a la manana siguiente en su oficina del Times. Jane penso que aquel mensaje no presagiaba nada bueno respecto a su trabajo como cronista deportiva.

Y estaba en lo cierto. La despidio.

– Hemos decidido que lo mas conveniente es que no sigas cubriendo los partidos de los Chinooks. Jeff Noonan lo hara en lugar de Chris -dijo Leonard.

Estaban echandola y dandole su puesto al acosador andante.

– ?Por que? ?Que ha pasado?

– Sera mejor que no entremos en eso.

Los Chinooks no habian jugado los mejores partidos de la temporada la ultima semana, por no hablar del espectacular bajon de Luc.

– Creen que soy gafe, ?verdad?

– Creemos que es una posibilidad.

Adios a su oportunidad de escribir un articulo importante. Adios veinte por ciento de su nueva casa. Y todo porque algunos estupidos jugadores de hockey pensaban que les daba mala suerte. Bueno, no podia decir que no se lo hubiesen advertido o que no se lo esperara, en cierta medida. Aun asi, haber estado sobre aviso no hacia que resultase mas facil asimilarlo.

– ?Cuales son los jugadores que creen que les doy mala suerte? ? Martineau?

– No entremos en eso -insistio Leonard, pero no lo nego.

Su silencio la hirio mas de lo que deberia haberlo hecho. Luc no significaba nada para ella y, sin duda, ella no significaba nada para el. Menos que nada. El siempre se habia negado a que viajase con el equipo, en primer lugar, y Jane estaba segura de que era el quien estaba tras su despido. Esbozo una sonrisa a pesar de que lo que deseaba era gritar o patalear o acusar a su jefe de despido improcedente o sexismo o… o… cualquier otra cosa. Tal vez incluso tuviera caso. Pero «tal vez» no constituia una garantia lo bastante buena, y hacia tiempo que sabia que no habia que ir quemando puentes. Aun le quedaba la columna «Soltera en la ciudad» en el Times.

– Bueno, gracias por haberme dado la oportunidad de escribir cronicas deportivas -le dijo a Leonard estrechandole la mano-. Viajar con los Chinooks ha sido una experiencia que jamas olvidare.

Siguio con la sonrisa puesta hasta que salio del edificio. Estaba tan enfadada que tenia ganas de pegar a alguien. Alguien con ojos azules y una herradura tatuada justo encima de sus partes intimas.

Se sentia traicionada. Habia llegado a pensar que estaba haciendo progresos, pero los jugadores le habian dado la espalda. Quiza si no les hubiese ganado a los dardos, si no hubiese hablado con ellos a su estilo, y si ellos no la hubiesen apodado Tiburoncito no se sentiria tan traicionada. Pero asi era como se sentia. Incluso se habia sentido mal haciendo su trabajo, relatando los acontecimientos del ultimo partido. ?Asi era como se lo pagaban? Deseaba que todos sufrieran los efectos de una epidemia de pie de atleta. Al mismo tiempo.

Durante los dos dias siguientes, no salio de su apartamento. Se sentia tan deprimida que limpio todos los armarios. Mientras blanqueaba el lavabo, subio el volumen del televisor y solo se sintio un poco afectada cuando oyo que los Chinooks habian perdido con los Blackhawks por cuatro a tres.

?A quien culparian esta vez?

Al tercer dia, su enfado no habia disminuido, y sabia que solo existia un modo de librarse de el. Tenia que encararse con los jugadores si queria recuperar su dignidad.

Sabia que estarian en el Key Arena, patinando un poco antes del partido, asi que, sin pensarselo dos veces, se puso unos vaqueros y un jersey negro y condujo hasta Seattle.

Entro por el entresuelo y su mirada se dirigio directamente hacia la porteria vacia. Solo habia unos pocos jugadores entrenando. Con un nudo en el estomago, Jane bajo las escaleras y se encamino hacia el vestuario.

– Hola, Fishy -dijo cuando se cruzo con el en el tunel de vestuarios. Estaba calentando la pala de su stick con un soplete.

El alzo la vista y apago el soplete.

– ?Estan los chicos en el vestuario? -pregunto Jane.

– La mayoria, si.

– ?Esta Luc?

– No lo se, pero no le gusta hablar con nadie los dias de partido.

Peor para el. Las suelas de sus botas chirriaron sobre las losetas de goma del pasillo y las cabezas se volvieron hacia ella en el momento en que entro en el vestuario. Alzo una mano.

– Dejaos los calzoncillos puestos -dijo mientras se dirigia al centro de aquella habitacion llena de hombres semidesnudos-. Solo voy a ocupar unos minutos de vuestro tiempo, y prefiero que no sincroniceis vuestra bajada de calzoncillos.

Los miro uno por uno, echo los hombros hacia atras y mantuvo la cabeza alta. No vio a Luc. El maldito cabron tal vez se habia escondido.

– Estoy convencida de que ya sabreis que no voy a cubrir mas los partidos de los Chinooks, y me gustaria que supieseis que jamas olvidare el tiempo que hemos pasado juntos. Viajar con vosotros, muchachos, ha sido… muy interesante. -Se acerco al capitan Mark Bressler y le dio la mano-. Buena suerte para el partido de esta noche, Asesino.

El la miro durante unos segundos; parecia como si Jane hubiese puesto un poco nervioso a aquel central de mas de cien kilos de peso.

– Gracias -dijo el finalmente correspondiendo al apreton de manos-. ?Veras el partido aqui?

– No. Tengo otros planes -respondio Jane.

Se volvio para mirar al resto de jugadores una vez mas.

– Adios, buena suerte, y espero que este ano ganeis la liga.

Sonrio, dio media vuelta y salio. Lo habia hecho, se dijo mientras recorria el pasillo. No la habian hecho irse con el rabo entre las piernas. Les habia demostrado que tenia clase y dignidad y que era capaz de ser magnanima.

Deseo que todos sintiesen remordimientos de conciencia. Autenticos remordimientos de conciencia. Observo las baldosas de goma mientras recorria el tunel de vestuarios, pero se detuvo un segundo cuando se encontro de frente un pecho de esculturales musculos, unos marcados abdominales y una herradura tatuada justo por encima de los calzoncillos. Era Luc Martineau. La mirada de Jane ascendio por el pecho, la mandibula y la boca, hasta alcanzar la profunda sensualidad de su labio superior, llegando a su recta nariz y sus hermosos ojos azules, que la miraban fijamente.

– ?Tu! -exclamo ella.

El enarco lentamente una ceja al tiempo que Jane explotaba.

– Tu eres el culpable -dijo Jane-. Se que has sido tu. Supongo que no te importaba que yo necesitase el trabajo. Tu la cagas en la porteria y a mi me despiden. -Sintio que le ardian los ojos y eso la enardecio aun mas- ?A quien culpasteis por la ultima derrota? Y si hoy perdeis, ?a quien vais a culpar? Tu… tu… -tartamudeo.

La parte racional de su cerebro le dijo que cerrase la boca, que lo dejase mientras pudiese. Que siguiese caminando y dejase atras a Luc ahora que aun conservaba su dignidad. Lo malo era que ya habia ido demasiado lejos como para escuchar a la parte racional de su cerebro.

– ?Le llamaste pedazo de tonto? -le pregunto Caroline esa misma noche mientras las dos estaban sentadas en el sofa de Jane observando las llamas de la chimenea de gas tras los falsos troncos-. ?Por que no te soltaste la melena y le llamaste cabeza de chorlito tambien?

Jane gruno. Habian pasado unas cuantas horas, pero seguia retorciendose de verguenza.

– Dejalo ya -suplico subiendose las gafas sobre el puente de la nariz-. El unico consuelo que me queda es que nunca mas volvere a ver a Luc Martineau.

Pero ni siquiera habia pensado que pudiese olvidar el modo en que el habia reaccionado: una especie de azoramiento seguido de risas. Jane habia querido morirse en ese mismo instante, pero no podia culparle por haberse reido de ella. Probablemente no le habian llamado pedazo de tonto desde la escuela primaria.

– Que mierda -dijo Caroline antes de llevarse la copa de vino a los labios. Habia recogido su brillante pelo rubio en una perfecta cola de caballo y, como siempre, estaba preciosa-. Habia pensado que podrias presentarme a Rob Sutter.

– ?Martillo? -Jane meneo la cabeza y bebio un trago de su gin-tonic-. Siempre tiene la nariz rota y algun ojo

Вы читаете Jane Juega Y Gana
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату