– Solo estaba descansando un poco. Joder, anoche parecias un cohete. -La miro de cerca y enarco las cejas-. ?Te sientes incomoda? -le pregunto, perplejo.

– ?Si!

– ?Por que? Nadie puede oirnos.

– Oh, Dios mio -susurro ella mientras se alejaba de el echando chispas.

Cuando llego a la cabina de prensa, Darby ya estaba alli. Y se habia llevado consigo a Caroline.

– Eh, ?que tal estais? -les dijo mientras se sentaba-. Si hubiese sabido que querias venir a ver otro partido, Caroline, te habria invitado.

– Esta bien. No soy una autentica aficionada, pero Darby me llamo y no tenia otra cosa que hacer. -Se encogio de hombros-. Te llame anoche. ?Donde estabas?

– En ningun sitio. Desconecte el telefono.

– No me gusta que hagas eso. -Caroline la estudio durante unos segundos, despues se inclino hacia ella-. Estas mintiendo.

– No.

– Si, estas mintiendo. Te conozco desde que eras una mocosa. Se cuando mientes. -Entorno los ojos-. ?Donde estuviste?

Jane le echo un vistazo a Darby. Estaba hablando por telefono.

– Sali.

– ?Con un hombre? -Al ver que Jane no respondia, Caroline la cogio del brazo-. ?Uno de los jugadores de hockey!

– ?Chist!

– ?Quien? -pregunto Caroline con un susurro y miro alrededor para comprobar si alguien podia oirlas.

– Despues hablamos -dijo Jane, tajante.

Abrio su ordenador portatil cuando en la pista comenzo el espectaculo de luz y sonido. Durante el partido, tomo notas e intento mantener la vista alejada del portero que estaba sentado en el banquillo, con los brazos cruzados, observando el desarrollo del juego. Luc se volvio varias veces hacia las cabinas de prensa. Tres graderias mas arriba, sus miradas se cruzaron y ella sintio que el corazon se le subia hasta la garganta.

Aparto la mirada. Nunca se habia sentido tan insegura. Siendo una mujer que se responsabilizaba de las cosas y obraba en consecuencia, sufria con aquella incertidumbre. Tenia un nudo en el estomago y le dolia la cabeza.

– ?Jane? -Caroline la cogio por el hombro y la zarandeo intentando llamar su atencion.

– ?Que pasa?

– Te he llamado tres veces.

– Lo siento, estaba pensando en mi cronica -mintio.

– Darby quiere que vayamos a tomar una copa los tres juntos despues del partido.

Jane se inclino hacia delante y miro al ayudante del director deportivo. Dudo que Darby la quisiese de carabina.

– No puedo -respondio, lo cual era cierto, y suponia que Darby lo sabia de sobras-. Tengo que hablar con los jugadores y escribir la cronica antes de la hora de cierre. -Tambien tenia que poner en orden la entrevista que le habia hecho a Luc-. Id sin mi.

Darby se esforzo por parecer decepcionado.

– ?Estas segura? -pregunto.

– Completamente. -Casi sintio lastima por Darby. Queria a Caroline, pero su amiga le iba a romper el corazon al pobre Darby. Una vez mas penso que tal vez deberia advertirle a este, pero ya tenia suficientes preocupaciones con su propio corazon.

Los Chinooks perdieron contra los Bruins por tres a dos. Despues del partido, Jane respiro hondo y entro de nuevo en el vestuario. Las protecciones de Luc colgaban de su taquilla, pero el se habia ido. Jane resoplo al sentir una extrana mezcla de alivio y rabia. El horrible tira y afloja propio del enamoramiento. Luc sabia que ella bajaria al vestuario despues del partido, y se habia marchado sin despedirse. El muy capullo.

Jane entrevisto al entrenador Nystrom y al segundo portero, que habia parado veinte tiros a puerta. Hablo con Martillo y con Fish. Despues de eso, con el maletin y la chaqueta colgando de un brazo, enfilo el tunel de salida.

Luc estaba junto a la puerta, observando como se acercaba. Llevaba su traje Hugo Boss azul marino con corbata granate de seda. Estaba muy guapo, y a Jane se le hizo la boca agua.

– Tengo algo para ti -dijo el apartandose de la pared.

– ?De que se trata?

Luc miro tras ella y vio pasar a un periodista de otro periodico.

– Jim -dijo Luc asintiendo.

– Martineau.

El reportero le guino un ojo a Jane cuando paso por su lado, y ella supo lo que debia de estar imaginando respecto a su relacion con aquel portero que tenia fama de ligon.

Luc miro mas alla de Jane de nuevo y a continuacion saco del bolsillo de su chaqueta las bragas rojas.

– Esto. Aunque deberia de quedarmelas como amuleto de buena suerte -dijo entregandoselas colgando de un dedo-. Tal vez deberia haberles hecho un molde de bronce y colocarlo en una placa sobre mi cama.

Jane las agarro y las metio en el maletin. Se volvio para mirar el pasillo vacio.

– No te han dado suerte. Esta noche no has jugado.

– Estaba pensando en un tipo diferente de suerte. -Luc la atrajo hacia si y paso los dedos por su pelo-. Ven conmigo.

Oh, Senor. Jane permanecio perfectamente calmada a pesar de que lo que deseaba era apoyar la cabeza contra su pecho.

– ?Adonde?

– A algun sitio.

Haciendo acopio de fuerzas, Jane se aparto de el. Sentia que se le derretia el corazon.

– Sabes que no pueden verme contigo -dijo.

– ?Por que no?

– Ya sabes por que.

– Porque quieres que todos piensen que eres una profesional.

Lo habia pillado

– Eso es.

– Te han visto con Darby.

– Eso es diferente.

– ?En que sentido?

No estaba enamorada de Darby. Mirar a Darby no la hacia sentir como si tirasen de ella en diferentes direcciones. Y, por otra parte, si negaba tener una relacion con Darby Hogue, todos la creerian, al contrario de lo que ocurriria si tuviese que negar una relacion con Luc.

– No tiene la mala reputacion que tienes tu.

Y una vez que apareciese el numero de marzo de la revista Him, su reputacion empeoraria.

Luc la miro como si no pudiese creer lo que acababa de decir.

– O sea, si fuera maricon, ?podrian verte conmigo?

– Por Dios santo. Darby no es maricon.

– Te equivocas, carino.

Carino. Jane se pregunto a cuantas mujeres en diferentes estados del pais habria llamado carino. Se pregunto cuantas de esas mujeres habrian perdido la cabeza por el pensando que eran diferentes de las demas. Y se pregunto tambien cuantas habrian sido lo bastante tontas para enamorarse de Luc.

«Dejale.» Cuando alzo la vista y la poso en el arco de sus labios y en el azul de sus ojos y sus largas pestanas, «dejale» sono como si ella tuviese el control. Como si tuviese opciones. Pero no las tenia y no las habia tenido, o no habria «dejado» que pasase. Con el corazon latiendole con fuerza, deseosa de echarle los brazos alrededor del cuello y no dejarle escapar jamas, se forzo a decir:

– Lo de anoche fue un error. No podemos permitir que vuelva a ocurrir.

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