– Un jodido pervertido, ?eh?

– Si. -Y Joe habia estado en la habitacion de los espejos mirando desde todos los angulos la imagen de Gabrielle Breedlove con aquel pichi tan feo, preguntandose como se veria sin llevar otra cosa que uno de esos sujetadores transparentes de Victoria's Secret con unas braguitas a juego. O mejor todavia: un tanga. Asi podria sentir su trasero desnudo bajo las palmas de las manos.

Mientras ella le preguntaba sobre el Windex, el no dejaba de preguntarse como estaria con los senos al aire. Ahora ya no tenia que preguntarselo. Ahora lo sabia. Sabia que sus senos eran mas grandes de lo que habia supuesto y que llenaban perfectamente sus grandes manos. Conocia la textura suave de su piel y la sensacion que producian sus pezones arrugados al rozarle el pecho. Y conocia mas cosas, como el sonido de su suspiro apasionado y la fuerza de sus seductores ojos verdes. Conocia el olor de su pelo, el sabor de su boca y sabia que las caricias aterciopeladas de sus manos lo ponian tan duro que apenas podia pensar ni respirar.

Y sabia sin lugar a dudas que habria sido mejor no saberlo. Joe suspiro y se paso las manos por el pelo.

– Quiero cerrar este caso.

– El caso durara lo que tenga que durar. ?Tienes prisa?

?Que si tenia prisa? Habia estado a punto de hacer el amor con Gabrielle y no estaba seguro de que no ocurriera de nuevo. Podria decirse a si mismo que no volveria a suceder, pero ciertas partes de su cuerpo no opinaban igual. Estaba realmente cerca de poner en peligro su carrera por ella. Si Gabrielle no le hubiera hablado de un pariente que se comunicaba con ballenas, la hubiera tomado alli mismo en el suelo de la sala de estar.

– Supongo que estoy algo inquieto -respondio.

– Aun piensas como un agente de narcoticos. -Winston se levanto empujando la silla hacia atras-. Algunas veces la espera es divertida y puede que este caso aun tarde en concluir -le previno.

Tiempo era algo que Joe no tenia. Necesitaba que lo asignaran a un caso diferente antes de joderla hasta el punto de perder su trabajo o ser destinado a patrullar las calles. El gran problema, sin embargo, era que no podia pedir una nueva asignacion sin una puta razon, y «me temo que voy a intercambiar fluidos con mi colaboradora» estaba fuera de consideracion. Tenia que hacer algo, solo que no sabia que.

Dejo el informe sobre el escritorio y se dirigio a la puerta. Si se apresuraba, quiza pillaria a Ann Cameron antes del descanso para el almuerzo. Era exactamente el tipo de mujer que siempre habia querido como novia. Era atractiva y una magnifica cocinera, pero lo mas importante de todo, era normal. Elemental. Baptista. Nada que ver con Gabrielle.

Al cabo de media hora, Joe se sentaba a una mesa pequena del bar de Ann, saboreando pan caliente y pollo con crema al pesto. Penso que se habia muerto e ido al cielo, pero habia algo que evitaba que disfrutara completamente de la comida. No podia evitar la sensacion de que estaba enganando a su novia. Que estaba enganando a Gabrielle con Ann. El sentimiento era completamente irracional. Pero le molestaba, le martilleaba el cerebro y no lo dejaba en paz.

Ann estaba sentada frente a el, hablando sin pausa sobre el negocio y de como era la vida mientras crecian en el mismo barrio. La conversacion era perfectamente normal, pero algo hacia que no se sintiera bien.

– Intento beber al menos dos litros de agua y caminar cuatro kilometros al dia -dijo. Sus ojos estaban muy brillantes como si estuviera entusiasmada de verdad, pero no sabia que tenia de excitante caminar y beber agua-. Recuerdo que sacabas un perro a pasear todas las noches -dijo ella-. ?Como se llamaba?

– Scratch -contesto, recordando al perro que habia rescatado de la muerte. Scratch habia sido un cruce de pitbull y sharpei; el mejor perro que un nino podia tener. Ahora Joe tenia un loro. Un loro que queria dormir con Gabrielle.

– Yo tengo un pomeraniano, Snicker Doodle. Es un cielo.

«Cielo santo.»

Empujo el plato a un lado y cogio el vaso de te helado. Bueno, podia tolerar un perrito con ladrido agudo. Era una cocinera genial y tenia los ojos bonitos. No habia ninguna razon para no poder quedar con ella. No estaba saliendo con nadie.

Se pregunto si a Sam le gustaria Ann o si por el contrario trataria de echarla de casa. Tal vez era el momento de invitarla y averiguarlo. Y no habia ninguna razon para sentirse culpable, no habia absolutamente nada por lo que sentirse asi. Nada. Y punto.

Gabrielle habia pensado pasar la manana tranquilamente en casa preparando aceites esenciales. Pero en vez de eso pinto como un Van Gogh enloquecido. Coloco el retrato en el que habia trabajado contra la pared y empezo otro. Su madre llamo y la interrumpio dos veces, asi que desconecto el telefono. Al mediodia habia terminado la ultima pintura de Joe a excepcion, por supuesto, de las manos y los pies. Como en todas las demas, Joe estaba dentro de un aura, pero esta vez se habia tomado otra pequena licencia creativa con su paquete. No creia haber exagerado. Era lo que suponia, basandose en la dura longitud que habia sentido contra el interior del muslo la noche anterior.

Simplemente pensar sobre lo que habia tenido lugar en la sala de estar hacia sonrojar sus mejillas. La mujer que, a proposito, habia convertido un masaje inocente en algo erotico no era ella. Ella no hacia ese tipo de cosas. Tenia que haber alguna explicacion, como que tal vez se habia podrido algo en el cosmos. O que la luna llena afectaba al flujo sanguineo del cerebelo, y sin equilibrio en el cerebelo todo se sumia en el caos.

Gabrielle suspiro y sumergio el pincel en pintura roja. Realmente no podia convencerse a si misma de la teoria de la luna y ya no estaba segura de la teoria del ying y el yang. De hecho, ahora sabia que Joe no era su yang. No era la otra mitad de su alma.

Solo estaba en su vida para encontrar el Monet del Sr. Hillard y fingia preocuparse por ella para poder arrestar a Kevin. Era un poli que vivia al limite y que pensaba que sus creencias eran simples chifladuras. Se reia de ella y le tomaba el pelo, luego la hacia arder con la caricia de sus manos y su boca. Ciertamente no la habia besado como un hombre que fingiera pasion. La noche anterior, el habia compartido una parte de su pasado con ella, un pedazo de su vida, y ella habia pensado que habian conectado.

La habia mareado de deseo hasta dejarla aturdida. La habia hecho arder para despues preguntarle si se comunicaba con Elvis, ?y el la llamaba loca?

Gabrielle enjuago los pinceles, luego se cambio la camisa de pintar por unos pantalones cortos y una camiseta con el nombre de un restaurante local en el pecho. No se puso zapatos.

A las doce y media, aparecio Kevin con un tubo FedEx con algunos posteres antiguos de peliculas que habia comprado en una subasta de Internet. Queria saber su opinion sobre que valor tenian y durante todo el tiempo que estuvieron hablando en la cocina, espero que hiciera algun comentario de Joe y ella saltando desde la terraza. Pero no lo hizo y penso que debia sentirse agradecida de que el Senor Feliz hubiera estado ocupado con la mejor amiga de su novia. Debio de parecer culpable, porque Kevin le pregunto varias veces si algo iba mal.

Despues de que su socio se marchara, Gabrielle saco finalmente los aceites y los coloco al lado de los cuencos de cristal y frascos sobre la mesa de la cocina. Queria probar con limpiadores faciales, cremas hidratantes y diversas mezclas de tonicos y cremas para el acne y las varices. Cuando estaba a punto de ponerse una mascarilla de yogur, Francis llamo al timbre de la puerta.

Su amiga llego con un Wonderbra azul y un par de braguitas a juego. Gabrielle se lo agradecio y luego la recluto para un masaje facial. Envolvio el pelo de Francis en una toalla de bano y la hizo sentar sobre una silla del comedor con la cabeza echada hacia atras.

– Avisame si empiezas a tener la piel demasiado tensa -dijo, esparciendo una mascarilla de arcilla por la cara de su amiga.

– Huele a regaliz -se quejo Francis.

– Eso es porque le eche aceite de hinojo. -Gabrielle esparcio la arcilla por la frente de Francis, cuidando de no manchar la toalla. Francis tenia mucha experiencia con los hombres, no siempre buena, pero no tan mala como la de Gabrielle. Tal vez su amiga pudiera ayudarla a entender lo que habia ocurrido con Joe-. Dime una cosa: ?conociste alguna vez un hombre que crees que no te gusta, pero con el que no puedes dejar de fantasear y sonar?

– Si.

– ?Quien?

– Steve Irwin.

– ??Quien!?

– El cazador de cocodrilos.

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