– Entonces creeme: no podemos establecer contacto por radio con lo que tenemos.
El brillo de esperanza desaparecio, Lola tomo otro trago y alcanzo la botella para ponerse mas vino. Hizo el gesto de servirle tambien a el, o Max coloco su mano sobre el vaso.
– Hay una botella de vino tinto, si lo prefieres.
Al dejar la botella en la mesa, Lola sintio que el vino se le subia y la hacia entrar en calor de lo cabeza a los pies. Normalmente, no era tan sensible al alcohol, pero supuso que lo falta de alimento tenia algo que ver que le hiciese mas efecto de lo normal.
– No, gracias. Prefiero beber cerveza de la botella, como los primos de tu padre.
Max recordaba lo que ella le habia contado acerca de su familia. Le habia prestado atencion. Para ella, eso era extrano. Lo mas habitual era que los hombres prestaran mas atencion a su fisico que a sus palabras.
– ?Tambien prefieres fornicar como un marinero de permiso? -pregunto Lola sin pensar.
Max se quedo inmovil por un momento, mirandola.
– Es un tema en el que decididamente no deberiamos entrar.
Quiza Max tuviera razon.
– ?Por que no?
– Porque no creo que tengas ganas de saber nada de marineros cachondos.
No, Lola no queria saber nada de marineros. En esa cocina iluminada con ese toque de irrealidad, Lola solo queria saber cosas de Max Zamora, el tipo que se habia comido una cobra para desayunar.
– ?Tienes una novia en cada puerto?
– ?Una novia?.
– ?Habia mas de una?
– ?De verdad quieres saberlo?
?Queria saberlo? Lola habia viajado a practicamente todos los paises del mundo y habia visto muchas cosas. Habia experimentado unas cuantas tambien, pero estaba segura de que no era comparable a todo lo que habia vivido Max.
– ?Por que no?
– Muy bien, pero recuerda que eres tu quien ha preguntado. -Max se inclino hacia delante y puso los brazos sobre lo mesa-. Si eres un chico joven que pasa meses sin comerse una ro… -se interrumpio y recondujo sus pensamientos-: Si te privas de ciertas cosas durante meses, al final eso es en lo unico que piensas. Cuando llegas a un puerto, tiendes a volverte un poco loco y saltas encima de cualquier cosa que tenga dos tetas. -Hizo otra pausa y anadio-: Lo siento, queria decir pechos.
Lola se mordio el labio para no reir. Tenia que admitir que por lo menos Max habia intentado suavizar su lenguaje, pero si creia que la habia escandalizado, estaba muy equivocado. Lola se habia relacionado con demasiados fotografos malhablados, agentes de dudosa reputacion y playboys sobones para escandalizarse por eso. El hecho de que ella no utilizara ese lenguaje no significaba que no lo hubiese oido antes. Habia oido cosas incluso peores de boca de hombres que pensaban que, porque la habian visto en ropa interior, debia gustarle que le susurrasen obscenidades en la oreja.
– ?Y los chicos mayores? -pregunto-. ?Tambien teneis tendencia a volveros locos?
Max se apoyo en el respaldo.
– Si, pero sabemos como templarnos. -Max dirigio lo vista a los labios de Lola-. ?Quieres conocer los detalles?
Lola entreabrio la boca sin darse cuenta y una imagen de el le vino a la mente de forma repentina. Era una vision de los fuertes musculos de su pecho, del vello oscuro que le crecia en el abdomen y que le bajaba por el vientre plano para desaparecer bajo los calzoncillos mojados. Una vision de como el algodon gris le marcaba sus impresionantes dotes. «Puedo demostrarte que estas equivocada», le habia asegurado el antes cuando hablaban del tamano. Ahora, Lola le creia.
Sus miradas se cruzaron, y el aire humedo se cargo de tension sexual. Lola lo notaba calida y vibrante en sus venas, como el vino. Vibrante y todo era culpa suya. Habia jugado con fuego.
Max enarco una ceja, como preguntandole en silencio si queria continuar jugando. Lola no tenia dudas de que con un hombre como Max, ella llevaba las de perder. Ese hombre podia encender en ella un fuego devorador. Era el tipo de hombre que estaba decidido a ganar a toda costa. Todo o nada. Aunque Lola no era una mujer especialmente prudente, tampoco se acostaba con cualquier hombre que acabase de conocer.
A los diecisiete anos Lola perdio la virginidad con un chico que se llamaba Rusty, y nunca lo habia lamentado. A diferencia de otras mujeres que conocia, Lola jamas habia tenido una mala experiencia sexual de verdad, simplemente las habia tenido con diversos grados de placer, de normales a fabulosas. Tenia la sensacion de que Max entraria en esta ultima categoria, pero lo habia visto por primera vez hacia dos dias y durante lo mayor parte de ese tiempo ni siquiera le habia caido bien. En realidad, tampoco queria que le cayese bien ahora, pero parecia que no habia forma de evitarlo. Era momento de retirarse. Momento de cambiar de tema.
– Entonces, ?donde me dijiste que vivias? -le pregunto.
Max esbozo una sonrisa.
– En Alexandria, Virginia -contesto.
La conversacion derivo hacia la casa de mas de doscientos anos de antiguedad que Max estaba restaurando.
Ella le conto como habia iniciado su negocio tras decidirse a establecerlo en Carolina del Norte porque ella era de alli. El le hablo de su empresa seguridad y de que la habia levantado porque necesitaba un trabajo de verdad. La tension entre ellos se enfrio y todo volvio a su cauce. Aunque no del todo. Ahora que esa tension habia aparecido, permaneceria alli, flotando entre ellos. Al igual que la humedad, Lola casi podia tocarla.
El aire de la sala de maquinas era espeso como el alquitran y casi igual de negro. Max enfoco el motor de 440 caballos con la linterna y lo apago. Se limpio con la camiseta el sudor de lo cara, que le bajaba hasta el pecho. Paseo el haz de luz por encima de los generadores y del deposito de agua hasta el cilindro del timon.
Quizas hubiese pasado algo por alto. Tal vez hubiera alguna forma de dirigir el barco desde la sala de maquinas. Con lo frente y la nariz empapadas de sudor, Max se dirigio a la escotilla. Mientras salia del vientre de la embarcacion oyo los ladridos de
Cuando cerro la escotilla por donde habia salido, Max no pudo evitar ver el chal rojo y la blusa blanca encima de la silla. El mar se habia calmado durante lo ultima hora, y Lola y el perro se encontraban en la plataforma de bano. Ella se habia lavado el pelo, estaba sentada con las piernas colgando de la plataforma, y el pelo le caia sobre los hombros. Llevaba unas bragas rosadas y un sujetador del mismo color. Se encontraba de espaldas a Max y aunque este solo alcanzo a ver el lateral de uno de sus pechos, no
Max dio media vuelta y entro en la cabina. Inspiro con fuerza y dejo salir el aire despacio. Estaba atrapado. El dia anterior se habia sentido contento con la perspectiva de dejarse arrastrar por la corriente durante unos dias hasta llegar a Bimini. Pero ahora no estaba tan seguro de que no fuera mas conveniente lanzar alguna senal y arriesgarse con los Cosella. Lola lo estaba volviendo loco. Casi preferia que ella lo insultase y le mirase de nuevo como si el fuera un violador en potencia a que clavase en el esos grandes ojos
Lola Carlyle constituia una amenaza para su salud mental. Su presencia suponia un incesante ataque a sus sentidos, y no habia ningun lugar donde Max pudiese esconderse de ella, ningun rincon donde pudiera estar a
