para empezar?

Gabrielle apenas oyo nada de lo que dijo. Un panico repentino la invadio mientras lo seguia pasando por el bano hasta el final del pasillo. Lo agarro del brazo y tiro de el, pero fue como tratar de detener a un toro. Se puso delante de el y abrio los brazos bloqueando la puerta del estudio.

– Este es mi estudio privado -dijo con el corazon en un puno-. No puedes entrar.

– ?Por que?

– Porque no.

– Dime algo mejor.

Asi de pronto no se le ocurria nada.

– Porque lo digo yo.

El la asio por los brazos con sus fuertes manos y la aparto de su camino.

– ?No, Joe!

La puerta se abrio. Durante un largo momento el silencio floto en el aire, y Gabrielle le rogo a cualquier dios que pudiera escucharla que de alguna manera el estudio no estuviera tal y como lo habia dejado la ultima vez que habia estado alli.

– Cielo Santo.

Supuso que estaba igual.

El entro lentamente en la habitacion hasta detenerse a un metro de la pintura de tamano natural. Gabrielle solo queria huir y esconderse, ?pero adonde podia ir? Miro la tela, la luz del sol poniente atravesaba las cortinas y se derramaba sobre el suelo de madera noble e iluminaba el retrato con una especie de resplandor etereo. Rogo para que Joe no se reconociese.

– ?Y eso? -pregunto, senalando la pintura-. ?Se supone que soy yo?

No habia esperanza ahora. Estaba atrapada. Podia haber tenido un problema con la proporcion de los pies y las manos, pero no habia tenido absolutamente ningun problema con el pene de Joe. Solo habia una cosa que podia hacer, aguantar el chaparron hasta el final y disimular la verguenza lo mejor que pudiera.

– Creo que es muy bueno -dijo ella cruzandose de brazos.

El la miro por encima del hombro con los ojos un poco vidriosos.

– Estoy en pelotas.

– Desnudo.

– Es lo mismo, joder. -El se volvio, y Gabrielle se coloco a su lado-. ?Y donde estan mis manos y mis pies?

Ella ladeo la cabeza.

– Bueno, no he tenido tiempo aun de pintarlos.

– Veo que, sin embargo, tuviste tiempo para pintarme la polla.

«?Que podia decir a eso?»

– Creo que hice un buen trabajo con la forma de los ojos.

– Y tambien con las pelotas.

Intento de nuevo desviar su atencion hacia mas arriba.

– Plasme la boca perfectamente.

– ?Se supone que esos son mis labios? Estan hinchados -dijo, y ella penso que al menos deberia estar agradecida de que no criticara el tamano de los genitales-. ?Y que diablos es esa gran bola roja? ?Fuego o algo por el estilo?

– Tu aura.

– Ya. -Fijo su atencion en las dos pinturas apoyadas contra la pared-. Veo que has estado ocupada.

Ella se mordio el labio inferior y no dijo nada. Al menos en la pintura de demonio, estaba vestido, en la otra, bueno…

– ?Y no tuviste tiempo para pintar las manos o los pies en esos?

– Aun no.

– ?Se supone que soy el diablo o algo por el estilo?

– Algo por el estilo.

– ?Que pinta ese perro?

– Es un cordero.

– Ah… Parece un corgi gales.

No parecia ni de lejos un corgi gales, pero Gabrielle no discutio. Primero, porque nunca explicaba su arte a nadie y segundo, porque creia que la falta de tacto de sus comentarios debia perdonarse ante el shock de verse pintado desnudo en los cuadros. Suponia que debia de ser un poco perturbador abrir una puerta y que el retrato desnudo de uno mismo te devolviera la mirada.

– ?Quien es ese? -pregunto, apuntando hacia la pintura de su cabeza con el cuerpo del David.

– ?No lo sabes?

– Yo no soy asi.

– Use la escultura del David de Miguel Angel de modelo. No sabia que tenias vello en el pecho.

– ?Y no te parece chocante? -pregunto incredulo, mientras sacudia la cabeza- Nunca fui asi. Parece rarito.

Esperaba que rarito quisiera decir extrano, pero lo dudaba.

– Se preparaba para la batalla con Goliath.

– Joder -juro y apunto hacia la ingle de David-. Mira eso. No he tenido nada tan pequeno desde que tenia dos anos.

– Tienes fijacion con los organos genitales.

– No yo, senora. -Se giro y la senalo con el dedo-. Eres tu la que se dedica a pintarme en cueros.

– Soy artista.

– Ya, y yo astronauta.

Habia estado dispuesta a perdonar su ruda critica, pero solo hasta cierto punto y el acababa de traspasar la linea.

– Vete. Ahora.

El se cruzo de brazos y cambio el peso de pie.

– ?Me estas echando?

– Si.

Un brillo machista le curvo las comisuras de los labios.

– ?Crees que eres lo suficientemente grande para intentarlo?

– Si.

El se rio.

– ?Sin el bote de laca, senorita mala leche?

De acuerdo, ahora estaba enfadada. Le dio un empujon en el pecho y Joe se tambaleo hacia atras. La siguiente vez que lo empujo, estaba preparado y no se movio.

– No puedes venir a mi casa a intimidarme. No tengo por que aguantar esto. -Lo empujo otra vez y el la agarro por la muneca-. Eres un policia infiltrado. No eres mi novio. Jamas tendria un novio como tu.

Su sonrisa se borro como si ella le hubiera insultado de alguna manera. Lo que era imposible. Tendria que tener emociones humanas para sentirse ultrajado.

– ?Por que diablos no?

– Estas rodeado de energia negativa -dijo, mientras luchaba para quedar libre de su presa pero no pudo-. Y no me gustas.

La solto y ella dio un paso atras.

– Anoche no pensabas lo mismo.

Ella cruzo los brazos y achico los ojos.

– Anoche hubo luna llena.

– ?Y que me dices de estos cuadros en los que me pintaste desnudo?

– ?Que pasa con ellos?

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