– No pintarias la polla de un tio que no te gusta.

– Mi unico interes en tu… eh… -No lo podia decir. No podia decir esa palabra que empezaba con P.

– Puedes llamarlo Senor Feliz -la ayudo-. Pene tambien vale.

– Anatomia masculina -dijo ella-, es porque soy una artista.

– Ya estas otra vez. -Enmarco su cara entre las palmas de las manos-. Estas creandote mal karma. -Le rozo ligeramente la barbilla con el pulgar.

– No miento -mintio.

Se quedo sin respiracion al pensar que la besaria. Pero solo se echo a reir, dejo caer las manos y se volvio hacia la puerta. Ella quedo atrapada entre el alivio y la decepcion.

– Soy artista profesional -le aseguro a Joe siguiendolo a la sala de estar.

– Si tu lo dices…

– ?Lo soy!

– Entonces, dejame decirte… -dijo, cogiendo las llaves y la cartera de la mesita de cafe- que la proxima vez que sientas la urgencia de pintarme, no dudes en llamarme. Ponte alguna de esas prendas de ropa interior tan picante que tienes y te mostrare mi anatomia. En primer plano y de verdad.

Capitulo 14

Alrededor de medianoche Gabrielle tiro al suelo la lenceria que Joe habia echado sobre la cama y se acosto. Cerro los ojos e intento no pensar en el dentro de su dormitorio con la camisa sin mangas marcandole los anchos hombros y las bragas de vinilo colgando de un dedo. Era un neandertal. La pesadilla anacronica de cualquier chica. La habia enojado mas que cualquier hombre que hubiera conocido. Tendria que odiarlo a muerte. Realmente deberia hacerlo. Primero se habia burlado de sus creencias y ahora de su arte y, no importaba lo mucho que lo intentara, el seguia sin desagradarle. Habia algo en Joe, algo que la atraia como los fieles a La Meca. No queria dejarse llevar, pero su corazon parecia no atender a razones.

Si habia alguien que conociera a Gabrielle por dentro y por fuera, era ella misma. Sabia que era bueno para ella y que no lo era. Algunas veces se equivocaba, como cuando aspiro a ser masajista para descubrir que necesitaba una salida mas creativa. O cuando habia tomado clases de Feng Shui con intencion de aprender a disenar la distribucion de una habitacion para lograr paz y armonia perfecta, pero en cambio solo habia conseguido un dolor de cabeza agudo.

Como resultado de los distintos giros que habia tomado su vida, sabia un poco de cada cosa. Algunas personas podrian considerar eso como algo frivolo e irresponsable, pero ella lo veia de otra manera, mas como una disposicion a correr riesgos. No temia cambiar de rumbo. Su mente estaba abierta a casi cualquier cosa. Salvo a la idea de dejar que su corazon se involucrara en una relacion con Joe. Eso nunca podria funcionar. Eran demasiado diferentes. Como el dia y la noche. Positivo y negativo. Ying y yang.

El saldria pronto de su vida. Pensar en no volver a verlo nunca mas deberia hacerla feliz. Sin embargo, la hacia sentirse vacia e insomne.

A la manana siguiente corrio los habituales cuatro kilometros antes de regresar a casa y prepararse para ir al trabajo. Despues de la ducha se puso unas braguitas blancas con corazoncitos rojos y un sujetador a juego. Ese conjunto era uno de los pocos articulos de la tienda de Francis que Gabrielle se permitia ponerse. Se cepillo el pelo y mientras se secaba, se maquillo y se puso unos largos pendientes de perlas.

Los lunes eran el dia de descanso de Kevin y estaria sola con Joe hasta el mediodia, momento en que llegaria Mara. Pasar tiempo a solas con el la asustaba, pero tambien le provocaba pequenas mariposas en el estomago. Se pregunto si se dedicaria a registrar los archivos de Kevin con la puerta de la oficina cerrada igual que la semana anterior. O si tendrian que buscar algo para que el hiciera. Y se pregunto si llevaria el cinturon de herramientas un poco caido sobre las caderas.

Sono el timbre de la puerta seguido de un golpe que ella reconocio de inmediato. Se puso rapidamente un albornoz blanco y se ato el cinturon mientras caminaba hacia la puerta. Se retiro el pelo de debajo de la prenda y abrio la puerta. En lugar de los habituales vaqueros y la camiseta, Joe llevaba un traje azul marino, camisa blanca y una corbata azul y grana. Las oscuras gafas de sol ocultaban sus pensamientos, En una mano llevaba una bolsa del mismo bar de la Octava donde habia comprado los bocadillos el viernes, la otra la tenia metida en el bolsillo de los pantalones.

– Te traje el desayuno -dijo.

– ?Por que? ?Te sientes mal por haberte burlado de mi anoche?

– Nunca me he burlado de ti -dijo con la cara totalmente seria-. ?Vas a invitarme a pasar?

– Nunca has pedido permiso. -Se hizo a un lado para dejarle pasar, luego cerro la puerta tras el-. Siempre entras como si estuvieras en tu casa.

– Tenias la puerta cerrada con llave. -Coloco la bolsa de papel en la mesita delante del sofa, y cogio dos magdalenas y dos tazas de cafe-. Espero que te gusten las magdalenas de queso -dijo, quitandose las gafas de sol y metiendolas en el bolsillo interior de su chaqueta. Luego la miro con ojos cansados y quitando la tapa plastica de los vasos de poliestireno le ofrecio uno-: toma.

A Gabrielle no le gustaba el cafe, pero lo cogio de todos modos. El le tendio una magdalena y tambien la acepto. Por primera vez desde que abrio la puerta noto la tension que le fruncia la boca.

– ?Que pasa?

– Primero come. Hablaremos despues.

– ?Primero? ?Como es posible que pueda comer algo ahora?

El deslizo la mirada por sus mejillas y su boca, luego volvio a mirarla a los ojos.

– Ayer por la noche un marchante de arte de Portland se puso en contacto con Kevin. Su nombre es William Stewart Shalcroft.

– Conozco a William. Kevin trabajo para el.

– Aun lo hace. Esta tarde a las tres, William Stewart Shalcroft llegara de Portland en un vuelo charter sin escalas. Kevin y el planean encontrarse en una sala del aeropuerto, intercambiar el Hillard por dinero y luego el senor Shalcroft piensa alquilar un coche y conducir de regreso a Portland. Nunca llegara al mostrador de Hertz. Los arrestaremos en cuanto hagan el intercambio.

Gabrielle parpadeo.

– Me tomas el pelo, ?no?

– Ojala fuera asi, pero no. Desde la noche del robo Kevin ha tenido la pintura en su poder.

Ella lo oyo. Sus palabras eran contundentes, pero no tenian sentido. No podia conocer a Kevin desde hacia tantos anos y estar tan equivocada con respecto a el.

– Tiene que haber un error.

– No hay error posible.

El parecia tan seguro, sonaba tan inflexible que la primera sombra de duda paso por su mente.

– ?Estas absolutamente seguro?

– Pinchamos el telefono de su casa y tenemos grabado como establece la cita con Shalcroft para el intercambio.

Miro a Joe, el cansancio y la tension asomaban a sus ojos castanos.

– Entonces ?todo es cierto?

– Me temo que si.

Y por primera vez desde que la esposo y la llevo a la comisaria, lo creyo.

– ?Robo Kevin el Monet del senor Hillard?

– Contrato a alguien para que efectuara el robo.

– ?A quien?

– No lo sabemos aun.

Se aferro a esa respuesta.

– ?Y no es posible que quien efectuo el robo sea el unico ladron?

– No. El robo de una obra de arte tan valiosa como un Monet requiere planificacion y una trama clandestina de contactos. Comienza con un coleccionista rico y avanza desde ahi. Creemos que han planeado el robo desde

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