ocho anos que tomo la pildora -dijo ella, y cogiendo una mano de Joe la llevo a su pecho humedo por el aceite-. Y confio en ti.
Diablos. Deseo que ella no hubiera hecho aquella confesion dandole luz verde. El dolor de su ingle pulso y, antes de que su cerebro bajase completamente hasta sus calzoncillos, se obligo a recordar quien era ella y que era para el. Enterro la cara en su pelo y dejo caer la mano. La deseaba como nunca habia deseado a ninguna mujer en su vida y tenia que hacer algo rapido.
– Gabrielle, carino, ?puedes comunicarte con Elvis? -pregunto, conteniendo la respiracion mientras se agarraba a aquel clavo ardiendo.
– ?Hummm? -Su voz era ronca como si acabara de despertar-. ?Que?
– ?Puedes comunicarte con Elvis Presley?
– No -susurro ella, y se apoyo en el. Los senos rozaron su pecho y las puntas duras tocaron sus propios pezones planos.
– Jesus -respiro con dificultad-. ?Ni siquiera puedes intentarlo?
