Gabrielle miro alucinada los grandes ojos azules de Francis.

– ?Suenas con el cazador de cocodrilos?

– Bueno, creo que tiene un gran corazon y se que probablemente consumo demasiadas pilas de litio para que se interese por mi, pero me encanta su acento. Esta buenisimo con ese traje de safari. Me imagino luchando contra el.

– Esta casado con Terri.

– ?Y que mas da? Pensaba que hablabamos de fantasias. -Francis hizo una pausa para rascarse la oreja-. ?Tienes fantasias con tu detective?

Gabrielle cogio otro poco de arcilla y la esparcio por la nariz de su amiga.

– ?Es tan obvio?

– No, pero si no fuese tuyo, las fantasias con el las tendria yo.

– Joe no es mio. Trabaja en mi tienda y lo encuentro algo atractivo.

– Es Tauro.

– De acuerdo, es ardiente, pero no es mi tipo. Cree que Kevin esta metido en ese lio de vender arte robado y probablemente sigue pensando que yo tambien lo estoy. -Esparcio el barro por las mejillas de Francis antes de anadir-: Y bueno, cree que soy rara, aunque sea el quien me pregunte si puedo comunicarme con Elvis.

Francis sonrio y arrugo la arcilla de alrededor de la boca.

– ?Puedes?

– No seas absurda. No soy psiquica.

– No es absurdo. Crees en otras cosas de la New Age, asi que no veo nada raro en que te lo preguntara.

Gabrielle se limpio las manos con una toallita humeda, luego se doblo por la cintura y envolvio una toalla alrededor de la cabeza.

– Bueno, estabamos haciendolo en ese momento -explico, mientras se erguia.

– ?Haciendolo?

– Besandonos. -Ella y Francis intercambiaron miradas, y Gabrielle miro hacia arriba, a la cara de su amiga que estaba cubierta, con excepcion de los ojos y los labios, de pasta blanca-. Y otras cosas.

– Ah, eso si que es extrano. -La arcilla suave se sentia maravillosamente fresca sobre la frente de Gabrielle, que cerro los ojos tratando de relajarse-. ?Queria que fueras Elvis, o solo queria preguntarle al Rey algunas cosas?

– ?Que mas da? La cosa se estaba poniendo bastante caliente y se detuvo para preguntarme si podia comunicarme con Elvis.

– Hay una gran diferencia. Si solo queria hacer unas preguntas, obtener alguna informacion, entonces es simplemente un poco raro. Pero si queria que te convirtieras en el Rey del Rock & Roll, entonces deberias buscarte otro tio.

Gabrielle suspiro y abrio los ojos.

– Joe no es mio. -El borde de la mascarilla de Francis y la punta de su nariz comenzaban a secarse-. Ahora te toca a ti -dijo cambiando a proposito de tema-. ?Por que no me dices que hiciste anoche? -Estaba mas confundida que nunca y no sabia como se le habia ocurrido la idea de que Francis podia ayudarla a aclarar sus sentimientos.

Despues de la mascarilla, probaron el tonico de Gabrielle y la crema hidratante. Cuando Francis se fue, ambas mujeres tenian los poros limpios y un brillo saludable en la piel. Gabrielle horneo una pizza vegetal para cenar y se sento delante de la tele para comersela. Con el mando en la mano, hizo zapping buscando un episodio de El cazador de cocodrilos. Queria ver que encontraba Francis tan fascinante en un hombre que luchaba contra reptiles, pero el timbre de la puerta sono antes de que hubiese tenido la posibilidad de revisar cada canal. Coloco el plato en la mesita de cafe y fue a la entrada. Nada mas abrir la puerta, Joe irrumpio en la casa como un tornado. El perfume a sandalo y a brisa nocturna entro con el. Llevaba unos pantalones cortos de nailon negro con el anagrama de Nike Swoosh en el trasero. Las mangas de la camiseta habian sido cortadas y los agujeros de las sisas le llegaban casi hasta la cintura. Los calcetines blancos estaban ligeramente sucios, los zapatos eran viejos. Parecia un macho arrogante, igual que la primera vez que lo habia visto apoyado contra un arbol en el Ann Morrison Park fumando como una chimenea.

– De acuerdo, maldita sea, ?donde esta? -se detuvo en medio de la sala de estar.

Gabrielle cerro la puerta y se apoyo contra ella. Subio la mirada por sus poderosas pantorrillas y muslos a la cicatriz que marcaba su piel bronceada.

– Venga, Gabrielle. Entregamelo.

Ella levanto la mirada a su cara. Tenia una marcada sombra de barba y la miraba con el ceno fruncido. Hubo un tiempo en que habia pensado en el como alguien amenazante e intimidador, un maton. Pero ya no.

– ?No tienes que tener una orden, una autorizacion judicial o algo por el estilo antes de irrumpir en casa de una persona?

– No juegues conmigo. -Apoyo las manos en las caderas y ladeo la cabeza-. ?Donde esta?

– ?El que?

– Genial. -El dejo la cartera y las llaves junto al plato de la mesita de cafe, luego procedio a mirar detras del sofa y en el guardarropa.

– ?Que haces?

– Te dejo sola veinticuatro horas y vas, y haces esto. -Atraveso el comedor donde rapidamente echo un vistazo alrededor, luego continuo por el pasillo dejando un reguero de palabras tras el-. Cuando comienzo a pensar que tienes dos dedos de frente vas y cometes una estupidez.

– ?Que? -El sonido de sus pasos se perdia en su dormitorio, y Gabrielle lo siguio rapidamente. Cuando llego, ya habia abierto y cerrado la mitad de los cajones-. Si me dices lo que estas buscando, podria ahorrarte tiempo.

En lugar de contestarle, el abrio de golpe las puertas del armario y empujo a un lado las ropas.

– Te adverti que no le protegieras.

Se doblo por la cintura ofreciendole a Gabrielle una maravillosa vista de su estupendo trasero. Cuando se enderezo, tenia una caja en las manos.

– Oye, deja eso en su sitio. Contiene cosas personales.

– Deberias haberlo pensado antes. A partir de ahora no tienes cosas personales. Estas tan implicada que creo que ni siquiera esa comadreja de abogado que tienes pueda ayudarte.

Vacio la caja sobre la cama y docenas de sujetadores, bragas, bustiers y tangas se derramaron sobre el edredon. El clavo los ojos en la lenceria con los ojos como platos.

Si Gabrielle no hubiera estado tan molesta, se habria reido.

– ?Que diablos es esto? -dijo, cogiendo las bragas negras de vinilo. Colgaban de su dedo indice mientras las inspeccionaba desde todos los angulos-. Tienes ropa interior de prostituta.

Le arrebato las bragas y las lanzo con el resto sobre la cama.

– Francis me regala lenceria picante de su tienda, pero no la uso.

El cogio un corse color cereza adornado con flecos negros. Se veia como un nino ante un surtido completo de caramelos. Un nino con las mejillas tenidas de color azulado por la sombra de la barba.

– Me gusta este.

– Por supuesto que te gusta. -Cruzo los brazos y apoyo el peso sobre un pie.

– Deberias ponertelo.

– Joe, ?a que has venido?

A reganadientes, el aparto la mirada de la ropa interior esparcida sobre la cama.

– Recibi una llamada informandome de que Kevin te paso algo en un tubo FedEx.

– ?Que? ?Asi que va de eso? El solo queria que viera unos posteres de peliculas antiguas que compro por Internet.

– Entonces es cierto que estuvo aqui.

– Si. ?Como lo supiste?

– Joder. -Lanzo el corse sobre la cama y salio del dormitorio-. ?Por que lo dejaste entrar?

Gabrielle iba un paso por detras con la mirada clavada en los pequenos rizos que le rozaban el cuello.

– Es mi socio. ?Por que no le iba a dejar entrar?

– Mierda, no se. Puede que porque es un ladron y esta implicado en los robos de arte. ?Que te parece eso

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