precisamente los mejores momentos. El terrible dolor de las rodillas, las operaciones y los meses de rehabilitacion. Su adiccion a los tranquilizantes y los horrorosos dolores corporales y las nauseas que sintio cuando dejo de tomarlos. Y, en ultima instancia, su incapacidad para jugar a lo que mas queria.
El fracaso susurro en su oido camino de casa, diciendole que habia perdido el norte. El resplandor de la pantalla del ordenador portatil de Jane Alcott y el sonido de las teclas le aseguraron que todo el mundo lo sabria en breve. En la seccion deportiva del periodico podria leer la cronica de su desastrosa noche.
En el aeropuerto de Seattle, Luc se dirigio al aparcamiento para estancias de larga duracion y le echo un vistazo a Jane, que cargaba sus pertenencias en un Honda Prelude. Ella le miro al pasar, pero ninguno de los dos dijo nada. Ella no parecia necesitar que la ayudase con las maletas, y el no tenia nada que decirle al angel de la muerte y la oscuridad.
Las primeras gotas de lluvia mojaron el parabrisas de su Land Cruiser mientras recorria los cuarenta y cinco minutos que lo separaban del centro de Seattle. Nunca habia vuelto tan triste a casa.
La luz de la luna atravesaba las altas ventanas del comedor mientras el se movia por su apartamento. Habia quedado encendida una luz, que iluminaba directamente un paquete de FedEx que reposaba sobre la encimera. Llego a su dormitorio y encendio la luz. Dejo la puerta entreabierta y dejo su bolsa en el suelo junto a la cama. Se quito la chaqueta y la colgo en el armario. Desharia la maleta al dia siguiente. Se encontraba cansado, aliviado de haber llegado a casa, y no deseaba otra cosa que tumbarse en la cama.
Estaba aflojandose el nudo de la corbata justo cuando Marie llamo a la puerta y la abrio. Llevaba pantalones de pijama y una camiseta de Britney Spears. Parecia que tuviese diez anos.
– ?Sabes que, Luc?
– Eh, hola. -Luc miro su reloj. Era mas de medianoche; ?por que no podia esperar a la manana siguiente? Se pregunto si Marie habria seguido ausentandose del colegio desde que habian hablado la ultima vez. Temia incluso averiguarlo-. ?Que pasa?
Abrio mucho sus ojos azules y sonrio.
– Queria preguntarte sobre el baile -dijo ella con una amplia sonrisa y los ojos muy abiertos.
– ?Que baile?
– El baile de la escuela.
Luc se acordo del sobre de FedEx que estaba en la cocina. Se encargaria de el al dia siguiente.
– ?Cuando es?
– Dentro de unas semanas.
Tal vez dentro de unas semanas ella ya no viviese alli. Pero no tenia por que saberlo en aquel instante.
– ?Quien te ha pedido que vayas con el?
Abrio incluso un poco mas los ojos y se alejo de el dentro de la habitacion.
– Zack Anderson. Esta en el ultimo curso.
Mierda.
– ?Toca en una banda! -anadio Marie-. Lleva un aro en el labio y tiene piercings en la nariz y en las cejas. Tambien tiene tatuajes. ?Es una pasada!
Mierda. Mierda. Luc no tenia nada contra los tatuajes, pero los piercings eran algo muy distinto. Dios bendito.
– ?En que banda toca?
– Los Tornillos Lentos.
Genial.
– Tengo que comprarme un vestido. Y unos zapatos. -Marie se sento en el borde de la cama y junto las manos entre las rodillas-. La senora Jackson dijo que me llevaria de compras. -Lo miro con expresion de suplica-. Pero es muy vieja.
– Yo soy un tio, Marie; no tengo ni idea de comprar vestidos para bailes de fin de curso.
– Pero tienes un monton de novias. Sabes mucho de vestidos bonitos.
Para mujeres. No para ninas. Y mucho menos para su hermana, sobre todo si era para ir a un baile al que probablemente no acudiria. Incluso en caso de acudir, no iria con el tal Zack de los Tornillos Flojos o como se llamase. El tipo con el aro en el labio y el piercing en la nariz.
– Nunca he tenido una cita -confeso Marie.
Luc dejo caer las manos a los lados y la miro detenidamente. Observo que sus cejas parecian demasiado espesas y su pelo parecia un poco seco. Saltaba a la vista que necesitaba una madre. Una mujer que le echase una mano. No a alguien como el.
– ?Como les gusta a los chicos que vistan las chicas? -pregunto.
«Lo mas corto posible», penso Luc.
– Manga larga. Pensamos que las mangas largas y los cuellos de cisne estan muy bien. Y los vestidos largos, para que no podamos acercarnos demasiado.
Ella se echo a reir.
– Venga, en serio.
– Te juro por Dios que si, Marie -dijo el. Se quito la corbata y la dejo en la mesilla de noche-. No nos gusta que ensenen demasiada piel. Nos gusta que vistan como si fueran monjas.
– Ahora se que estas mintiendo.
Volvio a reir y el penso que era vergonzoso que no la conociese mejor. Era su unico pariente y no sabia nada de ella. Y cabia la posibilidad de que no llegase a conocerla mejor. Una parte de si mismo deseaba que las cosas fuesen diferentes. Deseaba pasar mas tiempo en casa, y saber que era lo que Marie necesitaba.
– Manana despues de clase te dare mi tarjeta de credito. -Luc se sento junto a ella y se desato los zapatos-. Compra lo que necesites y yo le echare un vistazo cuando lo traigas a casa.
Marie se puso en pie, se encogio de hombros e hizo un mohin con los labios.
– De acuerdo -dijo, y se fue a la habitacion.
Joder, iba a hacerla enfadar otra vez. Pero ?realmente esperaba ella que el la acompanase a comprar un vestido para el baile de fin de curso? ?Como si fuese su novia? ?Como podria enfadarse por algo asi? Ni siquiera le gustaba ir de compras con mujeres de su misma edad.
6. Apestada
Cuando Jane por fin se obligo a salir de la cama a la manana siguiente, se puso unas bragas y un sujetador viejos y un chandal y llevo la ropa sucia a la lavanderia. Mientras esperaba a que se hiciese la colada, abrio un ejemplar de la revista People y se puso a leer.
No tenia que ir a ninguna parte ese dia. No tenia que redactar ningun articulo con urgencia. No tenia que hacer nada relacionado con su trabajo hasta el partido de la noche siguiente. Compro una Coca-Cola en la maquina expendedora, se sento en una silla de plastico, y disfruto del mundano placer de observar como funcionaba la secadora. Extrajo la seccion inmobiliaria del periodico local y estudio las casas en venta. Gracias a los ingresos suplementarios de las cronicas de hockey, habia calculado que cuando llegase el verano habria ahorrado el dinero suficiente para pagar el veinte por ciento del precio de una casa, pero cuanto mas buscaba mas decepcionada se sentia. Con doscientos mil dolares no se podia comprar gran cosa.
De camino a casa se detuvo en el supermercado para comprar la comida de la semana. Era su dia libre, pero al siguiente los Chinooks se enfrentaban con los Chicago Blackhawks en el Key Arena. Jugaban en casa los jueves, sabados, lunes y miercoles por la noche. Tres dias despues de ese ultimo partido, volverian a salir de viaje. De vuelta al avion. De vuelta a los autobuses y a dormir en hoteles.
Escribir la cronica de la derrota de los Chinooks por seis a cuatro contra los Sharks fue una de las cosas mas duras con las que habia tenido que lidiar en su vida. Despues de conversar y jugar a los dardos con los jugadores, se sentia como una traidora, pero tenia que cumplir con su trabajo.
Y Luc… Verlo encajar seis tantos habia sido tan desagradable como verlo sentado en el banquillo. Mirando fijamente hacia delante, con el rostro inexpresivo… Se sintio mal por el. Y se sintio mal porque tenia que ser la que contase los detalles de lo ocurrido; pero, de nuevo, era su trabajo, y lo hizo.
Cuando llego a casa, habia un mensaje de Leonard Callaway en el contestador pidiendole que se encontrasen
