– Nuestro padre murio hara unos diez anos. Por aquel entonces yo vivia en Edmonton con mi madre. La madre de ella y mi padre vivian en Los Angeles.
– O sea que tambien sabes lo que es perder a uno de tus padres.
– En realidad, no. -Su mano resbalo de la rodilla y, con la punta de los dedos, recorrio sus pantalones-. Veia a mi padre una vez al ano.
– Si, pero debes de seguir preguntandote como seria tu vida si el aun viviese.
– No. Mis entrenadores de hockey hicieron mas de padres para mi que mi propio padre. La madre de Marie era su cuarta esposa.
– ?Tiene hermanos?
– Yo. -Luc alzo la vista-. Soy todo lo que tiene, y me temo que no es suficiente.
La luz del techo caia sobre los rizos de Jane, en cuyos labios se instalo de nuevo una sonrisa triste. Luc odiaba verse de ese modo, por lo que barajo la posibilidad de agarrar a Jane por las solapas y besarla. Pero besarla habria llevado a otras cosas, y esas otras cosas no iban a tener lugar en el cuarto de la limpieza, con sus companeros de equipo al otro lado de la puerta.
– Yo, al menos, sigo teniendo a mi padre -dijo Jane-. Me vistio como a un chico hasta que cumpli trece anos, y no tenia sentido del humor. Pero me quiere y siempre estuvo a mi lado.
?La vestia como a un chico? Eso explicaba la ropa y el calzado que usaba.
Jane se humedecio los labios con la lengua.
– Bueno, nada podra reemplazar nunca a su madre. Eso te lo aseguro. Sigo echando de menos a la mia, y me pregunto como habria sido mi vida si ella no hubiese muerto. Pero con el tiempo dejas de pensar en ello cada minuto del dia. Y te equivocas al creer que no eres suficiente para ella. Si quieres serlo, lo seras.
Lo miro fijamente. Como si fuese tan sencillo. Como si ella tuviese mas fe en el que el mismo. Como si no fuese el cabron egoista que sabia que era. Deslizo la mano por debajo del pantalon y toco el calcetin. Despues la alargo para tocarle a Jane la pantorrilla y palpar su suave piel. La noche anterior, le habia besado detras de las rodillas mientras ascendia hacia sus muslos. Sus piernas estaban humedas tras haber pasado por el jacuzzi, y el mero recuerdo hizo que se excitase.
– Paso mucho tiempo fuera de casa -dijo acariciandole la piel con el pulgar-. Si le preguntas a Marie, probablemente te dira que no soy muy buen hermano.
Jane se coloco el pelo tras la oreja y le observo durante unos segundos antes de decir:
– Cuando os vi juntos, me hiciste anorar el tener un hermano.
Luc la miro a los ojos y sintio de nuevo deseos de besarla. Fue como un duro golpe contra el esternon que lo dejo aturdido. Del tunel llegaron voces, pero dentro del cuarto de la limpieza el silencio se impuso entre los dos. Finalmente el esbozo una risa forzada para que desapareciese el nudo que se habia formado en su pecho.
– No me digas que te gustaria tener un hermano como yo…
– No, como tu no. -En los labios de Jane brillo una sonrisa, y su mundo al completo brillo-. Si tuviese un hermano como tu, me arrestarian por pensamientos indecentes.
Luc se sintio atraido por su sonrisa, y apreto la pierna de Jane como si se tratase de un ancla en medio de una tormenta. Ella no parecio notarlo y el se obligo a soltarla. Se apoyo de nuevo contra la puerta.
– Sera mejor que te vayas. Tienes que escribir la cronica.
Jane fruncio el entrecejo y parpadeo.
– ?Te encuentras bien?
– Si. Lo que sucede es que he recordado que tengo que hablar con Marie antes de que se vaya a dormir.
– ?Crees que el tunel estara despejado? -pregunto agarrando el maletin y la chaqueta y poniendose en pie.
– No lo se. -Quito el cerrojo y abrio la puerta un poco. Paso Martillo hablando con el encargado de mantenimiento del equipo. Luc asomo la cabeza y comprobo que los dos hombres se hubieran marchado y el tunel estaba adecuadamente desierto. Jane y el salieron del cuarto, y ella se puso la chaqueta. Por lo general, el la habria ayudado a hacerlo.
– Tengo que hablar con Nystrom -mintio, y empezo a caminar de vuelta hacia los vestuarios. Con cada paso respiraba mejor.
– Creia que tenias que hablar con Marie.
?Era eso lo que habia dicho?
– Mas tarde. Primero tengo que hablar con el entrenador.
– Oh. -Ella alzo la mano y se volvio para marcharse. Luc observo su nuca, se metio las manos en los bolsillos de los pantalones y permanecio quieto viendola alejarse.
«?Que demonios ha sucedido?», se pregunto en cuanto ella desaparecio tras la puerta. Se pregunto si se le habia metido algo en la cabeza o habia inhalado demasiado amoniaco en el cuarto de la limpieza. Estaba pensando en besarle la parte de atras de las rodillas y, al segundo siguiente, no podia respirar. Jane creia que era un buen hermano. ?Y que? El no lo creia, pero incluso aunque fuese el mejor hermano del mundo, ?por que tendria que importarle tanto la opinion de Jane? Por alguna inexplicable razon, sin embargo, le importaba, pero no queria pensar en el significado de algo asi. Tenia muchas otras cosas que hacer en su vida antes que perder la cabeza por una periodista bajita con un culo respingon y unos duros y rosados pezones.
La noche anterior, Jane habia hecho saltar por los aires todas las suposiciones que habia hecho sobre ella. Estaba claro que no era una mojigata, y cuanto mas tiempo pasaba con ella, mas tiempo deseaba pasar a su lado. Incluso al penetrarla y sentir cada brizna de placer, la deseaba ya para una proxima vez. Al despertar esa misma manana se habia sentido seriamente contrariado por no encontrarla a su lado.
Pero Jane era una complicacion que no necesitaba. Cuando ella le habia dicho que hacer el amor habia sido una equivocacion y que no podia volver a suceder, deberia haberla escuchado en lugar de arrastrarla al cuarto de la limpieza para demostrarle que no estaba en lo cierto.
– Lucky. -Jack Lynch le dio una palmada en la espalda-. Unos cuantos vamos a ir a comer algo y a tomar unas cervezas. Ven con nosotros.
Luc miro al defensa por encima del hombro.
– ?Adonde vais?
– A Hooters.
Tal vez fuese lo que necesitaba. Ir a un lugar donde las mujeres llevaban pantaloncitos cortos y cenidos tops. Mujeres de pecho abundante que se inclinaban cuando servian la comida. Mujeres que flirteaban con los hombres y que les deslizaban sus numeros de telefono. Mujeres que no esperaban nada de el. Y cuando se acabase, el no lo lamentaria ni lo recordaria una y otra vez, como le sucedia con Jane.
Le echo un vistazo a su reloj. Apenas disponia de tiempo.
– Reservame una silla.
– Lo hare -dijo Jack, y siguio su camino.
Si, iria a Hooters. Se comportaria como un hombre. Haria cosas de hombres. No queria una novia que le mirase mal si iba a un local de ese tipo.
«Cuando os vi juntos, me hiciste anorar el tener un hermano.»
Decididamente, Jane era una mujer peligrosa. Luc no solo pensaba demasiado en ella, sino que, si no iba con cuidado, acabaria convirtiendose en su Pepito Grillo particular. No queria algo asi, y no le importaba lo que dijese de el. Estaba bien como estaba.
Luc saco las manos de los bolsillos y con ellas las llaves del coche. Tenia que dar marcha atras a su plan original y no prestar atencion a Jane. Aunque, hasta entonces, esa tactica no habia funcionado.
En esta ocasion, lo intentaria con mas fuerza.
15. Como echarlo todo a perder
El martes por la manana, Jane entro en la oficina del editor de deportes KirkThornton en el Seattle Times. Desde que habia ocupado el puesto de Chris Evans, solo se habia encontrado con Kirk en una ocasion. Esa manana, el estaba sentado tras su escritorio cubierto de periodicos desordenados y fotografias deportivas. Tenia el telefono en una mano y una taza de cafe en la otra. Alzo la vista hacia ella, fruncio el entrecejo y apreto los
