linea.

Su mirada tenia un brillo feroz, demencial. De acuerdo. Ya que no podia patearle el culo, le daria una buena paliza con los dardos.

– Recuerda las reglas -dijo Luc mientras ella examinaba los dardos-. Despues no podras llorar como una nina si pierdes.

– No podrias ganarme ni en tu mejor dia. -Jane meneo la cabeza y escogio los tres mejores dardos-. Este no es un deporte para mariquitas como tu, Martineau, y aqui no tienes casco ni companeros que te protejan.

– Eso ha sido un golpe bajo, Tiburoncito -le dijo Sutter.

– Asi es como hablais vosotros -replico Jane.

– Lo que has dicho no esta bien -senalo Fish.

– La ultima vez, muchachos, me llamasteis lesbiana -les recordo. Todos se encogieron de hombros-. Jugadores de hockey… -dijo y recorrio la distancia que la separaba de la zona de dardos. Rozo el brazo de Luc con el hombro y sintio el contacto en todo su cuerpo. Amplio la distancia entre ellos.

– ?Que estas haciendo aqui con el? -pregunto Luc cuando se detuvieron en la linea.

– ?Con quien?

– Con Darby.

– Hemos cenado juntos.

– ?Te estas acostando con el?

De no haberse sentido tan contrariada, Jane se habria echado a reir.

– No es asunto tuyo.

– ?Y que hay del periodista de Detroit?

No habia ningun periodista de Detroit, pero no iba a decirselo.

– ?Que pasa con el?

– ?Te estas acostando con el?

– Crei que no te interesaba con quien me acostaba o en que posturas preferia hacerlo.

El la miro fijamente, despues dijo entre dientes:

– Empieza a tirar de una maldita vez.

Jane alzo la vista para mirarlo a los ojos, que parecian lanzar llamas azules, como cuando un contrario pretendia meterle un gol. Era evidente que estaba enfadado con ella, desquiciado.

– Apartate -le dijo cuando se preparo para lanzar el primer dardo-. Te voy a dar una paliza. -El primer lanzamiento consiguio un doble y acabo anotando ochenta puntos en total.

Luc anoto cuarenta y le entrego los dardos con brusquedad.

– La luz aqui es una mierda.

– No. -Ella sonrio y, con gran placer, anadio-: Capullo.

El entorno los ojos. Las consecuencias de semanas de rabia y dolor afloraron sin que ninguno de los dos pudiera ni quisiera evitarlo.

– Peor aun… -anadio Jane-. Eres un quejica.

Los companeros de Luc soltaron un silbido.

– Lucky se va a comer viva a Tiburoncito -dijo Sutter desde un costado.

Por acuerdo tacito, ambos fueron a sus respectivos rincones. Jane lanzo para anotar sesenta y cinco. Luc anoto treinta y cuatro.

– Refrescame la memoria. ?Por que te llaman Lucky, el afortunado? -pregunto Jane, mordaz, mientras iba en busca de los dardos.

El los arranco de la diana lentamente, al tiempo que aparecia en su boca una sonrisa licenciosa. Una sonrisa que le hizo saber a Jane que estaba recordandola de rodillas besando su tatuaje..

– Estoy seguro de que, si te esfuerzas, obtendras la respuesta por ti misma.

– No. -Jane nego con la cabeza-. Hay cosas que no merece la pena recordarlas.

Tendio la mano y el deposito los dardos en su palma.

En lugar de ir donde estaban sus companeros, Luc se quedo junto al ella y le dijo:

– Podria hacertelo recordar.

– No, gracias -dijo ella. A continuacion obtuvo un triple ocho y un triple veinte-. Una vez fue suficiente.

– ?Ah si? -dijo el-. Entonces, ?por que lo hicimos tres veces?

– ?Que problema tienes? -Lo miro por encima del hombro-. ?Tu ego necesita un poco de estimulo esta noche?

– Si. Entre otras cosas.

Luc habia decidido hablar con ella, seguro de que caeria rendida a sus pies y volveria a besar su tatuaje. Fue un error de calculo.

– No me interesa. Buscate a otra.

– No quiero a nadie mas. -Sus palabras parecieron una tierna caricia cuando anadio-: Te quiero a ti, Jane.

La rabia desaparecio, dando paso a un profundo dolor. Jane sintio un nudo en el estomago y que le daba un vuelco el corazon. Antes de echarse a llorar como una nina, le entrego los dardos.

– Mala suerte -dijo antes de volverse sobre sus talones y salir del bar.

Llego a su habitacion en el piso veintiuno antes de que se le emborronase la vision. No queria llorar delante de Luc Martineau, se dijo mientras se enjugaba los ojos con un panuelo de papel. Diez minutos despues de llegar a su habitacion, el llamo a su puerta con fuerza. Temiendo que el estruendo alertara a los de seguridad, le dejo entrar.

– ?Que quieres, Luc? -pregunto con los brazos cruzados, marcando las distancias.

El entro en la habitacion y la obligo a retroceder unos cuantos pasos.

– A ti -respondio mientras cerraba la puerta a sus espaldas.

– No me interesa.

Luc se acerco tanto a ella que los antebrazos de Jane le rozaron el pecho. Estaba invadiendo su espacio de manera deliberada, y ella siguio reculando hacia el otro lado de la habitacion, lejos del perfume de su colonia.

– Me dijiste que no pensabas en mi como si fuese una mas, pero asi es como haces que me sienta.

– Lo lamento. -Luc bajo la vista-. No queria que te sintieses asi.

– Ya es demasiado tarde. No puedes irte a la cama conmigo y despues darme de lado, como si no fuese nadie.

– Nunca he pensado que no fueses nadie. -Volvio a mirarla de frente con sus profundos ojos azules-. No he dejado de pensar en ti ni un instante, Jane.

– ?Cuando? ?Mientras estabas con otras mujeres?

– No he estado con nadie desde que estuve contigo.

Jane se sentia aliviada, pero al mismo tiempo furiosa.

– ?Pensabas en mi mientras intentabas ignorarme?

– Si.

– ?Y cuando me rehuias?

– En todas esas ocasiones y en todos los momentos intermedios.

– Si, claro.

– He estado pensando en ti, Jane, te lo juro. -Avanzo hacia ella hasta detenerse a pocos centimetros de su cuerpo-. Todo el tiempo.

Semanas atras le habia dicho exactamente lo mismo, y le habia creido. Pero esta vez no.

– Ya me conozco esa historia, y no te creo -replico ella, pero algo en lo profundo de su ser queria creerle. Mala senal. Dio un paso atras y choco contra el borde de la cama.

– Es verdad. Dormido o despierto, no puedo sacarte de mi cabeza. -La cogio por los hombros y la obligo a tumbarse en la cama-. Eres una complicacion innecesaria para mi. -Coloco las manos a ambos lados de la cabeza de Jane y la rodilla entre sus muslos-. Pero eres la complicacion que quiero, que voy a asumir.

Jane apoyo sus manos sobre el pecho de Luc para detenerlo. A traves del algodon de su camisa sintio el calor que desprendia su pecho.

– No creo que sepas lo que quieres.

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