– Tal como lo estas haciendo.
El atletico y entrenado cuerpo de Luc se tenso. Cada una de sus celulas parecia concentrada en la labor de embestir.
– ?Mas?
– Si. Dame mas -gruno Jane, y el la complacio. Mas rapido, mas fuerte, con mayor intensidad. Su aspero aliento rozaba las mejillas de Jane con cada nueva embestida, empujandola hacia arriba en la cama. Y justo en el punto en que creia no poder resistir mas, Jane grito y apreto los punos. Su climax fue tan intenso que no vio ni oyo nada mas alla de los latidos de su corazon y de las conmovedoras sensaciones que recorrian su carne. El fuego que el habia encendido en su interior arraso su cuerpo, y sus musculos internos se apretaron, arrastrandole aun mas hacia dentro hasta que tambien el alcanzo el climax. Una explosion de maldiciones salio de la garganta de Luc.
Ninguno de los dos dijo nada durante un buen rato, hasta que su respiracion y su corazon alcanzaron el ritmo normal. Luc se dirigio al cuarto de bano. Jane lo veia alejarse entre las sombras. Su mente todavia estaba demasiado obnubilada para pensar en lo que acababa de hacer, pero su corazon lo sabia a la perfeccion. Amaba a Luc Martineau con una intensidad que la asustaba.
Cuando oyo el agua del vater, miro hacia la puerta del lavabo. Luc camino hacia ella, desnudo y bello, rodeado por las manchas de luz que recorrian el dormitorio. Al mirarlo, Jane sintio una presion en el pecho, como si fuese a sufrir un ataque cardiaco.
– ?A que hora tienes que irte? -pregunto el.
La realidad cayo sobre ella como un jarro de agua fria. Luc ni siquiera habia esperado a que se desvaneciese su sensacion de bienestar. Simplemente habia hecho el amor de forma salvaje y ya estaba preparado para que se marchase. Jane se sento y miro alrededor en busca de su ropa interior, esperando no desmoronarse y echarse a llorar antes de salir por la puerta.
– No tengo que obedecer ningun toque de queda. -Giro sobre si y alcanzo el extremo opuesto de la cama. No vio las bragas-. Me ire en cuanto encuentre mi ropa interior. Sin duda tienes que descansar para el partido de manana por la noche.
El la cogio por el tobillo y tiro de ella.
– Manana estare en el banquillo -dijo-. Lo que te preguntaba era si te apetecia quedarte.
Luc hizo que Jane se diese la vuelta y la miro a la cara.
– ?En serio?
– Habia calculado que lo hariamos un par de veces mas antes de acompanarte a la puerta.
– ?Un par mas?
– Si. -El la apreto de nuevo contra su cuerpo, por lo que ella pudo sentir que seguia excitado-. ?Supone un problema para ti?
– No.
– Bien, porque tenia planeado marcar tres goles.
14. El banquillo de castigo
Jane confiaba en que Caroline la acompanase al partido de la noche siguiente. Necesitaba algo que la ayudara a no pensar demasiado, dejar de darle vueltas a lo que habia pasado la noche anterior. Pero en realidad, de todos modos, lo sabia, iba a analizar todos sus actos al milimetro. Habia hecho el amor con Luc Martineau tres veces. Tres salvajes, demoledoras y ardientes veces. Y en cada una de ellas, con cada roce, con cada palabra que salia de su boca, se habia sentido mas y mas enamorada de el, hasta llegar a pensar que su corazon no lograria recuperarse.
A eso de las dos de la manana el se durmio entre un revoltijo de sabanas banadas por la luz de la luna que entraba por el ventanal. Segundos antes habia estado hablando de su infancia en Edmonton y, al poco, cayo dormido como si alguien hubiese apagado un interruptor en su mente. Jane nunca habia visto dormirse tan rapido a nadie, y estuvo contemplandolo durante un rato para asegurarse de que estaba bien. Le aparto un mechon de pelo de la frente y le acaricio la mejilla y el fuerte menton. Despues recogio su ropa y se fue sin despertarlo.
Nunca habia caido rendida por un hombre con semejante rapidez ni semejante intensidad, y se marcho sin despertarlo porque, a decir verdad, no habria sabido que decirle. ?«Gracias»? ?«Volveremos a hacerlo otro dia»? ?«Nos vemos manana en el partido»? Se fue porque era lo establecido en los encuentros de una sola noche: irse antes del amanecer.
Se fue sin su tanga. No habia sido capaz de encontrarlo en la oscuridad del dormitorio, y no quiso despertarlo encendiendo la luz. Su mayor temor al marcharse fue que lo encontrase la mujer de la limpieza o, lo que era peor, Marie. No, eso no era cierto. Su mayor temor no era que alguien encontrase sus bragas. Era ver a Luc la noche siguiente y sentir el horrible latir desbocado de su corazon. Habia tenido novios y tambien habia estado con hombres de una sola noche. Le habian hecho dano, y ella tambien habia hecho dano a otras personas. Pero nada podia compararse con el dano que podia hacerle Luc. Lo sabia. Sabia que se estaba aproximando, y tambien que no tenia modo de evitarlo.
Todo era horrible y maravilloso, y en medio de tanta confusion estaba el sentimiento de culpa. El habia confirmado la noche anterior lo que ella ya sabia. No podia decirse que Luc encontraria halagadora la historia de Bomboncito de Miel. Le importaria, y mucho, y no habia nada que ella pudiese hacer al respecto. No podia hacer nada por ocultarlo, y saber que a el le resultaria muy dificil descubrir que estaba detras de aquella historia no evitaba que se sintiera culpable.
Le amaba, y ni siquiera se habia molestado en mentirle diciendole que no se habia vestido para el. Se habia pintado los labios de rojo y se habia puesto una blusa de seda roja bajo la chaqueta negra, y los pantalones de lana. Se habia sentido estupida, saliendo a comprar aquella blusa solo porque el le habia dicho que le gustaba cuando vestia de rojo. Como si con eso fuera a conseguir que el la amase.
Media hora antes del partido, se encamino a los vestuarios.
Mientras recitaba el discurso ritual de buena suerte, pudo sentir sobre si la ardiente mirada de Luc, y ella rehuso posar los ojos en el, sobre todo despues de lo ocurrido la noche anterior, de las cosas que hicieron juntos en su dormitorio. Cuando acabo, cerro la boca y se dirigio a la puerta.
– Olvidas algo -le dijo Luc.
No. No lo habia olvidado. Mirandose las puntas de las botas, se volvio y cruzo el vestuario. Cuando estuvo delante de el, alzo la vista de sus patines, ascendio por sus protecciones, dejo atras el pez dibujado en la camiseta y llego a la boca que habia besado tan apasionadamente como todo su cuerpo.
– Creia que esta noche no ibas a jugar.
– Y no voy a jugar, pero si el portero se lesiona, debere reemplazarlo.
– Si, claro. -Jane suspiro. Gracias a alguna fuerza benefica del destino, sus mejillas no se pusieron coloradas y, finalmente, le miro a sus sorprendentes ojos azules-. Eres un pedazo de tonto.
– Gracias -dijo el con una sonrisa burlona-, pero no era eso a lo que me referia cuando he dicho que olvidabas algo.
Habia soltado su discurso sobre los calzoncillos, le habia dado la mano al capitan, habia llamado pedazo de tonto a Luc. No habia olvidado nada.
– ?De que estas hablando?
Luc se inclino hacia ella y dijo entre dientes:
– Anoche te dejaste las bragas en mi cama.
Jane sintio que se quedaba sin aliento y se le detenia el corazon. Miro alrededor para comprobar si alguien los habia oido, pero todos parecian ocupados en sus cosas.
– Esta manana las encontre bajo mi almohada, y no sabia si las habrias dejado alli por algun motivo concreto. Algo asi como un regalo de buenos dias.
Jane enrojecio, y se le cerro la garganta. Todo lo que logro balbucir fue:
– No.
– ?Por que no me despertaste cuando te fuiste?
– Estabas dormido -repuso ella tras aclararse la garganta.
